La invasión rusa ha generado creciente incertidumbre en los mercados. Es probable que Vladimir Putin pensara que la rendición de Ucrania se produciría a los pocos días de iniciada y que el principal  debate se iba a referir a los términos de la ocupación militar y política, y el probable nombramiento de un delegado ruso que gobernase la Ucrania ocupada o el establecimiento de un gobierno títere. Sin embargo, nada de eso ha ocurrido, ya que la resistencia ha sido férrea y las sanciones económicas han generado un sustancial daño al sistema financiero y empresarial ruso, con el derrumbe de su moneda, el cierre a los mercados de capitales, el cierre de los puertos británicos a toda su flota y hasta la imposibilidad de usar una tarjeta Visa en el comercio.

El temor a los cortes de los flujos de comercio ha elevado sustancialmente el precio mundial de todos los commodities y es así como ayer el precio del cobre bordeó los US$5 por libra, mientras que el petróleo Brent superó a ratos los US$125 por barril. Estos precios récord han generado una discusión sobre el efecto que ello tendría en nuestra balanza comercial, para lo cual podemos ver las cifras del 2021.

El año pasado nuestras exportaciones alcanzaron a US$94.705 millones, de los cuales US$53.424 corresponden a cobre, en donde el precio promedio del año fue de US$4,23 por libra. En el caso de las importaciones, ellas totalizaron el año pasado unos US$83.806 millones, de los cuales US$12.316 millones corresponden a petróleo, combustibles refinados, gas y lubricantes, en donde el precio promedio Brent del petróleo fue US$70,4 por barril. De esta manera, nuestra balanza comercial tuvo el año pasado un superávit de US$10.899 millones.

Ahora, en los últimos tres días el precio del cobre ha bordeado los US$4,8 por libra, mientras que el del petróleo lo ha hecho en US$125 por barril. Así, al comparar estos precios con los observados en el promedio del año pasado, tendríamos un incremento de 13% en el cobre y de 78% en el petróleo.

Si suponemos que estos incrementos se prolongan durante el resto del año, lo que sabemos no ocurrirá, pero nos da una dimensión del efecto en la balanza comercial, tendríamos que las exportaciones de cobre subirían de US$53.424 millones (año 2021) hasta US$60.623 millones (2022), lo que implican ingresos adicionales por US$7.199 millones. En el caso del petróleo, las importaciones subirían desde US$12.316 millones (2021) hasta US$21.868 millones (2022); esto es un gasto adicional de US$9.552 millones. Es decir, el gasto adicional en petróleo es mayor que el incremento en  ingresos por cobre, lo que hace que nuestra balanza comercial empeore en US$2.353 millones.

De esta manera, aunque este es un ejercicio estático, da cuenta que el efecto neto de la guerra sobre nuestra balanza comercial es negativo, al tiempo que exhibe cómo el sustancial incremento en el gasto en combustibles deberá ser pagados por empresas y consumidores, mientras que cerca del 44% de los mayores excedentes del cobre los captura el fisco a través de los impuestos y el royalty. 

*Tomás Flores es economista.

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