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Publicado el 21 de abril, 2020

Rodolfo Vilches: Teletrabajo para el sector exportador

Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados Rodolfo Vilches

Debemos buscar soluciones que permitan a la política comercial seguir siendo capaz de servir de plataforma para que todo emprendimiento que desee conectarse con el mundo lo logre, pero a la vez tener como contraparte la creación de herramientas que permitan mantener los puestos de trabajo en aquellos sectores exportadores donde iniciativas como teletrabajo no puedan llegar.

Rodolfo Vilches Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados

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Desde siempre las crisis, sea cual sea su forma -estallidos sociales, guerras, pandemias u otras- han traído consigo cambios laborales. La actual enfermedad que ataca al mundo no es la excepción y nos ha llevado a discusiones que parecían olvidadas. En efecto, el teletrabajo o home office –iniciativa que comenzó a ser tramitada en el Congreso Nacional en 2018- aparece como una forma no sólo de modernización y limitación a la propagación del coronavirus, sino también como un alivio y salvoconducto para una economía que ya presenta muestras inequívocas de paralización en su actividad productiva y generación de empleo.

Así, recientemente se aprobó la nueva ley de trabajo a distancia y teletrabajo. Esta contempla, entre otras cosas, la regulación bajo el Código del Trabajo, respeto a los derechos laborales y combinación de tiempos de descanso, presencial y fuera del lugar de trabajo, así como la entrega de insumos por parte del empleador para su realización. En ello, la inserción de flexibilidad laboral y la mera utilización de plataformas virtuales para efectuar capacitaciones, reuniones o videoconferencias presentan un progreso en la materia.

En este marco de necesidades y cambios tecnológicos en nuestra forma de trabajar, el sector exportador no es ajeno. La promulgación de esta herramienta vislumbra una ventana de oportunidades y utilización en sectores con una oferta nacional de alto valor agregado y que representan la nueva expansión del comercio internacional. Justamente, Chile cuenta con un incipiente sector exportador de servicios que nos faculta a diversificar nuestra canasta productiva y exportadora con miras a una economía que brinde conocimiento e innovación, y donde el aprovechamiento y promoción del e-commerce transfronterizo toma un valor relevante. Sin más, las cifras reafirman el alcance del sector, que en 2018 registró US$1.199 millones de envíos en la materia, y donde destacaron sectores como Tecnologías de la Información y Comunicaciones, o TIC (US$352 millones -30% del total-), Servicios Financieros (US$126 millones), Servicios Audiovisuales (US$49 millones), Servicios de Estudio de Mercados (US$17 millones) y Servicios de Ingeniería (US$85 millones).

No obstante lo anterior, también es primordial establecer y reconocer las diferencias entre los distintos sectores productivos y por tanto convenir que no todas las actividades ni faenas relativas al comercio exterior podrán hacer uso de esta herramienta –home office-.

Durante el primer trimestre de este año el intercambio comercial ha caído un 12,6% frente al mismo periodo de 2019, mientras que las exportaciones e importaciones se redujeron un 10,5%  y 14,6%, respectivamente. En ello, más de 1,2 millones de empleos emanan de la fluidez de éste. El cobre -nuestro principal producto de exportación e intensivo en mano de obra- ha visto afectada su demanda y se ha desplomado en los mercados internacionales -llegando a mínimos no observados en años-, donde se han suspendido proyectos de inversión y la consiguiente contratación de mano de obra.

El sector agroexportador –representante de cerca del 10% de nuestras exportaciones y fuertemente afectado por una menor demanda y movilidad en los puertos internacionales- es también altamente intensivo en el uso de mano de obra para procesos como siembra, cosecha, procesamiento y distribución, y por tanto, la ley en cuestión podría tener poca aplicabilidad efectiva. Un ejemplo concreto es el sector vitivinícola, que ya estima para este año una caída de las exportaciones cercana al 20%.

A lo anterior se suma la pesca industrial -de la cual depende en alta proporción la pesca artesanal- que, a raíz del ausentismo laboral generado por el miedo al contagio del virus, fijó en 30% la reducción de sus operaciones en la zona centro-sur y en 205 mil -según Sonapesca- los puestos laborales directos e indirectos del sector pesquero. Como ejemplo, la Asociación de Salmonicultores ha indicado que algunas de sus compañías han tenido que reducir su dotación de trabajadores en un 50%, con la consecuente baja en al productividad –en parte, por los cordones sanitarios fijados en regiones productoras y que han interrumpido la continuidad operacional, la cadena logística de distribución y desplazamiento de los operarios-.

Por último, el sector turístico estimó una pérdida de US$3.900 millones y alrededor de 80 mil puestos para este año a raíz de la pandemia. A la vez que la industria del transporte aéreo, violentamente golpeada con el actual escenario, estimó –según IATA- en 200 mil los puestos de trabajo asociados al sector.

Qué duda cabe que la inserción internacional de nuestro país ha traído aparejada una senda de éxito y desarrollo para Chile, permitiendo multiplicar por diez el tamaño de nuestra economía, por más de cinco nuestro PIB per cápita y ha facultado con éxito vincularnos comercialmente con el mundo entero. Sin embargo, también es claro que este desarrollo ha sido viabilizado por sectores que se han desplegado sobre la base del esfuerzo de personas que dependen día a día de ese trabajo.

Finalmente, es cierto, bajo las nuevas tecnologías de la información y comunicación se romperán paradigmas que traerán consigo una transformación en la manera de trabajar. El propio instrumento que hemos descrito se convertirá en prueba y oportunidad irrefutable de su aplicabilidad en nuestra sociedad. Pero en ello debemos buscar soluciones que permitan a la política comercial seguir siendo capaz de servir de plataforma para que todo emprendimiento que desee conectarse con el mundo lo logre, pero a la vez, tener como contraparte la creación de herramientas que permitan mantener los puestos de trabajo en aquellos sectores exportadores donde iniciativas como teletrabajo no puedan llegar.

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