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Publicado el 04 de diciembre, 2016

Trump, Bachelet y la libertad de enseñanza

En materia educacional, lo que hará Trump va en el camino correcto y cambiará radicalmente el sistema escolar de su país.
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Gran atención ha puesto la prensa en las medidas de Donald Trump para sus cien primeros días de gobierno, sin embargo, hay una serie de iniciativas que han pasado bastante desapercibidas en nuestro país y que se refieren al sistema escolar estadounidense.

Resulta curioso que las propuestas del electo Presidente de los EE.UU. en materia educacional no hayan sido del interés de los medios nacionales, considerando el carácter refundacional que han tenido las propuestas del gobierno de Michelle Bachelet y de la Nueva Mayoría en ese ámbito. No obstante, tener como referencia lo que hará Trump resulta muy útil, no solo porque va en el camino correcto, sino también porque cambiará radicalmente el sistema escolar de su país, tal como se está haciendo en Chile, con la diferencia de que él lo hace siendo el republicano que mayor cantidad de votos ha obtenido en la historia estadounidense y Bachelet lo hace con menos del 25% de la aprobación popular.

Donald Trump ha indicado que entre sus primeras medidas está la tramitación de la “Ley de elección escolar y de oportunidades para la educación”, mediante la cual pretende que se pueda dar a las familias el derecho de enviar a sus hijos a la escuela que deseen, independiente de la ubicación geográfica, de su estatus jurídico, o de quienes sean sus administradores. Trump incluso desea que se equiparen las condiciones de financiamiento para que sea factible la educación en el hogar. Además, la referida ley terminaría con el currículo escolar común, a fin de que cada escuela y comunidad educativa establezca los contenidos a enseñar, dejando a nivel local la supervisión de las unidades académicas.

Ya durante su campaña, el entonces candidato republicano le propuso al país redirigir 20.000 millones de dólares de los programas federales de educación directamente a las familias, convirtiendo ese dinero en cheques escolares. Trump les indicó a los estadounidenses que sería el mayor promotor de la libertad de elegir en educación en el lugar más indicado: la Cleveland Arts and Social Sciences Academy, una escuela de administración privada y con fines de lucro. En la misma línea, anunció que cerraría el Departamento Federal de Educación, para ahorrarse así ese gasto en burocracia y poder destinar dichos recursos a las familias.

En varias oportunidades durante su campaña señaló lo urgente de cambiar el modelo estadounidense de inversión en educación, indicando, por ejemplo, que si se les traspasase a las familias el total del dinero que el Estado invierte en cada una por concepto de educación, ellas podrían escoger una escuela de su preferencia, lo cual se convertiría en un incentivo para erigir un mercado educacional competitivo y eficiente. El tema le importante tanto, que en su cierre de campaña se refirió al monopolio del Gobierno en educación como un total fracaso.

Hacer en nuestro país algo como lo propuesto en EE.UU. iría en la línea correcta. El actual sistema de financiamiento de la educación escolar se basa en una serie de subsidios que siguen a los alumnos, pero que van directamente a las escuelas, sin que las familias se enteren de aquello. Hacer el giro para que la subvención se convierta en un cheque escolar y pase directamente a las familias sería una medida incremental que ayudaría a perfeccionar nuestro sistema escolar, el que se posiciona como el mejor de América Latina según la Unesco, siendo el segundo que más ha incrementado su efectividad en los últimos 10 años según PISA y el de menor nivel de desigualdad educativa en el continente, según el BID.

Hablar de cheques escolares es algo bastante realista en nuestro país, sobre todo para los estudiantes. La Tarjeta Junaeb es el mejor ejemplo. Un subsidio a la demanda, cuyos destinatarios conocen el monto y pueden ocupar con gran libertad, incluso hasta para invitar un completo con papas fritas a alguna actriz y cantante nacional. En otro ámbito de acción, los subsidios habitacionales son un símil a los cheques escolares.

En un ejercicio matemático simple, si dividimos el presupuesto 2015 del Mineduc (sin gratuidad) por la cantidad de alumnos que reciben subvención, tendríamos un cheque escolar anual del orden de los $2.400.000, es decir, diez mensualidades de $240.000. Si a ese total le descontamos un 10% por concepto de administración, obtenemos un cheque escolar de $216.000. Si bien el monto es bastante menor al que invirtió mensualmente la Presidenta Bachelet en la educación de su hija, más que duplica el actual valor de la subvención escolar.

 

Iván M. Garay Pagliai, director ejecutivo de Cheque Escolar

 

 

FOTO: VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO

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