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Publicado el 30 enero, 2021

Rojo Edwards: Región de Magallanes: Incomodidad presidencial

Candidato a Gobernador Region Metropolitana, Partido Republicano Rojo Edwards

Lo que irrita de la Declaración Presidencial es la falta de visión estratégica con que la diplomacia profesional de Chile enfrenta desde hace años delicados asuntos territoriales en la Región de Magallanes.

Rojo Edwards Candidato a Gobernador Region Metropolitana, Partido Republicano
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El reconocimiento chileno a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas no es una novedad, y es naturalmente lógico que se extienda a los espacios marítimos circundantes en el Atlántico Sur. Es una práctica adoptada hace años por nuestra Cancillería y por lo mismo habitual en las declaraciones presidenciales bilaterales. La suscrita esta semana entre los Presidentes Piñera y Fernández no debiera -por lo mismo- llamar mayormente la atención.

Sin embargo, se trata de un gesto amistoso que no ha sido bien entendido por el país vecino, que desde hace años impulsa una estrategia multidisciplinaria de afirmación de sus derechos soberanos en la zona austral del planeta, a costa de la proyección natural de Chile en los espacios oceánicos australes y en la Península Antártica. Una acción ambiciosa y con sesgos de hegemonismo impropios para una convivencia sincera entre vecinos que comparten una larga frontera. De tanto ensimismarse en su disputa por la soberanía con el Reino Unido, no reparó Argentina que en este diseño lesionaba los intereses de Chile.

Luego de años de inercia inexplicable de nuestra diplomacia, en mayo del 2020 el ex Canciller Teodoro Ribera envió una Nota a Argentina objetando la pretensión de ese país sobre una porción de plataforma continental que pertenece a Chile. Es cierto que la zona pretendida por Argentina y rechazada por nuestro país es reducida (9.700 kilómetros cuadrados) -especialmente si se la compara con el 1.700.000 kilómetros cuadrados de plataforma continental que el vecino intenta validar como parte de sus nuevos territorios submarinos-, pero tiene un valor estratégico vital para la proyección de nuestros dos países hacia la Península Antártica.

Por lo mismo, la reacción chilena de mayo no debe entenderse como un acto aislado ni inamistoso contra Argentina. Se enmarca dentro de una concepción ambiciosa y novedosa de la política exterior chilena respecto de la Región de Magallanes, sus espacios oceánicos y el Territorio Antártico en el que Chile se proyecta soberanamente. Una doctrina que erradicó la visión universalista sustentada por tantos años, coronada por la inacción de nuestra política exterior desde 2009 en adelante respecto de la ofensiva argentina en la plataforma continental chilena. La Nota de mayo y el despacho semanas después del Estatuto Antártico, le reconocen un enorme valor estratégico a la Región de Magallanes, sus suelos marinos y su Territorio Antártico. Una densidad de tal envergadura y profundidad que bien puede denominarse como una nueva doctrina para los espacios australes de Chile.

Tal como nos lo han expresado especialistas por este medio, sin la porción de 9.700 kilómetros cuadrados la continuidad de Argentina hacia la Península Antártica queda bloqueada a un lado por una barrera conformada por las islas Malvinas, Georgias y Sandwiches del Sur (todas bajo soberanía Británica), y al otro por las Islas Australes chilenas ubicadas al sur del canal Beagle. El Laudo Arbitral de 1977 que reconoció la soberanía chilena sobre las islas Picton, Nueva y Lennox, registra por lo mismo un valor político preponderante, pues al reconocérsele a Chile la soberanía sobre estas islas, debilitó la proyección geográfica de Argentina hacia la Antártica. El territorio submarino de 9.700 kilómetros cuadrados que Argentina reclama y que Chile desconoce tiene una enorme relevancia ya que sacaría a Argentina de un callejón sin salida, convirtiéndolo en el país del planeta más cercano a la Antártica. Es la pieza faltante de su diseño geopolítico austral.

Lo que irrita de la Declaración Presidencial es la falta de visión estratégica con que la diplomacia profesional de Chile enfrenta desde hace años delicados asuntos territoriales en la Región de Magallanes. Si con la Nota de mayo la política exterior chilena dio un vuelco estratégico y geopolítico de gran altura en la zona austral, consolidado con la dictación del Estatuto Antártico, con la Declaración Piñera/Fernández ésta parece haber quedado en el olvido, o bien nuestra Cancillería está llamada a volar bajo sin entender los desafíos en la parte más austral. La Región de Magallanes incomoda al centralismo que, o no la entiende o no la quiere, o bien definitivamente no logra proyectarla como una de las zonas del planeta con más disputas geopolíticas en el futuro cercano.

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