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Publicado el 5 enero, 2021

Trump no concede

Mañana varios senadores y muchos congresistas impugnarán la votación por fraude electoral. Decenas de ellos ya lo han anticipado. A nadie debiera extrañarle que eso ocurra. Y se espera ver a miles de ciudadanos norteamericanos manifestándose en las proximidades del Capitolio exigiendo transparencia y justicia.

 

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Así es, tal como se oye: Trump no concede. ¿Y por qué habría de hacerlo? El proceso electoral sigue su curso desde el ya lejano 3 de noviembre de 2020 y todo indica que, a medida que transcurren los días, las famosas y repetidas proyecciones de los medios que entronaron anticipadamente a Biden se están quedando en eso nada más, en meras futurologías, faltando poco más de dos semanas para que llegue el momento del esperado juramento del candidato vencedor.

Si usted no se ha enterado del vendaval de acontecimientos que se han sucedido desde aquella noche electoral, le ruego no se sienta ignorante o estúpido. Ocurre, simplemente, que no le han contado nada. Los medios de comunicación -esto usted sí lo supo en tiempo récord- proclamaron Presidente Electo a Joe Biden, sin vergüenzas y al unísono. Todos -salvo unas poquísimas y notables excepciones- se pasaron por donde mejor les pareció nada menos que a la propia Constitución de los Estados Unidos. Esa que tiene casi 240 años de historia y le ha permitido al pueblo norteamericano experimentar un progreso inédito en la era del homo sapiens. Es que no resisten a Donald J. Trump (en eso puedo entenderlos, no es el reflejo fiel del Manual de Carreño), pero de ahí a olvidar la legislación electoral, no respetar los tiempos reglamentarios y precipitarse a coronar al binomio Biden-Harris, hay un universo de diferencia. Se pasaron dos, tres, cuatro… cien pueblos. Es que hace rato vienen sobrepasándose. Y sobrepasándonos.

Pero no se desanime tanto. A estas alturas usted intuía más o menos que así es como funcionan los medios. Lo cierto es que ya las grandes corporaciones comunicacionales no interesan como hace 10 o 15 años. Y sus dueños y operadores periodísticos lo saben, por eso su desesperación. Tomaron partido desde el primer minuto y nos han contado la historia que han querido.

Le sugiero echar un vistazo en la plataforma online Projetc Veritas, lanzada hace 10 años por James O’Keefe, en la que podrá encontrar -entre otras reveladoras informaciones- decenas de recientes audios en los que explícita y descaradamente el presidente de la CNN, Jeff Zucker, instruye a su equipo editorial respecto de cómo deben abordarse los asuntos que involucren a Trump, siempre con el objetivo de “no normalizarlo”. Continuamente lo han pintado como el malo de la película y es porque así firmemente se lo propusieron desde el principio. Era que no.

En fin, eso de “periodismo objetivo” no pasa de ser un slogan totalmente ya pasado de moda. Basta observar cómo la prensa generalizada condenó las prácticas de Project Veritas al difundir conversaciones privadas del equipo de la CNN -sin mencionar una sola palabra acerca de la gravedad de las declaraciones que esas cintas contenían- y, un mes después, alaban y agradecen la reciente filtración del llamado telefónico que sostuvo Trump con Brad Raffensperger, secretario de Estado de Georgia. Extractos de esa conversación fueron publicados el domingo pasado por The Washington Post y, aunque muy probablemente a usted ya le dijeron que en ese diálogo el presidente Trump presiona a Raffensperger para que lo beneficie indebidamente, una lectura desapasionada de dicho intercambio sugiere algo muy distinto: le pide que haga bien su trabajo y no cometa -o siga cometiendo- irregularidades en el desempeño de sus funciones.

El interés de Trump en Georgia no es casual. Precisamente hoy están teniendo lugar las elecciones senatoriales en ese estado, luego de que ninguno de los 4 candidatos resultara vencedor en primera vuelta el pasado 3 de noviembre. Cómo termine esa historia definirá por completo el panorama político de los próximos años en Estados Unidos, pues su resultado determinará quiénes controlarán el Senado, si acaso los republicanos o los demócratas.

Y luego de Georgia viene el penúltimo gran día del calendario electoral americano: el 6 de enero.

Antes, acuérdese de lo que pasó el 14 de diciembre. El Colegio Electoral declaró como “presunto” vencedor de las elecciones a Joe Biden y a Donald Trump como “presunto” derrotado. De hecho, justo debajo de esas dos consignaciones que figuran en el sitio web oficial del Electoral College, se expresa también lo siguiente: “Winner: TBD”“Main Opponent: TBD” (TBD: “to be determined”). Pues bien, queda partido aún y es el turno del Congreso, sumado a que 7 estados (Pensilvania, Georgia, Michigan, Wisconsin, Arizona, Nevada y Nuevo México) enviaron listas alternativas de votos electorales que en total suman 84. En definitiva, la victoria no está cantada (para ninguno).

Mañana varios senadores y muchos congresistas impugnarán la votación por fraude electoral. Decenas de ellos ya lo han anticipado. A nadie debiera extrañarle que eso ocurra. Y se espera ver a miles de ciudadanos norteamericanos manifestándose en las proximidades del Capitolio exigiendo transparencia y justicia. Todos ellos bien saben que están presenciando un cuadro repleto de irregularidades y sinsentidos como para darse por vencidos así nada más, precisamente -y como si fuera poco- cuando Gallup acaba de publicar los resultados de su encuesta del año 2020, siendo elegido Donald Trump como el hombre más admirado en Estados Unidos, destronando a Obama y, por supuesto, superando por amplísima ventaja a Biden.

Finalmente, le recomiendo sopesar bien estas palabras de Mike Pence, pronunciadas ayer: “…quiero asegurarles que comparto las preocupaciones de millones de votantes sobre las últimas elecciones. Les prometo que el miércoles tendremos nuestra oportunidad en el Congreso…”. Si sigue pensando que no vale la pena tomarse muy en serio a Donald, no sería imprudente de su parte otorgarle algún crédito a Mike. Dele una vuelta.

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