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Publicado el 17 de mayo, 2019

Sergio Merino: Prat, un héroe inspirador

Presidente de USEC Sergio Merino

Me pareció interesante mirar con ojos de empresario, ejecutivo o de emprendedor al capitán de la Esmeralda y sacar algunas conclusiones respecto de la naturaleza del liderazgo que se ejerce en una empresa (…) Que el recuerdo y el ejemplo de este héroe tan querido en nuestra patria nos ayude a seguir luchando por hacer de nuestra vocación empresarial una noble vocación.

Sergio Merino Presidente de USEC
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La figura de Arturo Prat Chacón es muy atractiva. Su sacrificio le ha ganado con justicia el pedestal de héroe que los chilenos le hemos levantado y es positivo que la efeméride del 21 de mayo vuelva a estar asociada a la gesta de esa mañana de 1879 en la rada de Iquique. Por lo mismo, me pareció interesante mirar con ojos de empresario, ejecutivo o de emprendedor al capitán de la Esmeralda y sacar algunas conclusiones respecto de la naturaleza del liderazgo que se ejerce en una empresa.

Yo destacaría cuatro rasgos del liderazgo de Prat que saltan a la vista a través de sus dichos y sus actos, que han llegado hasta nosotros a través de los testimonios de quienes lucharon a su lado.

El primero y más evidente es el contraste entre el capitán Prat, marino de carne y hueso que saltó al abordaje del Huáscar, y el personaje que la cultura popular bautizó como “Capitán Araya” (que manda a embarcar y se queda en la playa). Prat encarna el estilo de liderazgo llamado ejemplar, es decir, el que predica con el ejemplo, el que no impone cargas que no está dispuesto a soportar él primero.

Qué importante es y qué poco se habla de ello en el ámbito empresarial: en el inicio de millones de emprendimientos encontramos una persona que corrió riesgos personales y, a veces también familiares, por seguir una idea. Cuando se cuenta una historia de éxito empresarial lo que se ve es el resultado brillante, pero a menudo no nos detenemos en recalcar los sacrificios que se realizan en las primeras etapas del emprendimiento, cuando no hay ninguna garantía de éxito.

El segundo rasgo es el que todos aprendimos de memoria cuando niños: “…mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar; y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber”. El liderazgo de Prat tiene un propósito, no es un personalismo. Si antes dijimos que predicaba con el ejemplo, también reconocemos que Prat no pedía que lo siguieran a él, sino que se cumpliera con un propósito mayor, con una misión trascendente, con un resultado superior mucho más importante que lo que estaba en juego esa mañana a bordo de esa embarcación. La bandera chilena al tope era el símbolo de la misión y, al igual que en las empresas, a veces se gana; otras, se pierde, y el modo en que se llega al resultado puede ser más importante.

Hay frases y gestos de Prat que son quizás menos épicos, pero no por esto menos importantes, porque el liderazgo se ejerce en un contexto y en conjunto con otras personas, pues nadie es héroe todo el tiempo ni lo es de modo aislado. Primer rasgo determinante, su amor por su familia y su mujer. Sus cartas son públicas y la última dirigida a Carmela Carvajal está fechada el día anterior al combate. Luego, su preocupación por las personas a su cargo. Antes de iniciarse el combate, la Covadonga entra en el puerto de Iquique y se acerca a la Esmeralda, ambos capitanes intercambian las últimas instrucciones, entre ellas, la pregunta que entró en la historia: “¿Ha almorzado la gente?”. ¿Es que alguien piensa en almorzar antes de…? ¡Sí, precisamente por eso es que se le recuerda! Porque a Prat de verdad le interesaba la gente que tenía bajo su mando; porque eso no sólo significaba responsabilidad, valentía y testimonio heroico de su parte, sino también, verdadero compromiso y genuino interés por cada detalle de sus tripulantes.

Por otra parte, Prat es realista, profundamente realista. Su arenga se inicia con una frase elocuente: “Muchachos, la contienda es desigual”. Los hombres y mujeres de empresa tenemos que ser profundamente realistas. Soñamos en grande, pero la atención a las condiciones reales es un requisito necesario para cualquier emprendimiento. Por ello, cuando la situación es adversa –¡muy adversa! – hay que tener los pies en la tierra y la mirada puesta en el horizonte. Sabe, al igual que los que emprenden, que las dificultades son grandes, pero eso no lo acobarda.

Que el recuerdo y el ejemplo de este héroe tan querido en nuestra patria nos ayude a seguir luchando por hacer de nuestra vocación empresarial una noble vocación.

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