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Publicado el 01 de septiembre, 2018

Rodolfo Vilches: Oportunidades comerciales para Chile en Cuba

Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados Rodolfo Vilches

La ecuación que determina los mercados a los cuales debemos apuntar no sólo debe basarse en la mera observación del aumento arancelario, sino también en una enérgica visión geopolítica, que nos permita incluir mercados variados y muchas veces olvidados.

 

Rodolfo Vilches Ex negociador de la Direcon, socio fundador de Velasco, Rioseco & Asociados
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En las recientes semanas, tomamos conocimiento de un supuesto que circula como verdad implícita: el actual enfrentamiento comercial entre China y Estados Unidos generaría “oportunidades” para algunos productos chilenos que ingresan al mercado chino. Pero este escenario muchas veces no permite vislumbrar con claridad aquellas oportunidades que se abren en destinos alejados del actual escenario bélico-comercial, posibilidades que, como coyuntura mercantil, se tornan patentes en países como Cuba.

 

Como sabemos, desde la Revolución de 1959 y hasta hace algunos meses los hermanos Castro habían dirigido los hilos del país caribeño al amparo del monopolio político que ejerce el Partido Comunista cubano en la isla. Lo anterior, hasta que su Asamblea Nacional, con 603 de los 604 votos de sus diputados presentes, aprobó el acceso de Miguel Díaz-Canel a la presidencia del Consejo de Estado y de Ministros por las próximas dos legislaturas, es decir, hasta 2028. Lo anterior, en un escenario donde Raúl Castro se mantiene como Secretario General del Partido Comunista cubano por tres años más, cargo que según la Constitución le permite resolver las grandes decisiones políticas y económicas del país, y en donde coexiste en paralelo un Díaz-Canel especialmente cauto. Como señaló en su discurso inaugural: “No hay espacio para transiciones que destruyan nuestro legado, sólo hay espacio para continuidad”, aunque dejó una pequeña puerta abierta como guiño a generaciones más “liberales”, al afirmar que hay que “corregir errores y demoras que irritan a nuestra población”.

 

Pero hoy, en momentos donde se vislumbra una extenuada ayuda venezolana, un presidente Trump menos amigable con la isla que su antecesor y una evidente reducción de sus exportaciones y servicios en los últimos años, no podemos menos que observar la urgente necesidad de una recuperación económica, razón por la cual se está a la espera de cambios que buscarán consolidad aspectos tan básicos como validar y reconocer la propiedad privada, promover la pequeña empresa privada y atraer inversión extranjera fresca en sectores como infraestructura, energía y turismo, con claros límites, cabe decirlo. En esta misma línea, ya se han anunciado, por ejemplo, importantes inversiones en la modernización y construcción hotelera, aunque ésta siga siendo insuficiente en sectores como energía y transporte. Así las cosas, el pasado lunes 13 de agosto se dio inicio al periodo de consulta popular para reformar la Constitución cubana y formalizar algunas de las medidas  llevadas a cabo en la práctica en los últimos años, especialmente en materia de apertura económica. Esto en cierta forma reconoce la imposibilidad de mantener su sistema socialista tal cual en sus inicios.

 

El pasado 2017, el intercambio comercial entre Chile y Cuba alcanzó los US$ 35 millones.

 

En este marco, si bien el comercio exterior significa para Cuba sólo un 24% versus un 57% del valor del PIB en Chile, no es menos cierto que existen luces de un modelo de desarrollo algo diferente. Fue bajo el amparo de nuestro Acuerdo de Complementación Económica, firmado en 1999 y en vigor desde el 2008, que se entregó libre entrada a 878 productos chilenos a la isla, y a 281 productos cubanos a nuestro país. Luego, en 2009, el acuerdo se amplió, perfeccionándose y ampliando al doble los productos con excepciones arancelarias. Razón de aquello es que, durante el pasado 2017, el intercambio comercial alcanzó los US$ 35 millones, el cual se reparte en US$ 31 millones de exportaciones chilenas, destacándose la casi total ausencia de exportaciones mineras hacia la isla, siendo el rubro de la alimentación lo más enviado: jurel (US$4,2 mm), carne bovina (US$3,5 mm), pavo (US$ 3,3 mm), vino (US$ 2,1 mm) y leche en polvo (US$1,5 mm). Fueron solo US$ 3,7 millones las importaciones cubanas. De ellas, la práctica totalidad se repartió en  ron (US$3,6 mm) y muy por detrás, los puros (US$ 0,1 mm).

 

Así, en el marco de una imperiosa atracción de inversiones, se abren  oportunidades para los productos chilenos en campos tales como el sector agroalimentario, principalmente dirigido a abastecer a la industria turística local. Esta coyuntura comercial debiera ser más que aprovechada, en el entendido de que con el correr de la administración de Díaz-Canel se abrirán nuevos espacios para dicha industria.

 

En conclusión, pese a que la guerra comercial ha generado la percepción de que existe una correlación entre el aumento de aranceles y una mayor presencia y participación de productos chilenos en el extranjero, lo cierto es que la ecuación que determina los mercados a los cuales debemos apuntar no sólo debe basarse en la mera observación del aumento arancelario, sino también en una enérgica visión geopolítica, que nos permita incluir mercados variados y muchas veces olvidados.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO

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