Para explorar más acerca de los últimos episodios que han sacudido a la patria de Rubén Darío, podemos amalgamar las arbitrariedades y extravagancias bajo la noción desvaríos. Ello nos permite explorar respuestas a dudas no menores y con mucho en común. Por ejemplo, ¿cuándo comenzaron tales desvaríos?, ¿bajo qué marco son reversibles? Ahí se incluyen sus desatinos, despotismos, excentricidades, delirios e incluso una buena dosis de barbarie. La lista parece larga y no exenta de dolor para quienes creyeron genuinamente en lo que fueron sus inicios. 

Una revolución fracturada

Por cierto, en 1979, dio inicio en Managua una revolución que parecía destinada a inaugurar una nueva etapa, incluso a nivel internacional, donde guerrilleros de raigambre marxista confluían con sectores católicos de base (especialmente jesuitas), con intelectuales comprometidos con la democracia e incluso con empresarios interesados en dar vuelta la página al autoritarismo de la familia Somoza. Fue un comienzo edénico.

Pero a muy poco andar, esa revolución tomó un curso extraño y conflictivo. Demasiado temprano se dio allí ese axioma tan conocido en orden a que toda revolución devora a sus hijos, pues, tarde o temprano, sus cabezas comienzan a rodar bajo guillotinas de diverso tipo. En Managua se observaron fracturas muy tempranas entre los 9 carismáticos comandantes del sandinismo y con la velocidad de un rayo se rompió su granítica unidad. El ambiente político se volvió agrio y crispado. El proyecto nacional se desmoronó, y el fuerte impasse se resolvió mediante una elección presidencial en 1989 que, pese a los problemas, se abordó con moderado optimismo.

Pero sucedió lo inesperado. Violeta Barrios, esposa de Pedro Joaquín Chamorro, el reconocido director de La Prensa, el principal periódico del país asesinado por Somoza, emergió como el cisne negro de Taleb. Convertida en crítica acérrima de los sandinistas, se impuso a Daniel Ortega generando estupefacción en esa enorme masa de simpatizantes en América Latina. Resonó esa idea tan aceptada a regañadientes en orden a que una revolución podrá triunfar mediante la violencia, pero no se sostiene con elecciones democráticas.

Con el gobierno de doña Violeta quedaron al descubierto una enorme cantidad de tropelías mantenidas en silencio en los años inmediatamente posteriores a la revolución. Se supo del lanzamiento de opositores vivos a los volcanes, así como el reconocimientos de la famosa piñata, esa expropiación masiva de bienes (principalmente casas y fincas) por parte de dirigentes altos y medianos del sandinismo. La derrota de Ortega provocó una estampida y muchos líderes de antaño abandonaron las filas. 

La dupla Ortega-Murillo

Sobrevino una transformación profunda del Frente Sandinista. Daniel Ortega optó por un populismo muy similar a lo observado en otros países. Con ese predicamento a cuestas, triunfó en 2007, y, ya para esa fecha, se había casado con Rosario Murillo, su antigua compañera sentimental. Ella fue nombrada “co-presidenta”. Nació un régimen extraño, mezcla de asistencialismo descarado, de manipulación y feroces trazos autoritarios. Murillo se encargó de generar una nueva narrativa, destinada a re-encantar a ese pueblo profundamente católico. Fue el realismo mágico nicaragüense.

El delirio con que el matrimonio obsequió a diario a su población levantó la suposición de una declinante salud mental de ambos. Ortega y Murillo han superado muchas de las marcas conocidas a lo largo del siglo 20, por figuras tan icónicas como Rafael Trujillo en República Dominicana (basta leer La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa), Francois Duvalier en Haití, Cipriano Castro y Hugo Chávez en Venezuela, Stroessner en Paraguay o bien la propia dinastía de los Somoza en Nicaragua.

El novelista Sergio Ramírez, quien fuera vicepresidente nicaragüense en 1979 y hoy vive en el exilio, editó hace pocos años una obra muy preclara sobre la situación en su país, provocando la indignación del matrimonio gobernante. Tongolele no sabía bailar. El hombre de letras fue acusado de conspiración, de incitar al odio y la violencia y atentar contra la integridad de su país. Si regresa a Managua, será enviado a alguna mazmorra carcelaria.

Curiosas designaciones

En tal cuadro, conviene revisar brevemente el listado de los desvaríos más inverosímiles.

Por ejemplo, fue creada una Secretaría Nacional para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, la Luna y otros Cuerpos Celestes, para “promover el desarrollo de actividades espaciales para ampliar las capacidades del país, en las ramas educativas, industrial, científica y tecnológica”.

Otro, sin parangón en el mundo, fue la designación de un muerto como Presidente del Congreso. Se trata de René Nuñez, operador de Ortega en la Asamblea Nacional, quien falleció en 2016 estando en funciones. Como homenaje se le ratificó como presidente, cargo que “ejerció” varios meses. Ortega se mostró como un hombre agradecido, pues Nuñez le consiguió la aprobación parlamentaria para las sucesivas reelecciones presidenciales, necesarias para guardar ciertos formalismo democráticos. Núñez también obtuvo la autorización el Congreso para la concesión a un oscuro y desconocido empresario chino para que construyese un canal bioceánico.

Sencillamente inigualable es la designación de tres amigas de la Primera Dama como ministras de Salud. Las tres ejercen simultáneamente.

Espeluznante fue la acusación de violaciones sucesivas hechas por Zoilamérica Zambrana en contra de su padrastro, el mismísimo Daniel Ortega.

Desopilante fue la puesta en marcha de la Campaña Nacional Árboles para la Buena Vida, encabezada por Rosario Murillo, consistente en una serie de esculturas de árboles de aproximadamente 30 metros de alto, hechos en latones de diversos colores (algunos con la imagen de Hugo Chávez), elaborados por ella junto a sus más cercanas amigas, e instalados en diversos puntos de la capital.

Un toque misterioso aporta las sesiones espiritistas para ahuyentar los “espíritus malignos” y las “prácticas satánicas” contra opositores y manifestantes. Dicho sea de paso, ella recomienda tres anillos en cada dedo para la protección personal.

Adentrada ya la región en una nueva década del siglo 21, la Nicaragua de Ortega es una especie de parque temático. No en vano, “única y original” reza su marca país.

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