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Publicado el 31 de agosto, 2015

Sobre los cuidados que requiere el vaso

Todavía podemos reaccionar y re enmendar rumbos. ¡Todavía se puede! Pero para ello es necesario reconocer que estamos cruzando peligrosos umbrales, y ya no se trata de ver si el vaso esta medio lleno o medio vacío, se trata de cuidar el vaso.

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Son sorprendentes los tiempos que corren. Pareciera que buscáramos deliberadamente tropezarnos con las mismas piedras de antaño.

¿Qué pasó? ¿Cómo es que arriesgamos repetirnos el curso? ¿Quién asumirá la responsabilidad si la historia juzga  a Chile como el ejemplo de texto de aquel país que pudo, pero que no fue? ¿Quién reconocerá entonces públicamente que sabía que nos conducían a ser todos más pobres, pero que valía la pena porque seríamos todos más iguales pero menos libres? ¿Dónde estarán entonces los porta estandartes de la refundación colectivista? ¿Asumirán su responsabilidad?

Sabemos que habitamos un país pequeño lejano de casi todo.  Sabemos, además, que el mundo se integra y globaliza cada día más, y que no tenemos mejor opción que permanecer abiertos, muy abiertos. Sabemos que estamos sujetos a la variabilidad de los precios externos claves de nuestro comercio. Sabemos, también, que el capital es alérgico a la estupidez y que normalmente fluye y florece en naciones con instituciones y reglas serias. También sabemos que para progresar y crecer en tal contexto requerimos de mercados abiertos, competitivos, y de reglas que no desalienten la inversión ni el emprendimiento. También hemos aprendido sobre la necesidad de mantener la flexibilidad de los mercados laborales, de capitales, así como la coherencia de los sistemas impositivos con los requerimientos de ahorro e inversión.

Por décadas hicimos la tarea, y hasta hace poco nos fue razonablemente bien. Crecíamos, y disminuía la pobreza. Ciertamente teníamos desafíos pendientes y  temas por resolver, pero, puesto en la debida perspectiva, avanzábamos.

Bien sabemos todo eso,  pero entonces ¿por qué nuestro país transita en la dirección exactamente opuesta? ¿Cómo se explica que se apruebe en tiempo récord una reforma tributaria que penaliza severamente el ahorro y la inversión e hipoteca nuestro crecimiento futuro? ¿Cómo se explica que se estatice de facto el sistema educacional, e hipoteque nuestro capital humano? ¿Cómo explicar la eliminación de  la libertad de elegir la enseñanza de nuestros hijos? ¿Cómo es que se acepta que el Estado, a través del gobierno de turno, tenga la capacidad para controlar el sistema de educación superior al supeditarlo a su burocracia y casi exclusiva dependencia económica? ¿Cómo puede pasar esto en democracia?

Quienes creemos en una sociedad libre, sabemos que la democracia es un medio, y no un fin. Tiene el mérito de ser el único método de solución pacífica para resolver respecto de visiones alternativas en conflicto que el hombre ha descubierto hasta ahora. Brinda, dependiendo de los principios en que se sustente,  mayores “perspectivas” de libertad individual que cualquier otra forma de gobierno. Asimismo, mediante la existencia y operación de  las instituciones democráticas, se espera que debiera mejorar el nivel de comprensión de los asuntos públicos de la población.

Pero también es cierto que, como toda obra humana es falible y, que como tal, puede ser y ha sido una amenaza para el Estado de Derecho y a la libertad (Hayek). Conocido es el riesgo de caer en la   veneración fanática de la tiranía de las mayorías transitorias.

Pero, a juzgar por nuestra historia reciente, pareciéramos  empeñarnos en demostrar las debilidades y riesgos de los excesos de la democracia. Más allá de toda retórica, ¿le parece a Ud. razonable que una mayoría “transitoria, y obtenida con baja concurrencia electoral” vuele de un plumazo el esfuerzo de décadas? Se dirá que es legal. Sí, posiblemente sea legal en cuanto a la formalidad, pero a su juicio, y en cuanto al fondo ¿lo considera Ud. moral? En democracia las leyes deben cumplirse, pero las defectuosas debiesen corregirse.

En tal contexto, quizá Ud. considere que se juzga demasiado severamente la situación,  porque en democracia existiría la posibilidad de que un nuevo gobierno y el congreso corrigieran los defectos de una legislación defectuosa.

La evidencia, sin embargo, parece distante de respaldar tal afirmación tratándose del tipo de temas que aquí nos ocupan. Más bien pareciera que hay una asimetría estructural y endémica en los temas con sensibilidad política, y cuyo sesgo sistemático es el de introducir cortapisas a nuestras posibilidades de desarrollo económico y social. Por facilidad de exposición en adelante lo denominaremos; Deriva Demagógica Sistemática, DDS.

Consideremos por ejemplo dos determinantes claves de nuestro potencial de crecimiento: la carga y estructura tributaria, y la legislación laboral.

Con la honrosa excepción de aquellos vinculados al comercio exterior (especialmente a los tratados de libre comercio), y otros casos puntuales menores, ¿tiene recuerdo Ud. de alguna rebaja en la carga tributaria dentro del último cuarto de siglo? Fácil de explicar, las alzas se justifican con promesas de paraísos financiados con cargo a los ricos y las empresas. Pocos se resisten porque es políticamente incorrecto, menos se atreven a proponer rebajas o reacomodos eficientes en aras de fortalecer nuestra capacidad de crecimiento de largo plazo (que favorecen de paso la misma recaudación). Pero que no haya confusiones, los impuestos en su propio mérito son, por regla general, un mal, pues siempre  representan a la postre una extracción coercitiva de recursos a las   personas. Un uso “eficiente” de la recaudación puede, por cierto, justificar una determinada carga tributaria. Pero ¿puede Ud. nombrar algún uso que juzgue eficiente de acuerdo al desempeño percibido últimamente? ¿Seguridad? Transporte público? ¿Salud? ¿Educación?

También lo  desafío a que revise la historia del último cuarto de siglo en materia de legislación laboral. Regulaciones, sobre regulaciones y más regulaciones. Ciertamente han sido promulgadas muchas leyes, la mayoría rigidizan y encarecen la generación de empleo. Mención especial merece la denominada reforma laboral que se discute hoy en el Congreso. Sabemos que sus efectos son muy perjudiciales y que, además, como ya hemos sugerido, sus objetivos son particularmente inconsistentes con los requerimientos de un país como el nuestro. Si fuesen aprobadas, entre otras, las normas respecto a la prohibición del reemplazo y la titularidad ¿cree seriamente Ud. que esas regulaciones podrían ser derogadas por el Congreso en un futuro previsible?

Es decir, si nuestra apreciación fuera correcta, de la repotenciada DDS que hemos sido últimamente testigos, sólo cabría esperar que se  limitaran aún más nuestras ya disminuidas opciones de crecimiento. ¿Cuál será el límite? ¿Cuánta borra adicional soporta este estanque?

¿Y sabe Ud. qué pasa cuando los países se estancan y no crecen? Sabemos que cuando crecemos todos ganan porque se amplían espacio y opciones, especialmente para los más pobres. Pero cuando los países dejan de crecer, la gente comienza a mirar para el lado, y se da inicio al tejido de las crisis institucionales. Aún a riesgo de ser acusado de ingenuo quiero pensar que este último no es el objetivo deliberado de nadie. Todavía podemos reaccionar y re enmendar rumbos. ¡Todavía se puede!  Pero para ello es necesario reconocer que  estamos cruzando peligrosos umbrales, y ya no se trata de ver si el vaso esta medio lleno o medio vacío, se trata de cuidar el vaso.

 

Pablo Ihnen de la Fuente, Ingeniero y Consejero Libertad y Desarrollo.

 

FOTO: CRISTÓBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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