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Publicado el 02 de junio, 2020

Tomás Flores: Combatiendo contra viento y marea

Economista Senior de Libertad y Desarrollo Tomás Flores

En marzo fueron diseñados los instrumentos para enfrentar los efectos económicos de la pandemia y fueron calibrados para una duración de 3 meses, estimándose que en junio el virus ya estaría, en gran parte, contenido. Esto ha cambiado y por tanto es necesario recalibrar los instrumentos a la nueva proyección, modificando las leyes respectivas en relación al periodo del beneficio y no volver a discutir nuevamente instrumento por instrumento. No tenemos tiempo para eso.

Tomás Flores Economista Senior de Libertad y Desarrollo

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La destrucción de 680 mil puestos de trabajo en los últimos doce meses, junto con la caída de 14,1% en el Imacec de abril, da cuenta del profundo impacto que está teniendo la cuarentena sobre nuestra economía. Probablemente, el actual trimestre será en donde veremos el mayor daño en términos de producción perdida, ya que cuatro semanas de cierre para la mayoría de las comunas del Gran Santiago implica una menor producción cercana a los US$ 5.700 millones, cifra tras la cual están los miles de trabajadores que no están recibiendo ningún o solo una fracción de su ingreso en la actualidad. Solo una parte de esa producción perdida se podrá recuperar, como podría ser un concierto, pero gran parte se perderá, ya que una vez que la economía se comience a abrir no iremos a almorzar dos veces por día para compensar todas las semanas de encierro.

En marzo pasado fueron diseñados los instrumentos para enfrentar los efectos económicos de la pandemia y fueron calibrados para una duración de 3 meses, estimándose que en junio el virus ya estaría, en gran parte, contenido. De allí que la postergación del permiso de circulación, contribuciones, IVA, PPM, créditos, entre otros, fueron planificados para 3 meses. De igual manera, el programa de Ingreso Familiar de Emergencia y otras transferencias monetarias fueron diseñados con ese horizonte temporal. Pues bien, esto ha cambiado, lo que es habitual en el devenir de crisis económicas y por tanto es necesario recalibrar los instrumentos a la nueva proyección. Esto implica modificar las leyes respectivas en relación al periodo del beneficio y no volver a discutir nuevamente instrumento por instrumento. No tenemos tiempo para eso. Creo que un proyecto de ley misceláneo que alargue la vigencia de los instrumentos, con el correspondiente aporte fiscal y con discusión inmediata, permite dar respuesta efectiva al cambio de escenario.

Esta prolongación de los beneficios da cuenta de lo dinámica de esta batalla, lo que impide planificar acciones rígidas que al poco andar quedan obsoletas. Esto da cuenta que esos llamados a “lanzar la casa por la ventana” o “toda la carne a la parrilla” son absolutamente irresponsables, ya que usar toda la munición contra un enemigo que evoluciona de manera inesperada es un error táctico grave. De allí que son muy imprudentes los llamados a usar todos los ahorros que tenemos en el Fondo de Estabilización Económico Social (FEES), ya que no es descartable que el próximo invierno tengamos un rebrote que obligue a cerrar la economía nuevamente. ¿Qué hacemos en ese momento, si ya usamos todo el ahorro y copamos las líneas de crédito?

Por último, dado el impacto en el mercado del trabajo pienso que la creación de un subsidio a la contratación de hombres, similar al que existe para jóvenes y trabajadoras, puede ayudar a paliar la caída en la demanda por trabajo. En cambio, creo que los programas de empleos de emergencia han sido, históricamente, muy difíciles de desmantelar y de hecho aún hay personas trabajando en esos programas desde la crisis asiática de 1998. Como se puede ver, de emergencia, al final, esos empleos nada tenían.

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