El Presidente Boric decidió convertirse en el vocero de la campaña del Apruebo. Y no lo digo sólo yo, sino diversos actores sociales, incluyendo por cierto el periodista José Manuel Astorga, en una editorial de Radio Infinita. La defensa del Gobierno por la opción Apruebo ha llegado a tal punto que, en sus últimas intervenciones, el Presidente de la República incluso ha llegado ¡a citar artículos de la propuesta! lo que se aleja absolutamente de cualquier prescindencia exigida a las autoridades (de hecho, si el Presidente quisiera impulsar un debate realmente informativo debería enunciar también aquellos pasajes que quedaron fuera, como la norma que buscaba asegurar la propiedad de los fondos de pensiones, o aquella que proponía una defensoría para las víctimas de delincuencia).

Dicho lo anterior, han llamado poderosamente la atención dos movidas del mismo Presidente Boric, que a simple vista atentarían contra este rol de guaripola del Apruebo. Por un lado, el Presidente señaló, en horario matinal prime que si ganaba el Rechazo no nos quedaríamos con la Constitución actual sino que el proceso seguiría (punto para el Rechazo); y por otro, días después se manifestó de acuerdo con la propuesta de los senadores Rincón, Walker y Araya, de reducir los quórums de reforma constitucional de la actual Carta Magna a 4/7 (otro punto, sin duda). El cambio de postura descolocó a numerosos senadores que hasta se habían manifestado públicamente en contra, como Pascual, Latorre y Allende, los que tuvieron que comerse sus intervenciones y votar a favor en el Hemiciclo.

¿Qué hay detrás de ambas jugadas? ¿Un laspus, un error comunicacional del Presidente vocero? ¿O acaso un cambio de opinión en 180 grados, como lo hemos visto en tantos otros casos?

No, nada de eso.

Si me apuran, el Presidente Boric está impulsando la teoría de la fatiga constitucional de la ciudadanía. El dice: si se rechaza la propuesta, partimos de nuevo desde cero, y tendremos dos años más de discusiones, nuevos pelaos Vade, miles de millones de pesos gastados, y un largo etcétera. Todo esa “inconveniencia” —que irónicamente, hasta hace poco era pura conveniencia— se podría terminar si ud. marca la alternativa correcta, nos dicen desde La Moneda.

Pero no es sólo eso: si me apuran aún más, la jugada también funciona, porque ha logrado instalar la idea de la “segunda convención”. Si hace algunas semanas, la idea del “comité de expertos” era la alternativa favorita para un nuevo proceso, las últimas encuestas han demostrado un cambio en el clima de opinión; mal que mal es el Presidente. Si él no tiene capacidad de influir en la agenda, ¿entonces quién?

Si me apuran, Boric tiene claro que no cuenta con la certeza del triunfo. Así, ambas jugadas funcionan también como en seguro, en caso de que gane el Rechazo: con 4/7 en cada cámara, será más fácil promover una segunda convención, y no quedarse con la Constitución actual, ni con un comité de expertos. Y bueno, si me apuran también, es el momento perfecto para que la oposición moderada recoja el guante y raye la cancha para que, sea mediante segunda convención o bien a través de una comisión de expertos, pueda acordar un nuevo proceso, dejando de lado el mal diseño de la primera convención; es decir, sin las listas de independientes y reduciendo la participación de pueblos originarios a un porcentaje razonable. No es posible tener constituyentes que sólo cuenten con el respaldo de apenas 55 personas.

Finalmente, si me siguen apurando, no cabe duda de que el Presidente Boric ha demostrado que tiene muchos planes si es que gana el Rechazo. La gran pregunta es si tiene algún plan si es que gana el Apruebo. Y la respuesta ha quedado en evidencia, tras la negativa de señalar ahora qué cambios se le deben hacer a la propuesta de la Convención. El Presidente ha sido enfático en señalar que dichos cambios serán acordados con posterioridad al 4 de septiembre, lo que es una forma elegante de decir que sólo se realizarán si es que gana el Rechazo. Y eso, si me apuran, equivale a decir que si gana el Apruebo no tendrán ni la más mínima intención de modificar el texto.

*Roberto Munita es abogado, sociólogo y master en Gestión Política George Washington University.

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