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Publicado el 02 de febrero, 2020

Sergio Merino: De Davos a Enade

Presidente de USEC Sergio Merino

Hay que destacar una idea que rondó en Enade y que diversas autoridades hicieron suya: que el motor de la sociedad no es el Estado, sino las personas, quienes se agrupan en distintas instancias de la sociedad civil, una de las cuales, es la empresa. Por eso, cuando decimos que de esta crisis tenemos que salir todos juntos, literalmente, nos referimos a todos.

Sergio Merino Presidente de USEC

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Dos importantes encuentros empresariales ocurrieron en las últimas semanas: uno en Davos, Suiza, y el otro en CasaPiedra, Vitacura. Aun cuando hay 12 mil kilómetros de distancia entre uno y otro, Davos y Enade están cerca en el sentido de que no son foros en los que se tomen decisiones; más bien son lugares para ir a escuchar y reflexionar (y así luego tomar mejores decisiones). Ese tipo de encuentros son útiles para hacer sintonía fina con lo que pasa en la sociedad de la que, no lo olvidemos, formamos parte.

Hay otra semejanza importante entre estos foros. En ambos el tema central fue el rol social que cumplen las empresas y la constatación de que éste no termina ni se reduce a la obtención de utilidades; muy en la línea de lo que promueve USEC desde esta columna y en todas nuestras actividades. En días en que es difícil afirmar en público que uno es empresario, es reconfortante ver que las ideas que nos inspiran están siendo debatidas y son compartidas en otras latitudes, ¡ver que no estamos solos!

Es que, a pesar de la nieve y el frío de las montañas en Suiza y el calor de la capital, el clima para la empresa parece ser más benigno allá. La mayor distancia entre Davos y Santiago no es la geográfica, sino que allá se buscan soluciones empresariales a problemas de orden público, mientras que en nuestro país da la impresión de que se está negando a las empresas la posibilidad de aportar una solución a los problemas que enfrentamos.

Hay que destacar una idea que rondó en Enade y que diversas autoridades hicieron suya: que el motor de la sociedad no es el Estado, sino las personas, quienes se agrupan en distintas instancias de la sociedad civil, una de las cuales, es la empresa. Por eso, cuando decimos que de esta crisis tenemos que salir todos juntos, literalmente, nos referimos a todos. Incluidos los empresarios. A menudo se lee en la prensa a personas que se oponen a tal o cual proyecto de ley porque “beneficia a las grandes empresas”, como si hubiera alguna posibilidad de salir de la crisis sin ellas. ¡Necesitamos muchas y muy buenas empresas, pronto! Las empresas son parte de la solución y, como tales, son parte del contrato social que nos une.

En Enade, el Presidente de la República hizo un llamado que no podemos soslayar: «Quiero pedir a todos los empresarios que, además de cumplir con la ley, cuiden a sus trabajadores y sus empleos, respeten los derechos de los consumidores y respeten el medio ambiente y mantengan su espíritu innovador», y agregó: «en estos tiempos de confusión quiero destacar la importancia del crecimiento económico, que ha estado muy fuera del debate, y de la capacidad de crear, de emprender (…) sin crecimiento económico no hay ninguna agenda social sustentable». Ese llamado va en la misma línea del mensaje que el Presidente nos dirigió cuando USEC celebró sus 70 años y no difiere mucho de lo que se habló en Davos.

En el encuentro de Suiza y en sus reuniones previas se dijeron cosas sorprendentes, pero nadie, absolutamente nadie duda del rol que juegan las empresas, de la libertad y la creatividad humanas en la solución de los problemas que afligen al mundo: Larry Finck, el CEO de BlackRock, quizás el fondo de inversiones más grande del mundo, anunció que sólo hará negocios con empresas que beneficien a la sociedad –en oposición a aquellas cuyo centro sea sólo maximizar la utilidad de los accionistas. Klaus Schwab, el fundador del Foro Económico Mundial invitó a firmar el Manifiesto de Davos 2020 que servirá como “una declaración sobre los principios éticos que deberían seguir las compañías” y, asegura, “es la mejor respuesta a los desafíos ambientales y sociales de hoy”. Así, sin rodeos.

Aquí también debe escucharse la voz clara y sin rodeos de los empresarios proponiendo una agenda profunda y articulada de acciones inspiradas en la idea de bien común. En la práctica, podemos transformar el bien común en el objetivo de nuestras empresas y utilizar como variables de gestión todas las relaciones con los públicos involucrados –retorno de la inversión de los accionistas, la relación con los proveedores y las autoridades, la satisfacción de los clientes y usuarios, y el diálogo con la comunidad.

Durante estos días de vacaciones debemos dedicarle tiempo a pensar en cómo concretar este anclaje con el bien común, cada uno desde su propio ámbito de responsabilidad, porque es la única garantía de éxito que tenemos.

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