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Publicado el 05 de diciembre, 2018

Rosario Moreno: INDH: ¿Se justifica tal como funciona hoy?

Periodista y Licenciada en Historia UC Rosario Moreno
Una institución que podría ser un orgullo para todo Chile parece más bien un reducto de cierta izquierda que busca intereses propios, y no de todos los chilenos, como dice representar. No sería mala idea reformular esta institución con un proyecto de ley que sea bastante más claro, técnico y acorde a las necesidades del siglo XXI.
Rosario Moreno Periodista y Licenciada en Historia UC
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En el último mes, el twitter oficial del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) ha subido 26 informaciones sobre Camilo Catrillanca y el conflicto mapuche. Le sigue el tráfico de migrantes y el “Plan Retorno” de haitianos, con ocho menciones. En tercer lugar, se habla de políticas carcelarias (cuatro registros); y por último, empatan con tres tuit, temas de infancia frente a los derechos y protección de transexuales y matrimonio igualitario. Hay un espacio menor -también- para comentar sobre la violencia hacia las mujeres, pensiones dignas y derecho a la salud.

 

¿Alguna mención sobre la violación de los DDHH hacia los niños y jóvenes del Sename? Cero. ¿Alguna mención sobre las cuatro profesoras y dos niños que fueron asaltados con violencia previamente a la muerte de Catrillanca? Cero. ¿Alguna mención sobre los chilenos que fueron traídos por el gobierno chileno desde Venezuela porque en la dictadura de Maduro se violaban sus derechos humanos? Cero. El INDH se podría escudar que, según su reglamento, solo deben intervenir cuando son agentes del Estado los que violan los derechos fundamentales. Pero los tuit que suben a las redes muestran que sus intereses y defensas son selectivos, hasta -inclusive- cuando el Estado está involucrado.

 

Los recursos públicos entregados al INDH fueron $2.228 millones en 2014 y se dispararon a $6.658 millones ese año, bajo el gobierno de Michelle Bachelet.

 

El INDH se rige por la ley 20.405, que en su artículo 2° señala: “El instituto tiene por objeto la promoción y protección de los derechos humanos de las personas que habiten en el territorio de Chile”. Los niños del Sename, las personas que vivían en Venezuela y que hoy han vuelto a nuestro país, los 16 mil enfermos que mueren al año esperando ser operados, ¿no son chilenos? ¿No tienen derechos humanos? Claramente está mal pelado el chancho.

 

El INDH estuvo en sus inicios contenido en las conclusiones del Informe Rettig (1991) con el propósito de instalar una cultura respetuosa en torno a los derechos humanos. En 2009 se promulga la ley que lo crea y comienza a funcionar en 2010. ¿Usted siente que el INDH es un organismo imparcial que identifica a la gran mayoría de los chilenos, y que nos ha ayudado a crear una cultura respetuosa de los derechos humanos? Creo que el “no” es rotundo, y que más bien ha tendido a dividir por su sesgo; no solo por lo expresado en las líneas anteriores, sino que por varios otros ejemplos contundentes: los recursos públicos a dicho organismo fueron $2.228 millones en 2014 y se dispararon a $6.658 millones ese año, bajo el gobierno de Michelle Bachelet. Además, la contratación de empleados más que se duplicó en su mandato, ya que pasó de 62 funcionarios a 157 en el mismo período.

 

¿Por qué un chileno es defendido con más ganas que otro?

 

Segundo, su actual directora, Consuelo Contreras (en la foto), al momento de ser nombrada este año, dirigía la “Corporación de Oportunidad y Acción Solidaria Opción”. Desde 2008 es la institución que más recursos recibe del Sename, llegando, hasta junio de 2017, a más de $9.000 millones. De esta forma, en 15 años la Corporación Opción ha recibido más de $117.000 millones. Por eso, cuando fue nombrada, diputados acusaron la existencia de un conflicto de interés y la falta de independencia. Más cuando el anterior director del INDH, Branislav Marelic, fue despedido por querer publicar un lapidario informe de los abusos en centros del Sename. Contreras (en ese tiempo consejera del INDH) obviamente se opuso a la publicación, acusando que no era la metodología adecuada. ¿Era, entonces, Consuelo Contreras, la persona más idónea para comandar una institución como ésta?

 

Tercero, al Instituto lo dirige un consejo de once miembros elegidos de diferentes formas, que entrega, cada dos años, el premio nacional de DDHH. ¿No sería más serio que el bosque fuera mirado desde fuera? Y es así como tenemos de premios nacionales, por ejemplo, a la fundadora de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos, Viviana Díaz, y quien además, forma parte del consejo consultivo del INDH. No resto valor al papel que jugó ella en la dictadura, pero, nuevamente, ¿queremos quedarnos pegados en las divisiones del pasado o formar en DDHH para el futuro? ¿Por qué un chileno es defendido con más ganas que otro? Cientos de presos han sido torturados o asesinados dentro de las cárceles, ¿ellos valen menos que Catrillanca? Desde que se creó el Sename, se estima que han muerto más de 4 mil niños y jóvenes, ¿ellos valen menos que Catrillanca o los derechos de los transexuales? Y los miles y miles que han fallecido esperando salud… claramente hay un problema de DDHH dentro del Instituto. Un organismo que podría ser un orgullo para todo Chile parece más bien un reducto de cierta izquierda que busca intereses propios y no de todos los chilenos que dice, en el papel, representar. No sería mala idea reformular esta institución con un proyecto de ley que sea bastante más claro, técnico y acorde a las necesidades del siglo XXI.

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

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