Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 29 agosto, 2020

Sebastián López: Se nos viene octubre

El hecho que las múltiples reformas de nuestra actual constitución no hayan podido legitimarla popularmente hace que sea correcto, en mi opinión, pensar en su reemplazo. Pero, y esto sí que es importante, no por cualquier otra.

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Va a comenzar septiembre, y seguimos sin tener claro qué va a pasar con el plebiscito de unas semanas más. El “Apruebo” llena de temor a quienes no saben qué viene después de que se certifique la defunción de nuestra agónica constitución, y el “Rechazo” resulta inconcebible para quienes no perdonan su pecado de origen: el ser “la constitución de Pinochet”, a pesar de las más de 40 reformas, una de ellas con plebiscito de por medio, y la firma de Ricardo Lagos en el decreto promulgatorio de la nada menor modificación del 2005.

¿No les parece que ya es hora de ver el asunto tal como es, y no como lo han deformado los sofistas de lado y lado? Chile ha tenido principalmente tres constituciones: la de 1833, la de 1925 y la de 1980. La primera permitió que tuviéramos un régimen presidencialista y otro parlamentario sin tener que modificarla, lo que indica el evidente déficit normativo del que adolecía. La segunda tenía un montón de fallas que esa desesperada ley de garantías de 1970 no pudo mejorar, al punto de terminar como terminamos: igual que tanto otro conejillo de indias latinoamericano, de ese terrible laboratorio que fue para nosotros la Guerra Fría.

La tercera de estas constituciones es la de 1980, que algunos todavía insisten en llamar del 2005, sin que muchos les den bola. Dictada sin ninguna de las garantías mínimas de un estado democrático de derecho, ratificación por plebiscito trucho incluida, es una constitución que sin embargo nos permitió desarrollarnos como nunca en nuestra historia republicana, por nada menos que 30 años de vida democrática, a partir de 1990. La constitución que actualmente nos rige es un texto que, despojado ya de sus aspectos autoritarios, reitera en lo medular muchas de las normas estructurales que podemos encontrar en las constituciones de 1833 y de 1925. No hay duda de que se le puede arreglar muchas cosas, pero tampoco caigamos en ese populismo constitucional que promete todo tipo de bondades a través de normas escritas, que solo podremos conseguir por medio del comportamiento responsable de cada uno, y no mágicamente gracias a un librito. ¿O acaso creen ustedes que los ecuatorianos están mejor ahora, que la constitución del 2008 consagró el buen vivir entre sus casi 450 artículos? Lo peor es que este voluntarismo normativo ni siquiera es nuevo. En Chile ya tuvimos una constitución que pretendía moralizar al país. ¿Recuerdan la constitución de 1823, la de Juan Egaña? ¿No? Bueno, por algo será.

El hecho que las múltiples reformas de nuestra actual constitución no hayan podido legitimarla popularmente hace que sea correcto, en mi opinión, pensar en su reemplazo. Pero, y esto sí que es importante, no por cualquier otra. Los que engañosamente hablan de hoja en blanco quieren olvidar, o derechamente desconocen, que Chile tiene más de 200 años de historia constitucional, que ha dado lugar a una tradición que se expresa y evoluciona en cada uno de nuestras cartas fundamentales. O sea, no es borrón y cuenta nueva. Quienes tuvieron claro esto son los que redactaron el proyecto de constitución que se envió al Congreso Nacional hacia fines del segundo gobierno de Michelle Bachelet, que expresamente recogió esa tradición constitucional y propuso algunas reformas interesantes, como el reconocimiento a los pueblos indígenas y su participación en el Congreso mediante representación parlamentaria. ¿Se acuerdan de los cabildos y del entusiasmo constituyente de esos años? Pues eso ocurrió en plena democracia y con paz social, y no quedó en nada. Lo que pasa es que el proyecto de constitución se presentó más por cumplir que por otra cosa, y el segundo gobierno de Sebastián Piñera no tuvo la visión suficiente para tomarlo en serio, antes de nuestro octubre rojo. Ese proyecto duerme ahora en el Congreso, mientras todos hablan de plebiscito, con sus “Apruebo” y “Rechazo”.

Yo me pregunto, ¿y si en vez de discutir desde el título en adelante, dejamos de lado eslóganes simplistas y equívocos, y aprovechamos el proyecto de Bachelet 2 para trabajar sobre su base en una convención constituyente, en caso de que gane el Apruebo? De esa manera, salimos del todo o nada al que nos reduce un escueto acuerdo político logrado entre gallos y medianoche, y nos ponemos en contacto con nuestras raíces normativas, que son tanto anteriores a una dictadura de triste recuerdo, que nos sigue persiguiendo como un fantasma, por la sencilla razón de que muchos han decidido creer en ellos, hipnotizados por los cantos de sirena de unos pocos. Entiendo que hay un grupo políticamente transversal de constitucionalistas que partió trabajando con ese proyecto como base. Si as así, los aplaudo. De lo contrario, habría que crearlo. Nunca es tarde para ser prácticos y empezar a hacer bien las cosas. Y menos después de una pandemia, que lo ha alterado todo, por más que se insista en lo contrario.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿YA RECIBES EL PODCAST “DETRÁS DE LA NOTICIA”?

Cada noche el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, cierra la jornada con un comentario en formato de audio enviado por WhatsApp, donde en pocos minutos analiza los hechos que marcaron el día y proyecta escenarios para el futuro próximo.

Sí ya eres parte de la Red Líbero, solicita el podcast escribiendo a red@ellibero.cl

Sí aún no eres parte de la Red Líbero, suscríbete y ayúdanos a seguir creciendo.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete