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Publicado el 10 de diciembre, 2016

¡Todavía hay patria, (buenos) ciudadanos!

La dimensión del ciudadano que se expresa en la Teletón y en las juntas de vecinos, la que hace sociedad, molesta a quienes desconfían de los individuos y sus intereses.
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Acaba de terminar una nueva versión de la Teletón rodeada, como se hace habitual desde los últimos años, de ataques y cuestionamientos. Quizás una de las críticas más reiteradas se relaciona con que una tarea como ésta, que involucra un claro interés público, debería ser ejecutada por el Estado. En otras palabras, derechamente se desprecia el rol público que pueda tener la sociedad, tal como se hace en educación, salud, obras, etc.

Lo cierto es que por otro año más se llegó a la meta de recaudación. Con el habitual romanticismo y mística, el chileno aportó en la consecución de miles de millones de pesos para una tarea que, efectivamente, escapa de su esfera privada.

A propósito de eso, hace poco se dieron a conocer los resultados de una nueva Encuesta P!ensa, ejecutada por GFK Adimark en la región de Valparaíso. Sólo un par de días antes de la Teletón, a muchos asombró que dentro de las propuestas más mencionadas para fortalecer la seguridad pública se encontraran los botones de pánico entre vecinos y el intercambio de números telefónicos. Asimismo, no fue menos sorpresivo que las juntas de vecinos se posicionaran como la tercera institución de mayor confianza de cara al combate de la delincuencia.

Volvemos, entonces, al mismo punto: organizaciones ciudadanas privadas —como la Teletón y las juntas de vecinos— frente a problemáticas públicas como la inclusión y la seguridad.

Edith Schklar, otrora profesora de Harvard, sostenía que el buen ciudadano “sirve a su país no tan sólo como pagador de impuestos u ocasional soldado, sino que también teniendo una noción de bien público incorporada genuinamente en su corazón”. Sería esta dimensión del ciudadano la que se expresa en la Teletón y en las juntas de vecinos, la que hace sociedad, y la que les molesta, al parecer, a quienes desconfían precisamente de los individuos y sus intereses. Frente a esa desconfianza, es lógico que prefieran apostar por un monopolio estatal de los asuntos públicos (como si los organismos burocráticos no estuvieran plagados de intereses individuales, por cierto).

Ahora bien, no podríamos sostener que la Teletón y los resultados de la encuesta P!ensa son una apología del liberalismo. Eso sería reduccionista y absurdo. Lo que sí podemos pensar es que, en tiempos de un individualismo exacerbado, ¡todavía hay patria, (buenos) ciudadanos!

Tanto la Teletón como la encuesta P!ensa nos demuestran que, como chilenos, parecemos reconocer una esfera que va más allá de nuestros intereses individuales. Identificamos ciertas problemáticas públicas y estamos dispuestos a ser parte de la solución. Cuando una política pública tiene en cuenta esto, cambia el paradigma histórico de mercado y Estado. El individuo y los privados ya no son simplemente agentes más o menos controlados, sino más bien colaboradores y aliados en la solución de los asuntos públicos.

Este tipo de cosas nos demuestran que aquel menoscabado tejido social se niega a seguir deteriorándose. Buena cosa para nuestra sociedad y nuestra democracia.

 

Pedro Fierro Zamora, director de estudios Fundación P!ensa, académico Escuela de Negocios UAI

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

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