Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 19 de enero, 2019

Rodrigo Icaran: El regreso de la meritocracia

Estudiante de Economía UC, emprendedor Rodrigo Icaran

Hasta el momento -y espero no escucharlo nunca, porque seríamos uno de los primeros países del mundo en hacerlo- nadie ha planteado terminar con la selección por mérito en las universidades. En ellas se selecciona porque los profesores y la infraestructura son recursos escasos, pero esa es la misma situación que ocurre en los colegios.

Rodrigo Icaran Estudiante de Economía UC, emprendedor
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El proyecto de Ley de Admisión Justa, presentado por el actual gobierno, generó polémica durante la semana anterior. El ambiente político, ya tenso por una eventual interpelación de parte de la oposición al ministro del Interior por el caso Catrillanca, volvió a arder al ponerse en riesgo uno de los proyectos más emblemáticos del gobierno de la Presidenta Bachelet: la Ley de Inclusión.

Entre otras materias, esta ley enviaba un claro mensaje en temas de selección: no se permitiría seleccionar a los alumnos en ningún colegio con financiamiento público, incluyendo de esta forma a los particulares subvencionados, que quedaron en serio peligro de desaparecer. Si bien esta era la intención inicial, finalmente el proyecto que se aprobó, después de una dura negociación con la oposición de entonces, consideró una excepción: los establecimientos de alta exigencia académica podrían seleccionar solo hasta el 30% de su matrícula. Dentro de estos se incluyen colegios emblemáticos como el Instituto Nacional, el Liceo Carmela Carvajal, el Liceo de Aplicación y los Liceos Bicentenario creados en el primer gobierno de Sebastián Piñera, que han obtenido destacados resultados tanto en la prueba SIMCE como en la PSU.

Es importante notar que, según el proyecto Admisión Justa, la selección de la matrícula en su totalidad se concentraría solamente en establecimientos de alto rendimiento (aproximadamente un 2% de las escuelas públicas a nivel nacional).

El proyecto anunciado por la ministra Marcela Cubillos permitiría a este tipo de colegios seleccionar hasta un 100% de la matrícula en base a méritos académicos. Antes que todo, es importante notar que, por un lado, la selección de la matrícula en su totalidad se concentraría solamente en establecimientos de alto rendimiento (aproximadamente un 2% de las escuelas públicas a nivel nacional). Por otro lado, la selección se realizaría en base a mérito académico y no por la condición de vulnerabilidad de las familias, que era uno de las principales -y razonables- argumentos que esgrimió el gobierno anterior para implementar el sistema actual.

Diversos partidos de izquierda se han opuesto férreamente a esta idea, argumentando principalmente que no se debiese seleccionar -nótese, por mérito- a alumnos con fondos públicos porque es inmoral que el Estado discrimine entre personas. Resulta llamativo que se opongan a la selección por mérito con fondos públicos, mientras que en las universidades, que en parte son financiadas con este tipo de recursos, se realiza lo mismo mediante una Prueba de Selección Universitaria. Hasta el momento -y espero no escucharlo nunca, porque seríamos uno de los primeros países del mundo en hacerlo- nadie ha planteado terminar con la selección por mérito en las universidades. En ellas se selecciona porque los profesores y la infraestructura son recursos escasos, pero esa es la misma situación que ocurre en los colegios. Ningún programa de medicina serio (no incluye al “ejército de batas blancas” de Chávez) es viable con 30.000 estudiantes, tampoco lo es un colegio con 20.000 alumnos, por lo que es necesario elegir a un grupo reducido entre los postulantes.

Considerando que en la práctica es inviable no seleccionar, parece mucho más justo que se haga por factores objetivos, como el mérito, de modo que se favorezca a quienes están en mejores condiciones de aprovechar los liceos de alto rendimiento académico

Hablar de que hoy día no existe selección es simplemente una falacia, puesto que sí existe. Siempre que el número de postulantes sea mayor al de vacantes disponibles, se seleccionará a los alumnos mediante un mecanismo aleatorio, pero se seleccionará al fin y al cabo. Si no se seleccionara, como afirmaba el slogan publicitario del gobierno anterior donde proclamaban el “fin a la selección”, cualquier estudiante podría ingresar al colegio que quisiese, lo que evidentemente es inviable, ¿o alguien se imagina un Instituto Nacional con 100.000 alumnos? Con todo, considerando que en la práctica es inviable no seleccionar, parece ser mucho más justo que esta se haga por factores objetivos, como el mérito, de modo que se favorezca a quienes están en mejores condiciones de aprovechar los liceos de alto rendimiento académico. Eso es propiciar la igualdad de oportunidades.

FOTO:JUAN GONZALEZ/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más