Durante el gobierno de Ricardo Lagos escuchamos varias veces a su ministro de Agricultura, Jaime Campos, hablar de “Chile, potencia agroalimentaria”. Era una visión política, un horizonte que concitaba ánimos y recursos. En otras palabras, un sueño que devenía en estrategia y políticas agrarias, en debates congresuales e iniciativas gubernamentales. ¿A qué viene este recuerdo del pasado reciente? A modo de ejemplo (confieso que un poco didáctico) de lo que echamos de menos en la política del aquí y ahora en Chile.

Porque, ¿adónde vamos? ¿Sabe alguien o alguna fuerza política hacia dónde se quiere encaminar a Chile? Creo que no. Los altos niveles de incertidumbre desatados después del llamado estallido social, persisten según todo tipo de encuesta. A las preguntas sobre cómo avizoran el futuro inmediato, los encuestados responden con pesimismo, en lo personal y en lo colectivo. A lo sumo con la escapatoria del “no sé”.

El gobierno prácticamente vive al día, enfrentando las circunstancias apremiantes o críticas con planes y medidas de urgencia. Una muestra de ello es la agenda de seguridad, tema mayormente ausente en su precedente programa de gobierno que fuimos a revisar y en el que no encontramos esa visión de conjunto que nos iluminara acerca del país que Apruebo Dignidad se proponía construir.

Era una larga lista de satisfacción de reivindicaciones sectoriales más que un corpus macizo de estrategias que tuviesen un claro horizonte, de esos que pueden entusiasmar y convocar las energías de la mayoría de ciudadanos. Lo sabemos, un programa electoral, luego del triunfo, camina con las piernas de la realidad que en democracia significa transar, avanzar en la medida de lo posible, palabras de Patricio Aylwin que el propio Presidente Boric se encargó de reivindicar en la inauguración de su monumento delante de La Moneda.

Aun así, cediendo y concediendo, la ruta de un gobierno debiera seguir siendo clara, cuando esa ruta tiene un punto de arribo. Única excepción, con un margen de duda, es la anunciada reforma previsional, una de las vigas maestras que conforman lo que puede ser la visión de país que los buenos políticos debieran tener y dar a conocer al pueblo ciudadano, o sea a quienes son gobernados o a quienes se quiere gobernar.

El Presidente Boric señaló recientemente que veía a su gobierno como un gran barco que a poco de zarpar tuvo tormentas que removieron su casco. El problema es que la tripulación no parece ordenada y, peor aún, no se sabe cuál es el rumbo de su nave. Si alguien lo sabe, favor de dar un paso adelante y nos ilustre al respecto.

El arribo al gobierno de la otra coalición, Socialismo Democrático, tampoco ha significado insuflar perspectivas de largo respiro al actual gobierno. Su rol es percibido como el intento político de atemperar los arranques extremos y a veces inviables de los sectores y exponentes de PC-Frente Amplio en el gobierno. Saludable esfuerzo sin duda, que algún fruto de moderación y realismo ha aportado a la marcha de la administración de Boric. Sin embargo, tampoco logramos entrever un diseño propio en este sector, que no tiene porqué ser oculto o disimulado bajo los pliegues de compartir el poder, ese becerro de oro que a menudo hace retroceder proyectos y buenos propósitos políticos.

En la oposición no hay mayores luces acerca de su derrotero político. Finalmente ¿hacia dónde va la derecha y el Partido de la Gente? ¿Cuál es el país al que miran luego del periodo Boric? Ese punto no es menor.

Contar con un horizonte político que vaya más allá de la natural y obvia competencia por hacerse de la próxima presidencia, sería una demostración de un ensamble político beneficioso para sus propias fuerzas y para el país.

El Chile ideal que la oposición tiene en su mirada ordenaría su actuar en estos cuatro años, definiendo el tipo de minoría opositora que quiere ofrecer a la ciudadanía: ¿constructiva o intransigente?, ¿brillante o banal?

Hasta el momento sus acciones se han limitado a la denuncia y al juego de palitroques que tanto criticaron durante la presidencia de Piñera, es decir a botar piezas del gobierno. En ese sentido van los anuncios de acusaciones y juicios políticos a personeros mayores y menores del gobierno Boric. Las cabriolas y la guerrilla política continúan dando espectáculo, golpeando hoy para olvidarse mañana y volver a golpear. 

Es lo que hay, pero ¿es iluso exigir más a nuestra clase política? Aunque estemos en desacuerdo con alguna de ellas, saber adónde cada fuerza política quiere llevar a Chile, para elegir en mayor plenitud. A riesgo de ser pesimista, veo un país políticamente sin rumbo, a la deriva, esa sensación predomina en el sentir nacional (y creo que también internacional).

En la jerga náutica significa navegar, seguir flotando al arbitrio de las corrientes, de las olas o de los eventos meteorológicos. Definitivamente, no es lo que todo chileno y chilena desea, como aspiración personal y como ideal de nación.

*Fredy Cancino es profesor.

Fredy Cancino

Profesor

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