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Publicado el 16 de diciembre, 2019

Rodolfo Vilches: TPP11: Un buen, pero impopular, acuerdo

Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados Rodolfo Vilches

Si bien el TPP11 trae aparejados múltiples beneficios, parece acertado no someterlo por ahora a ratificación. Quizás estemos siendo testigos, del fin una forma de hacer política comercial, donde el “fast track” para la aprobación de este tipo de tratados, parece ir quedando sumergido en el pasado.

Rodolfo Vilches Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados
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¿Qué duda cabe? La inserción internacional de nuestro país ha traído aparejada una senda de éxito y desarrollo para Chile. Ha posibilitado, entre otras cosas, multiplicar por diez el tamaño de nuestra economía, por más de cinco nuestro PIB per cápita y vincularnos comercialmente con éxito con el mundo entero -sólo el Asia Pacífico concentra un 60% de nuestras exportaciones. Las cifras son contundentes: más de 1,2 millones de nuestros empleos emanan de la fluidez de nuestro comercio exterior, volviéndose ineludible el seguir afianzando, fortaleciendo y modernizando los vínculos con nuestros socios alrededor del globo.

En este marco, decir que el CPTPP -TPP11 como se le conoce popularmente- era imprescindible porque consolidaba décadas de una exitosa inserción internacional parece casi un eufemismo. Sabido es que el tratado delinea beneficios que sin duda facilitarán el desarrollo de negocios, reducirán la burocracia y agilizarán los procesos de comercio exterior, pues éstos trascienden lo meramente arancelario. Ejemplos irrefutables de aquello son la unificación y estandarización de normas y procedimientos en materia aduanera y de origen, la eliminación de trabas a las exportaciones, el incremento del acceso a compras públicas a países con los que no teníamos acuerdos de este tipo, entre otros.

Es en aquello que Chile jugó un papel clave, y no sólo como socio fundador de este bloque, sino también al dar continuidad al proceso y, en muchos casos, siendo articulador de decisiones y mediador entre las posiciones divergentes de los países suscriptores. Los beneficios del esfuerzo realizado por casi 8 años son evidentes; los acuerdos alcanzados en las diversas materias representan beneficios políticos y económicos inherentes a la integración económica internacional, con cuya pertenencia sitúa a Chile en una de las zonas de libre comercio más importantes a nivel global –constituye 13% del PIB mundial y 500 millones de personas-.

No obstante, la discusión sobre el TPP11 ha estado saturada de un fuerte componente político-ideológico, donde la defensa a la no suscripción ha incluido información incorrecta y un mal uso de ella en los medios de comunicación. Si bien es cierto, en un comienzo algunos países plantearon posiciones rígidas y alejadas de los enfoques e intereses nacionales, también lo es que estos fueron resguardados, llegando indemnes al final de la negociación. Ejemplo de aquello es que el acuerdo no comprometió en momento alguno el precio de los medicamentos genéricos, ciñéndose nuestros negociadores en todo momento a la legislación nacional en la materia.

Con todo, siendo lo suficientemente honestos, no podemos pretender que el Acuerdo esté exento de desafíos. Por supuesto, la política comercial -más allá de los acuerdos comerciales- nos presenta retos, y éstos suelen ser tan variados como desarrollar procesos aduaneros internos más expeditos, aumentar la inclusión de las PYMES como actor y receptor esencial de los beneficios del comercio internacional -1,8% de ellas exportan, concentrando un lacónico 2,1% del valor total exportado, mientras que  cerca de 400 empresas concentran el 90% de éste-, y brindar un mayor apoyo al ingreso de mujeres en el circuito del comercio planetario -en Chile sólo el 5% de las empresas exportadoras están lideradas por mujeres-.

Pero lo antes descrito no puede obnubilarnos. Estas escuetas cifras no son algo que podamos atribuir exclusivamente a la política comercial, a un acuerdo en particular o incluso al mismo TPP11, sino más bien son endosables a la falta de políticas públicas complementarias que acompañen al proceso de apertura comercial y que profundicen en la internacionalización de las pequeñas y medianas empresas y a la utilización de instrumentos que potencien la diversificación, el desarrollo tecnológico productivo y mayor valor agregado de éstas y todos lo tipos de empresas.

Aún así, hoy, en el marco del deterioro de las expectativas de crecimiento y en un escenario en que la incertidumbre respecto de la continuidad de la guerra comercial entre EE.UU. y China -los 2 principales socios comerciales de Chile- podría profundizar la menor demanda de productos de exportación, y frente a la crisis que vive actualmente nuestro país, parecía incuestionable la ratificación del acuerdo, para mantener y aumentar nuestra participación en mercados internacionales, mejorando nuestra imagen país y potenciando hoy más que nunca a las firmas de menor tamaño en el comercio internacional.

Pero las prioridades han cambiado. Se evidenció la necesidad latente, de una ciudadanía que exige mayores estándares de transparencia, participación y debate. De esta forma, hablar hoy de TPP11 o su conveniencia de ser ratificado o no parece a lo menos, impopular y disociado de la actual crisis socio-política que vive nuestro país, trance histórico en virtud del cual se demandan, entre otras cosas, procesos de información y acercamiento a las personas en temas en que las consecuencias se materializarán de una u otra forma, en el cotidiano de los nacionales.

En consecuencia, si bien el TPP11 trae aparejado múltiples beneficios, parece acertado no someterlo por ahora a ratificación. Pero, por sobre todo, parece del todo prudente, informar primero y correctamente respecto de sus implicancias, así como, despejar todas las inquietudes que válidamente manifiestan el sector público, privado y la ciudadanía, transversalmente. Pues quizás estemos siendo testigos del fin una forma de hacer política comercial, donde el “fast track” para la aprobación de este tipo de tratados parece ir quedando sumergido en el pasado.

Hoy se debe propender, a que la política comercial sea capaz de servir de plataforma para que toda idea o emprendimiento que desee conectarse con el mundo y diversificar sus mercados lo logre, y lo cristalice de manera informada, confiable y resguardada, de cara a la gente, pues “el manejo de los instrumentos al alcance del Estado para mantener, alterar o modificar las relaciones comerciales de un país con el resto del mundo” -como es definida la política comercial- debe impulsar a todo país abierto e integrado al mundo a no quedar al margen de la materialización de los avances en los diversos instrumentos político comerciales. Chile no puede ser excepción a ello.

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