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Publicado el 06 de marzo, 2019

Rodrigo Jara: ¿Felices?

Coordinador Estudiantes por la Libertad - Chile Rodrigo Jara

A pesar de que somos pesimistas y tenemos una enorme cantidad de sesgos al interpretar la información, sí somos felices.

Rodrigo Jara Coordinador Estudiantes por la Libertad - Chile
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Recientemente la prensa publicó los resultados del World Happiness Report 2017, que posiciona a Chile dentro de los 20 países más felices del mundo, siendo puntero de la felicidad en Sudamérica. Esto suscitó las más diversas reacciones en una población que recibió la buena nueva más bien con incredulidad y escepticismo. ¿Cómo podemos ser felices si las empresas están destruyendo el medio ambiente, si los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres, si las AFP se están robando nuestro dinero? Incluso leí por ahí un comentario conspiranoico que decía que en realidad todo esto era para tenernos más controlados por el capitalismo opresor.

¿Qué es lo que en realidad se está midiendo? ¿Y por qué, si según el informe somos felices, en realidad no nos percibimos así? Para medir la felicidad hay que definir primero qué es lo que se entiende por ella. Según la OCDE, es un buen estado mental que incluye todas las evaluaciones, tanto positivas como negativas, que la gente hace de sus vidas, relaciones afectivas y experiencias. Pero, de nuevo, surge la pregunta sobre cómo medimos en la realidad esto. Para ello se tomó en cuenta el PIB per cápita de cada país, la esperanza de vida saludable, el soporte social -si estás en problemas, ¿tienes algún pariente o amigo a quien puedas pedir ayuda o no?-, la libertad para tomar decisiones -¿estás satisfecho o no con la libertad para elegir qué hacer con tu vida?-, la generosidad -¿has donado dinero a caridad durante el mes pasado?- y la percepción de corrupción.

Chile, además de estar entre los 20 países más felices del mundo, es también el noveno país que más ha subido en el ranking de felicidad mundial en los últimos diez años y el número 24 en el índice de felicidad de los inmigrantes. Y aún así, a pesar de la evidencia, se proyecta el sentimiento general de que como sociedad nos dirigimos hacia una hecatombe.

Los economistas Max Roser y Mohamed Nagdy explican que esto es un fenómeno peculiar, pero empírico: las personas son optimistas cuando se refieren a sí mismas, pero pesimistas cuando hacen alusión al futuro de su nación o del mundo. Entonces, si somos más felices, ¿por qué somos pesimistas? Una de las respuestas más aceptadas es que somos víctimas de algo conocido como sesgo de disponibilidad. Paul Dolan, profesor de ciencias del comportamiento en el LSE, dice que solemos ser fuertemente influenciados por eventos efímeros ocurridos de manera reciente, y Steven Pinker psicólogo y académico en Harvard, explica que la gente calcula la probabilidad de que ocurran ciertas cosas en función de la facilidad con la que se les vienen a la mente los ejemplos. Es más probable que se vengan a la mente eventos recientes, vívidos, sangrientos y mediáticos, siendo la memoria fuertemente influenciada por los medios de comunicación y redes sociales. Y no sólo eso, ya que además de ser pesimistas en cuanto a nuestro futuro compartido tenemos la tendencia a ser ignorantes sobre las mejoras ocurridas en el pasado. Por eso es común creer que la sociedad actual es más violenta, la gente es más pobre y el mundo está en peores condiciones, cosa que es completamente contraria a la realidad.

Una de las razones por las que somos pesimistas es porque solemos ser fuertemente influenciados por eventos efímeros ocurridos de manera reciente vívidos, sangrientos y mediáticos, siendo la memoria fuertemente influenciada por los medios de comunicación y redes sociales.

A eso hay que sumarle otra cuestión bastante particular. Al mismo tiempo suele ocurrir un fenómeno conocido como declinismo, que plantea que el país, alguna institución o nuestra sociedad está declinando y ya no es lo que era. Hace que las personas miren con nostalgia el pasado, percibiendo que todo tiempo pasado fue mejor, tornando así el futuro en algo aciago. Esto es claramente visible como ejemplo en el Make America Great Again de Donald Trump.

A pesar de todo, somos el quinto país dentro de los emergentes que tiene más esperanza en las futuras generaciones. Para ser exactos un 67% de la población, según datos del PEW Research Center al año 2015, decía creer que las siguientes generaciones estarían mucho mejor que la actual. Es más, según datos del World Value Center (2014), el 84,67% de los chilenos dice ser muy feliz, estando separados de los alemanes por sólo dos puntos porcentuales. Estos datos no son para ser mirados en menos, ya que la primera vez que se hizo esta medición en Chile en el año 1993 el 71% de la población declaró ser muy feliz. En más de 20 años no sólo aumentó la felicidad en más de 10 puntos porcentuales, sino que también aumentó la población. Junto con eso, Chile es uno de los países que reporta mayor autosatisfacción personal, mientras que un poco más del 40% de la población reporta creer que somos más felices que otras naciones.

Entonces, ¿cómo es la cosa? ¿Somos o no más felices? La respuesta es sí, y mucho más que antes. A pesar de que somos pesimistas y tenemos una enorme cantidad de sesgos al interpretar la información, sí somos felices. Al final del día, somos la única especie que puede tener profundas contradicciones y continuar viviendo como si así no fuese.

FOTO: JUAN GONZÁLEZ/AGENCIAUNO

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