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Publicado el 1 mayo, 2021

Rosario Moreno: Leviatán, el monstruo en Chile

Periodista y Licenciada en Historia UC Rosario Moreno

El Congreso ha buscado adormecer las conciencias del pueblo con retiros y más retiros. Así nadie alega, y ellos pueden seguir avanzando en la destrucción de la institucionalidad. Y el pueblo adormecido, cómodo también, prefiere pedir más y no querer darse cuenta que lo están llevando, de vuelta, al estado de naturaleza de Hobbes: el de la desconfianza absoluta, el conflicto y guerra permanente, donde el hombre se vuelve contra el hombre.

 

Rosario Moreno Periodista y Licenciada en Historia UC
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Miedo. Desconfianza absoluta. El hombre en conflicto permanente y/o guerra, donde todo objetivo es lícito porque debe protegerse. Quieren someterse unos a otros, porque no hay un poder superior que los gobierne. En este estado prima la pasión por sobre la razón, y no puede florecer ni desarrollarse nada: no hay comercio, no hay artes, no hay propiedad. Así, la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable y brutal. El hombre se vuelve contra el hombre.

Estas son algunas de las características que entrega el filósofo político inglés Thomas Hobbes (1588-1679) sobre el estado natural del ser humano en su obra Leviatán. Y es porque el humano necesita y quiere paz, y porque quiere ser protegido, que realiza un pacto o convenio con los demás para formar el Estado. Este buscará -ante todo- la seguridad particular, a cambio de que el poder resida en él. Así nace una “persona artificial” que sobrepasa al hombre natural en magnitud y fuerza, y creada por él mismo, de ahí su gracia (es el dios creado por el humano).

En nuestro país, luego de recuperar la democracia hace 31 años, hemos funcionado con un Estado republicano en donde cada uno de los tres poderes tienen funciones claras y delimitadas, funciones estipuladas en una Constitución que, si bien será cambiada en unos meses más, es la carta fundamental que hoy rige nuestro modo de vivir. Tan importante es, que existe un organismo, el Tribunal Constitucional, que está precisamente para eso: velar que cualquier ley cumpla o no vaya contra el espíritu de lo que estipula nuestra carta magna. Y así, contamos con una serie de instituciones fundamentales que permiten -en teoría- que vivamos sin miedo, con confianza, en estado de derecho y no en el estado natural de Hobbes.

Desgraciadamente, las instituciones, en Chile, en general, están enfermas. Unas más que otras. Daré solo tres ejemplos: está traicionando su naturaleza un Congreso donde la mayoría de sus integrantes han violado el juramento que hicieron al asumir sus cargos: el de cumplir la Constitución. Sabiendo que viene una nueva, han barrido con la actual, la han ninguneado y vejado a más no poder sin importarles las consecuencias que esto traerá no solo para la vida democrática, sino que también para los ciudadanos o pueblo al que dicen representar. De hecho, esta semana, el poder Legislativo propició –con el tercer retiro del 10%- un golpe de Estado (sin sangre, hasta ahora) al poder Ejecutivo, convirtiendo a nuestro país en un sistema parlamentarista de facto. Así de grave.

En paralelo, astutamente, pero no inteligentemente, el Legislativo ha buscado adormecer las conciencias del pueblo con retiros y más retiros. Así nadie alega, y ellos pueden seguir avanzando en la destrucción de la institucionalidad. Y el pueblo adormecido, cómodo también, prefiere pedir más y no querer darse cuenta que lo están llevando, de vuelta, al estado de naturaleza de Hobbes.

Por su parte, tenemos un Ejecutivo que si bien ha buscado hacer cumplir la Constitución en Santiago y Valparaíso; no lo ha hecho en la macro zona sur (cada vez más macro). Allá el terrorismo se pasea como un monstruo destruyéndolo todo, expropiando, lanzando fuego y dejando muerte por donde pasa. La Constitución faculta al presidente para decretar estado de excepción y llevar militares a terreno; pero no hay caso. No quiere. ¿Dónde están los DDHH de esos miles de cientos de chilenos que acordaron el pacto o convenio con el Estado, pero éste no los protege?

Y la justicia tampoco se ha lucido. ¿Cómo puede ser normal que un ministro del Tribunal Constitucional dé a conocer su decisión antes de votar, y que emita opinión frente a los canales de televisión? Ese mismo ministro, con ese acto irresponsable, no sopesó que con ello le dio un estoque mortal a esta institución.

Ejemplos de instituciones que no están dando el ancho hay miles. No podemos dejar que los bonos y retiros nos adormezcan, debemos estar lúcidos, porque los poderes del Estado –en mayor y menor medida- y cuyos cómplices han sido los ciudadanos adormecidos nos están llevando al estado de barbarie, a ese de naturaleza que llamó Hobbes, pero ya habiéndolo conocido, por lo que la falta es doble.

El chileno debe despertar y no quedarse encerrado en las redes sociales. Debe exigir que se cumpla el estado de derecho; debe marchar y emprender. El ciudadano no puede premiar con esa sonrisa pusilánime a muchas autoridades que se han comportado como verdaderos juglares de baja estofa que se les olvidó lo que significaba la palabra Chile. No debemos olvidar que el peor lobo del hombre… es el hombre.

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