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Publicado el 30 de junio, 2019

Sergio Merino: La economía de Francisco

Presidente de USEC Sergio Merino

El Papa nos invita a “corregir los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, la acogida de la vida, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores, los derechos de las generaciones futuras”. Léala de nuevo y dígame si no es, en el fondo, la descripción de una economía que bien podría llevar su nombre o el mío o el de cualquier hombre o mujer de empresa que a diario quiere vivir su actividad empresarial como una noble vocación.

Sergio Merino Presidente de USEC
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Debo reconocer que cuando lo oí por primera vez, pensé que se refería a “la suya”. El Papa Francisco está convocando a un encuentro mundial de economistas, académicos y empresarios sub 35 a “hacer un pacto para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”. Y el título del encuentro es “La economía de Francisco”.

Pero como suele ocurrir con los Papas –y con éste en particular– no hay que quedarse con la primera versión y hay que ir a la fuente original para entender el mensaje completo. Y claro, no era “su” economía, sino la de San Francisco de Asís, pues el encuentro se realizará en la ciudad de Asís, Italia, en marzo de 2020.

A los que hemos venido poniendo atención a su discurso sobre la economía, el trabajo, la empresa y la noble vocación empresarial –como él mismo la llamó–, su diagnóstico nos resulta familiar; y a los que tenemos más de 35, la meta que nos propone también nos interpela: “Mientras nuestro sistema económico y social produzca una sola víctima y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad universal”, ha dicho el Papa Francisco. No es un desafío sencillo el que se nos plantea porque esto no pasa por acuerdos cupulares, ni siquiera es un asunto de políticas públicas. La invitación del Papa es a una transformación profunda de los corazones –del corazón del sistema económico, del de nuestras empresas y del de cada uno de nosotros.

Desde que asumió como Sumo Pontífice y, en especial, desde que anunció que visitaría Chile el año pasado, en USEC hemos hecho un esfuerzo por entender y al mismo tiempo explicar a los hombres y mujeres de empresa la visión que tenía Jorge Mario Bergoglio y la que tiene el Papa Francisco sobre la actividad empresarial, el trabajo y la economía. A la mayoría les llama la atención la imposibilidad de encasillarlo en una categoría conocida y nuestra invitación fue a escucharle a él, directamente, no a ponerle etiquetas: al Papa le interesa acabar con la exclusión, con una verdadera “cultura del descarte”, y para ello es necesario crear una cultura del encuentro, un modo de vivir en conjunto que incluya a la persona completa y en todas las dimensiones, tanto cultural y económica, como social, política, religiosa y afectiva. Esta cultura del encuentro incluye, además, a las futuras generaciones y el cuidado de la “casa común”, rasgos que han hecho pleno sentido en las nuevas generaciones, y que USEC incorporó en los siete compromisos que más de 2 mil empresarios, ejecutivos y emprendedores firmaron para su visita a Chile.

El lector atento se dará cuenta de que en casi todas las columnas que firmamos en esta tribuna subyace esta misma idea, esto es, poner un punto fijo en el centro y un horizonte claro hacia el cual dirigirnos: la principal preocupación del hombre y mujer de empresa es poner en el centro de su quehacer a la persona y su objetivo final es que su empresa sirva al bien común, esto es, al bien material y espiritual de todos y cada uno.

Sin duda sorprende que un Papa llame a reformar el sistema económico y que nos convoque a comprometernos en crear una nueva economía –que casualmente lleva su nombre–, pero si se mira con atención, el Papa nos invita a “corregir los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, la acogida de la vida, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores, los derechos de las generaciones futuras”. Léala de nuevo y dígame si no es, en el fondo, la descripción de una economía que bien podría llevar su nombre o el mío o el de cualquier hombre o mujer de empresa que a diario quiere vivir su actividad empresarial como una noble vocación.

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