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Publicado el 22 de septiembre, 2019

Sergio Merino: Brindo por los empresarios

Presidente de USEC Sergio Merino

Ser empresario es un modo de amar a la patria, y la patria es, de cierta manera, una empresa colectiva, de varias generaciones.

Sergio Merino Presidente de USEC
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Hoy termina una semana completa dedicada a celebrar a nuestra patria, sus próceres y héroes. Un festejo necesario, pues mantiene vivo su recuerdo agradecido por estos 200 años de vida en común, por nuestra identidad y unidad como nación. En ese mismo sentido y con igual sentimiento, quiero sumar un homenaje a todos los empresarios y emprendedores que han contribuido al engrandecimiento de Chile.

La mayoría no está en las páginas de los diarios, no conocemos sus historias, no sabemos cuál fue la idea que los inspiró, pero el aporte de todos ellos se traduce en el Chile que tenemos hoy. No me canso de repetirlo: sin empresas no hay trabajo ni crecimiento. Y sin trabajo ni crecimiento el país no sale de la mediocridad ni tampoco los pobres podrán salir de su condición.

El empresario y emprendedor aportan dos virtudes fundamentales a la patria: visión y fe. Visualizar algo que todavía no existe, y, al mismo tiempo, creer que se puede hacer realidad; creer y querer que sea realidad. Los hombres y mujeres de empresa tienen una visión de bien común, no de cosas irreales o imposibles; creen en cosas que son esencialmente buenas, factibles y concretas. Y lo más importante: están convencidos que son ellos quienes deben hacerlas.

Otro aporte es que el empresario es un poco porfiado; se obstina en materializar su visión. La historia de todo emprendimiento incluye un listado de personas que dijeron que no, que no se podía, que no iba a resultar. Esa lista incluye a menudo una burocracia que parece empeñada en desanimar al más entusiasta. Gracias a ellos, los empresarios desarrollan la tenacidad y la perseverancia, virtudes que también están en el alma de Chile.

A los empresarios se les conoce por sus éxitos, pero lo que los hace imprescindibles para un país es su relación personal con el fracaso. Todo empresario tiene, tuvo o va a tener su bautizo de fuego, del que aprende lecciones que sólo da la experiencia, pues todos los emprendimientos empresariales implican tomar riesgos en que a veces se gana y otras –más de lo que se percibe– se pierde. Y si no se está dispuesto a arriesgar, no se puede emprender

En el fondo, un país con muchas y buenas empresas es un país más creativo, porque las empresas liberan una enorme cantidad de energía acumulada en las personas que se expresa en forma de creatividad. Precisamente porque cada mañana intentamos hacer de un modo distinto aquello que ayer no resultó tan bien es que las cosas van mejorando para todos. Llevar un producto u ofrecer un servicio terminado a un cliente encierra infinitas dosis de creatividad que sin ese incentivo empresarial quedaría dormido.

Y un país con muchas y buenas empresas es también un país más libre. A menudo en los medios sólo vemos que se habla de la libertad económica o de la libertad como la posibilidad de elegir entre una marca y la otra. Y somos los empresarios los que deberíamos preocuparnos más de hablar del sentido profundo de nuestra actividad y del gigantesco aporte que hacemos a la libertad de las personas. Todo producto y servicio que se nos ofrece en un pasillo de supermercado o en una plataforma en línea –¡todos y cada uno de ellos!– está pensado para solucionarnos un problema, satisfacer una necesidad, mejorar un aspecto de nuestra vida, a menor precio o a mayor calidad. En el fondo: toda empresa es un grupo de personas que libremente asumió la tarea de hacer mejor un aspecto puntual de la vida de los demás. Y reitero la importancia de la palabra “libremente”, porque nadie obliga a otros a hacer el bien.

Ser empresario es un modo de amar a la patria, y la patria es, de cierta manera, una empresa colectiva, de varias generaciones. Un empresario que no quiere su país difícilmente será un buen empresario, porque a poco andar, comenzarán a faltarle todas las cosas buenas que hemos visto que surgen y crecen allí donde hay buenas empresas: visión, fe, perseverancia, creatividad y libertad.

Y ya que estamos en modo dieciochero desde USEC decimos “Salud por los hombres y mujeres de empresa que, con su noble vocación, han hecho grande a Chile”.

 

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