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Publicado el 12 de noviembre, 2019

Tomás Flores: El cisne negro chileno

Economista Senior de Libertad y Desarrollo Tomás Flores

La primera batalla se produce en la conciencia de cada uno de nosotros, ya que, si dejamos que el temor inunde nuestro pensamiento, estaremos paralizados y dispuestos a cualquier cosa para alejar el peligro. Al capitular en nuestra voluntad, ya estaremos derrotados. No debemos permitir que los violentos ganen.

Tomás Flores Economista Senior de Libertad y Desarrollo
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La teoría del cisne negro o teoría de los sucesos del cisne negro, desarrollada por Nassim Taleb, es una metáfora que describe un suceso sorpresivo (para el observador) de gran impacto; una vez superado el hecho, se racionaliza por retrospección haciendo que parezca predecible o explicable y dando la impresión de que se esperaba que ocurriera. Esto describe de manera adecuada lo ocurrido en nuestro país en las últimas semanas: pasamos de una situación en donde la discusión era el aporte de Chile para enfrentar el cambio climático o la suscripción del acuerdo entre Estados Unidos y China a estar ad portas de un cambio constitucional cuyos bordes no han sido definidos aún y que podría terminar con la autonomía del Banco Central o con nuestra disciplina fiscal.

En el corto plazo la violencia ha tenido efectos devastadores y hasta el momento la estimación de daños bordea los US$2 mil a US$3 mil millones, equivalentes al 40% de lo destruido en el terremoto del 27F. Hay 450 salas de venta afectadas, de las cuales 37 fueron saqueadas e incendiadas, en donde la reconstrucción de cada local puede implicar en US$3 y US$8 millones aproximadamente y un plazo de a lo menos ocho meses. Asimismo, 6.791 pymes fueron asaltadas y varias de ellas incendiadas, con el consiguiente despido de más de 37 mil personas. En suma, esto es un cisne negro de proporciones no imaginadas y ello está ocurriendo en uno de los países de mayor ingreso per cápita de América Latina.

La autoridad ha desplegado sus esfuerzos para ayudar a las pymes afectadas. Al mismo tiempo, el sistema financiero, en particular bancos especializados en pequeñas empresas, están reprogramando los créditos para tratar de evitar el quiebre de la cadena de pago y posibilitar el pago de sueldos a fin de mes.

En este escenario ha proliferado el populismo y propuestas que, de ser refrendadas, pueden terminar afectando de manera sustancial nuestra capacidad de crecimiento de mediano plazo. De hecho, el comité de expertos ya redujo nuestro crecimiento de tendencia del 2020 de 3% a 2,8%, con el consiguiente impacto que tendrá sobre los ingresos estructurales y la reversión de la senda de ajuste fiscal que había delineado el ex ministro Larraín. Asimismo, solicitudes oportunistas como las relacionadas con el Tag o reajustes de salarios exacerbadas no nos deben sorprender, ya que es el populismo con el chantaje de la violencia que hemos visto campear en nuestra patria.

Esa violencia es usada de forma sistemática para imponer la voluntad populista. Esa violencia de los que atacan a los indefensos. Esa violencia de los ciclistas que cierran el paso a los autos e imponen sus condiciones para seguir el paso o destruyen el vehículo en caso contrario. Esa violencia que, finalmente, es propia de cobardes. Es por eso que la primera batalla se produce en la conciencia de cada uno de nosotros, ya que, si dejamos que el temor inunde nuestro pensamiento, estaremos paralizados y dispuestos a cualquier cosa para alejar el peligro. Al capitular en nuestra voluntad, ya estaremos derrotados. No debemos permitir que los violentos ganen.

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