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Publicado el 07 de abril, 2019

Sergio Merino: ¡Los mayores no pueden esperar!

Presidente de USEC Sergio Merino

La normativa laboral en Chile es excesivamente rígida y debe ser actualizada, permitiendo horarios flexibles de entrada y salida, horarios reducidos y trabajo a distancia; asimismo, pueden generarse incentivos para que las empresas contraten adultos mayores, y que trabajar no les signifique pérdida de beneficios.

Sergio Merino Presidente de USEC
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Este será un año de importantes reformas en nuestro país, y va a requerir que todos los involucrados en la deliberación política tengan una actitud positiva y patriótica para lograr acuerdos, teniendo siempre en el horizonte el bien común. En un escenario de reformas laborales, tributarias y de pensiones, los adultos mayores –y no tan mayores– no sólo son vulnerables, sino que a menudo también son invisibles.

Estas importantes reformas nos permiten acercarnos a temas que como sociedad nos resultan a menudo incómodos, pero que los empresarios, ejecutivos y emprendedores cristianos no podemos desconocer: reconocer el estatus de nuestros adultos mayores, su dignidad, su aporte y el reconocimiento que les corresponde; los problemas que enfrentan, la soledad, el abandono, la pobreza y la fragilidad, la cercanía de la muerte y el encuentro con el Padre, en definitiva, el sentido mismo de la vida. No es poco lo que está en juego.

El rol de nosotros los empresarios es fundamental, porque los resultados de las reformas y de las políticas públicas pueden tardar; pero nosotros tenemos la posibilidad de provocar cambios inmediatos. Todavía resuena en nuestros corazones el llamado que nos hizo el Papa Juan Pablo II en la CEPAL: “Los pobres no pueden esperar”. Quisiera aprovecharme de esta frase, y decir con urgencia que “los mayores no pueden esperar”

El de los adultos mayores no es de los problemas que se resuelven solos ni de los que no tienen solución; cada día son más y todos lo seremos en algún punto de nuestras vidas. En Chile, hoy se calcula que más de 2.100.000 personas tienen más de 65 años de edad, algo así como el 11% de la población. Y de acuerdo a las cifras que dio el ministro del Trabajo esta semana, podemos esperar que para el año 2041 esa cifra se duplique. La esperanza de vida aumenta al punto de que algunos postulan la existencia de una “cuarta edad” y debemos esperar un importante crecimiento de las personas que vivan más de 100 años y sigan siendo activos.

Los empresario tenemos control sobre algunas herramientas que se traducen en soluciones concretas e inmediatas.

Los adultos mayores necesitan, pueden y quieren trabajar. No se adelanta mucho extendiendo la edad de jubilación para tener mejores pensiones (cuestión que sin duda apremia) si los adultos mayores no tienen trabajo, sobre todo si incluso a partir de los 50 años las oportunidades empiezan a escasear. Por otra parte, los avances de la medicina hacen que una persona de 65 años esté en condiciones físicas y mentales mucho mejor que cuando se definió que los hombres pueden jubilar a los 65 y las mujeres a los 60.

La normativa laboral en Chile es excesivamente rígida y debe ser actualizada, permitiendo horarios flexibles de entrada y salida, horarios reducidos y trabajo a distancia; asimismo, pueden generarse incentivos para que las empresas contraten adultos mayores, y que trabajar no les signifique pérdida de beneficios. ¿Y qué hacemos por mientras? Ellos no pueden esperar y nosotros, los hombres y mujeres de empresa, no debemos quedarnos con los brazos cruzados. Tenemos control sobre algunas herramientas que se traducen en soluciones concretas e inmediatas.

Por la etapa de la vida en que se encuentran, los adultos mayores pueden aportar grandes bienes al interior de una empresa, y que precisamente hoy, a raíz del avance tecnológico, son bienes muy necesarios: experiencia, criterio, consejo, relaciones personales sabias y consolidadas, etc.

Hay que incluir decisivamente al adulto mayor en el mundo del trabajo y no son sólo por razones económicas. El trabajo les permite autosustentarse, mejorar sus perspectivas de pensión y mantenerse activos; todo lo cual es cierto y muy positivo. Pero hay más. En todas las etapas de la vida, el trabajo es una fuente de dignidad, de satisfacción y un importante elemento para definir la identidad, el sentido y el propósito de nuestras vidas. El trabajo nos permite seguir siendo parte de la labor creadora y transformadora del mundo y miembros activos de la sociedad.

Si les preguntamos a los adultos mayores por su situación y sus expectativas, vemos que sus temores son el abandono, el olvido, la pérdida de sus facultades físicas y cognitivas, la angustia de sentirse una carga para sus familias y perder el rol central que antes ocupaban en ellas. Y si hubiera que buscar una sola variable que permita generar la mejor alternativa a todos esos miedos, encontraríamos que una oportunidad de trabajo digno y oportuno es la respuesta correcta.

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

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