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Publicado el 17 de septiembre, 2019

Tomás Flores: Un nuevo shock petrolero

Economista Senior de Libertad y Desarrollo Tomás Flores

En el caso de nuestro país, la dependencia del petróleo es superior a la del resto del mundo, ya que, de acuerdo a lo reportado por el Ministerio de Energía, en la matriz energética dependemos en un 55% de derivados del petróleo, mientras que el promedio mundial es de 42%.

Tomás Flores Economista Senior de Libertad y Desarrollo
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El sábado recién pasado dos refinerías de la petrolera estatal Aramco fueron atacadas con 10 drones, paralizando cerca del 50% de la producción de Arabia Saudita y con ello el 5% de la producción mundial. Para tener un punto de referencia, este ataque es equivalente a que se paralizara Minera Escondida, que actualmente produce cerca del 6% del cobre del planeta.

Este incidente, que hace mirar nuevamente a Irán como posible responsable, ha disparado el precio del petróleo en los mercados internacionales y es así como el petróleo Brent ha subido cerca de 10%, mientras que el precio WTI lo ha hecho en similar magnitud. En la Región Metropolitana, el precio promedio de la gasolina de 93 octanos es de $787 por litro, con un borde inferior de $749 en Cerrillos y un valor máximo de $834 por litro en Lo Barnechea; de persistir el precio internacional que actualmente está vigente, post ataque, estamos ante un alza de $79 por litro que se producirá durante los próximos tres meses. Dado que en la actualidad el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) no está otorgando subsidios ni está cobrando impuestos, veremos que el precio de los combustibles comienza a subir en nuestro país en aproximadamente $5,9 por semana, hasta que después de 14 semanas el shock de precios queda incorporado en el precio a consumidor, agregando 0,3 pp a la variación del IPC durante ese periodo. En el caso de la parafina, el traspaso será inmediato.

Lo detallado en el párrafo anterior da cuenta del impacto en el precio, que es evidentemente transitorio, ya que, al normalizarse la producción, los precios volverán a los niveles anteriores. En caso contrario, y de escalar el conflicto, los precios seguirán subiendo tal como lo hemos observado en episodios anteriores como la guerra del Golfo a principios de los 90 y la invasión a Irak en marzo del 2003.

Adicionalmente, se produce un impacto sobre la producción mundial, ya que un precio del petróleo al alza eleva los costos de producción, los precios de los bienes y servicios, y hace caer la cantidad demandada. Al respecto, un estudio del FMI de enero del 2017 estimó que una caída transitoria de 0,3% de la producción mundial generará un alza del precio de los combustibles de 12%, muy similar a lo que estamos viendo actualmente y recortará el crecimiento del mundo en 0,1 pp en los siguientes dos años de producido el shock de precios. Este impacto es menor a lo observado anteriormente, ya que, de hecho, el shock petrolero de principios de los 70 generado por los recortes de la OPEP, arrastraron al mundo hacia una recesión. En el caso de nuestro país, la dependencia del petróleo es superior a la del resto del mundo, ya que, de acuerdo a lo reportado por el Ministerio de Energía, en la matriz energética dependemos en un 55% de derivados del petróleo, mientras que el promedio mundial es de 42%. Esto indica la mayor fragilidad de nuestra economía en comparación con otros países que han logrado diversificar más sus fuentes de energía.

Este shock petrolero llega en un muy mal momento, en un contexto en que las proyecciones económicas se han recortado sucesivamente a la baja y en donde a la política monetaria mundial ya no le queda mucho espacio, por lo cual el ajuste se realizará a través de una trayectoria más moderada en el consumo -público y privado-, inversión y crecimiento.

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