La semana pasada el gobierno anunció con bombos y platillos su reforma de pensiones que busca, antes que mejorar las pensiones, terminar con el sistema de capitalización individual como lo conocíamos, eliminando las AFP, instituciones satanizadas por un relato que no se condice con la realidad. La idea supuestamente apunta a mejorar las pensiones de las personas de forma inmediata aumentando la cotización, algo que estaba más que claro que había que hacer hace mucho.

Pero el fin de la reforma parece ir más allá que las pensiones, es ideológica. No solo busca aumentar la cotización de un 10% a un 16%, sino que busca eliminar a los privados  de la previsión social y eliminar la libertad de elección en el área, bajo el supuesto que el Estado es mejor mejor administrador y agente de servicios de todo privado. Se dice que  las personas seguirán eligiendo, pero la verdad es que la libertad se restringe enormemente. El nuevo 6% se irá a reparto en rigor, aunque se dice que parte de ese monto (70%) irá a cuentas “personales”, lo que no es lo mismo que individuales. Estas serán nocionales (vale por), a tu nombre, pero no tuyas. Como bien decía Stingo, “no es tu platita”. El otro 30% del aumento irá directamente a reparto a financiar las pensiones de quienes no cotizaron o cotizaron poco en el sistema para aumentar sus pensiones. Este nuevo porcentaje será administrado por un nuevo ente estatal autónomo que supuestamente será más eficiente que las AFP y supuestamente asegurará rentabilidad (cosa imposible). El viejo 10% seguirá siendo capitalización individual y las personas podrán elegir si se los administra el nuevo ente estatal o los entes privados por crearse, limitando las opciones de jubilación y eliminando los multifondos. Elección limitada.

Ese anuncio de reforma, que debe pasar por el Congreso, tiene muchas trampas y no es sustentable en el tiempo, por lo que es deseable que no pase y no se apruebe. Se dice que este aumento será de cargo del empleador y que será progresivo en 6 años, para que todos estén muy tranquilos. Pero la verdad es que esto es un nuevo impuesto al trabajo que en vez de solucionar el problema en el futuro lo agravará más aún. Siempre en economía todo lo terminan pagando las personas, los impuestos se traspasan a las personas y antes o después lo paga usted. Esto tiene que ver con que nada es gratis y que el dinero no crece de los árboles. Esta medida encarecerá emplear y fomentará el mercado informal y el desempleo.

El gran problema de las bajas jubilaciones no es el sistema en sí, sino la falta de formalidad que implican irregulares o ausentes cotizaciones, las llamadas lagunas. Con esto, en el corto tiempo habrá más lagunas. A eso súmenle el hecho que la población va envejeciendo y que los chilenos tienen cada vez menos hijos –ya no habrá jóvenes para sustentar a los viejos que viven cada vez más.

Lo más curioso es que esta medida va en contra de la corriente mundial. Los sistemas de reparto están colapsados en todo el mundo y Chile, que podría haber perfeccionado su sistema de capitalización individual, decide destruirlo. ¿Por qué? Por que odia al “neoliberalismo” y este es su corazón, es la base del mercado de capitales. Lo claro está es que los promotores de esta medida saben construir relatos, pero no se manejan con los datos. Los números y planillas Excel no son lo suyo, cosa que quedó clara con la ministra Vallejo intentando explicar la rentabilidad y mejoras de este sistema. Los números no daban y hasta los conductores, que han comprado el relato, le prestaron ropa para salir del paso.

A todo esto hay que agregar que ya nuestro sistema era mixto y solo necesitaba ser fortalecido. El pilar solidario para dar pensiones a quienes no cotizaron o tienen lagunas, y por ende bajas pensiones, no debe aumentarse a costa del trabajo de las personas, sino desde impuestos generales y desde un sistema sustentable. Parece ser que al gobierno no le importa lo que las personas quieren ni les interesa la voz de la ciudadanía. En el plebiscito del 4 de septiembre la idea de reparto fue rechazada y la ciudadanía quiere que el 6% sea individual real y no personal nocional, lo quieren con propiedad lo que implica disposición, o sea herencia. El gobierno no escuchó, no entendió y no quiere entender. Decidieron “ir más lento”, pero no enmendar el camino, por que cueste lo que cueste el fin es matar el “neoliberalismo”, es ideología pura y dura. 

*Magdalena Merbilháa es periodista e historiadora.

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