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Publicado el 07 de junio, 2020

Sergio Merino: Liderazgo ético para las finanzas y las redes sociales

Presidente de USEC Sergio Merino

Las redes sociales –como las finanzas– son herramientas al servicio de las personas. En su origen hay una idea poderosa y lo bueno y lo malo de ellas depende de decisiones humanas.

Sergio Merino Presidente de USEC

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En los próximos días realizaremos un seminario especializado en la ética y las finanzas. He dedicado mi vida profesional a las finanzas y no deja de sorprenderme que son una poderosa herramienta de bien común si son utilizadas desde una perspectiva ética y, por lo mismo, es reconfortante ver que año a año atrae a excelentes profesionales que realizan su vocación en ella.

En otra oportunidad ya me referí en esta tribuna a la importancia de esa dimensión ética de las finanzas, que permite mantener la orientación al bien común y que justifica la realización profesional de los que trabajamos en ella. Lo que quería compartirles en esta oportunidad dice relación con lo que he aprendido en las últimas semanas preparando este seminario. Lo que partió como una inquietud personal sobre la influencia de las redes sociales, los rumores y las nuevas posibilidades de manipulación que tanto daño causan, me abrió nuevas perspectivas sobre la tecnología, mi trabajo y… sobre la vida buena en general.

Lo primero es que no podemos escapar de las redes sociales; salirse es como irse a vivir al monte y dejar de ser parte de la comunidad. El miedo tampoco es una opción recomendable. Vemos el poder incontrastable de las redes sociales y los esfuerzos por regularlas han sido, hasta ahora, bastante poco eficaces para que sean un espacio de encuentro entre las personas y asegurarse de que no pierdan su foco en el bien común. Es demasiado común ver opiniones desde el anonimato, la diseminación -sin ningún filtro- de fake news, etc.

¿Por qué me pareció relevante todo esto? Porque me sorprendí a mí mismo observando este escenario desde afuera, con el mismo temor que otras personas miran desde afuera al mundo de las finanzas. El paralelo es pertinente: las redes sociales –como las finanzas– son herramientas al servicio de las personas. De toda la persona, con sus virtudes y defectos. En su origen hay una idea poderosa, un sueño que toma forma de iniciativa empresarial, que encanta a otras personas que deciden sumarse y aportar inteligencia, esfuerzo, creatividad y recursos para hacerla crecer. No son distintas, en ese sentido, de cualquier otra actividad humana: lo bueno y lo malo de ellas depende de decisiones humanas; son sistemas complejos, sofisticados, abstractos, pero todos ellos nacidos de la imaginación humana, por lo tanto, susceptibles de análisis ético.

En el origen, en el fondo y en el último eslabón de las finanzas y de las redes sociales, lo que encontramos es una persona. Es la única garantía de éxito que tenemos. Mientras haya una persona que cree, lidere y gestione empresas, así como usuarios, clientes y audiencias que las usen, hay una obligación de hacernos responsables por sus resultados y su operación.

Los hombres y mujeres de empresa que deciden servir al bien común en estos rubros, así como los beneficiarios de sus productos y servicios somos, cada uno a su modo, responsables, partiendo por la más elemental norma de conducta que consiste en no esconderse en el anonimato, atacando con furia o diseminando rumores o información no verificada, pues en ambos mundos –en el de la tecnología y el de las finanzas– la abstracción de un algoritmo digital hace demasiado fácil que perdamos de vista a las personas tras las pantallas y a quienes debemos nuestro trabajo. En ese sentido, el rol del líder y el ejemplo que podamos dar los que ocupamos cargos de responsabilidad sobre el trabajo de otras personas no sólo no ha perdido su vigencia, sino que se hace cada día más necesario.

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