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Publicado el 16 octubre, 2020

Roberto Munita: El cínico y los hipócritas

Abogado, magíster en Sociología y Master in Political Management, George Washington University Roberto Munita

Teillier es un cínico. Y en un mundo de hipócritas, contar con al menos un cínico no deja de ser refrescante. Es preferible un comunista de esta talante, que reconoce abiertamente que la violencia es un medio para conseguir sus objetivos, que la nueva ola de comunistas posmodernos y hípsters.

Roberto Munita Abogado, magíster en Sociología y Master in Political Management, George Washington University
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Quiero utilizar este espacio para agradecer al presidente del Partido Comunista, el diputado Guillermo Teillier, por sus últimas declaraciones: en un periódico nacional señaló, sencillamente, que “si digo que no debe haber violencia, quiere decir que digo que no salgan a manifestarse y eso no lo diré”. Y no contento con ello, un par de días después remató diciendo, sin anestesia, que “una condena genérica a la violencia no la voy a hacer”.

Por supuesto, el tenor de sus palabras no merece ningún aplauso; buena parte de la crisis en la que llevamos justo un año —y que sólo tuvo un respiro por el Covid— se ha debido, justamente, a la tibieza con la que sectores de izquierda han condenado la violencia desatada en calles y barrios de las principales ciudades de Chile (siempre con elástico, siempre marcando los “si bien es cierto, no es menos cierto”, siempre tratando de empatar con el actuar de quienes, por mandato constitucional, tienen el monopolio de la fuerza). No, por supuesto que no. Lo que quiero valorar del compañero Teillier es su desfachatez, su consecuencia y, sobre todo, su cinismo.

Aunque para muchos, cinismo e hipocresía son sinónimos, lo cierto es que son conductas prácticamente opuestas. Tal como señala el filósofo Joaquín García-Huidobro en su libro “Una locura bastante razonable”, la hipocresía consiste en hacer o fomentar un mal, sin reconocerlo, y aparentando por el contrario un bien; hay, por tanto, una incongruencia entre el pensar y el hacer. El cinismo, por el contrario, consiste en fomentar el mismo mal, reconociéndolo y jactándose de aquello. El pensar y el hacer son perfectamente congruentes… incorrectos, pero congruentes.

Teillier es, por tanto, un cínico. Y en un mundo de hipócritas, contar con al menos un cínico no deja de ser refrescante. Es preferible un comunista de esta talante, que reconoce abiertamente que la violencia es un medio para conseguir sus objetivos, que la nueva ola de comunistas posmodernos y hipsters, que se disfrazan de activistas sociales, culturales y ecologistas, aunque —lo presumimos— en las asambleas de Vicuña Mackenna 31 se cuadran con papá Teillier. Es la dialéctica entre el comunismo come guaguas y el comunismo que, por el contrario, se ha convertido en vegano. El cínico versus los hipócritas.

El cinismo de Teillier no es nuevo, por cierto. Por algo lleva en la presidencia de su partido más de 15 años. Y si no fuera porque una reciente modificación a la ley de partidos políticos le impedirá ir a la reelección, se quedaría otros 15 más. Esta misma desfachatez le ha permitido jactarse de haber acabado con la vida de cinco personas, los escoltas de Pinochet que murieron en el famoso atentado de 1986. En vez de los cientos o miles de hombres y mujeres que optaron por combatirle al dictador desde las ideas y la recuperación pacífica de la democracia, Teillier le hace un flaquísimo favor al republicanismo, al reconocer, no con poca dosis de cinismo, que el atentado era un “acto de justicia”.

No obstante todo lo anterior, hay que reconocer que nuestro Guillermo Teillier también ha pasado por etapas hipócritas: en 2009 pactó con la centroizquierda y la DC (“esos amarillos”) para asegurar que el PC consiguiera escaños en la Cámara. Y en 2013 se hizo parte del gobierno de Bachelet, solicitando un par de ministerios a cambio de mantener tranquila la calle. Un par de asientos en el gabinete, huelga decirlo, eran suficientes para —entonces sí— hacer una condena genérica a la violencia. Qué tiempos aquellos.

Entre el Teillier hipócrita de 2014, y el cínico versión 2020, me quedo con el actual. Es más: ojalá hubiera más cínicos como él en la izquierda. Sí, habría un enfrentamiento más duro y áspero en el mundo de las ideas. Pero, por otro lado, la contienda política sería más honesta y, con ello, la ciudadanía podría tomar mejores decisiones, al momento de elegir a sus representantes. Por todo eso: gracias Teillier.

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