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Publicado el 20 agosto, 2020

Roberto Munita: “Contra el miedo, contra el odio, contra la violencia”

Abogado, magíster en Sociología y Master in Political Management, George Washington University Roberto Munita

El Rechazo no es una negativa a los cambios constitucionales, sino a “este” cambio en particular; uno que fue conseguido como contraprestación al fin de la violencia de octubre y que, definitivamente, fracasó. ¿Cómo sentarse a la mesa si hay sectores del Apruebo que ni siquiera reconocen que aceptarán los resultados si pierden en las urnas?

Roberto Munita Abogado, magíster en Sociología y Master in Political Management, George Washington University
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Viernes 8 de noviembre de 2019, 20.30 hrs. Hace ya varias horas que el barrio cívico parece territorio zombie; nadie deambula, pero se sienten gritos y golpes a lo lejos. Andan por el Paseo Ahumada, parece. Yo voy saliendo de mi oficina, después de haber entregado las últimas minutas a mi jefe. Un carabinero me para y me indica por dónde tengo que irme, por tal calle, contra el tránsito (da lo mismo, no andan más autos). El Centro es realmente tierra de nadie.

Por escenas como esta, me alegro profundamente con el acuerdo alcanzado el 15 de noviembre. Casi todo el espectro político se compromete a poner fin a semanas de inaguantable crisis social. El acuerdo es contundente: llama al fin de la violencia y a una Nueva Constitución. ¿Están ligadas ambas cosas? Al parecer sí: para algunos, la violencia es una crítica a la actual Carta Magna. El compromiso de una Nueva Constitución servirá para poner paños fríos al asunto. ¿Yo? #Sípoapruebo.

Sin embargo, no será así. La violencia se reduce sólo marginalmente y, lo que es peor, seguirá siendo tolerada por gran parte de la izquierda, incluyendo paradojalmente a muchos de los que habían firmado el acuerdo de noviembre. Acusación constitucional contra el Intendente, y el comienzo de otra, nada más ni nada menos que contra el Presidente de la República. Mientras, Santiago sigue en llamas, y la oposición aplaude a los jóvenes idealistas que conquistaban cada viernes la “Plaza de la Dignidad”.

La incoherencia y el escaso sentido republicano de algunos —resueltamente más comprometidos con la Nueva Constitución que con la Paz Social— hará que muchos de los que estábamos por el Apruebo entremos en un período de reflexión, y luego, terminemos defendiendo la opción del Rechazo. No es fácil. No sólo por esa maldita tendencia a no querer cambiar de opinión, sino también por temor a que nuestra postura sea —erróneamente— tildada de inmovilismo, de conformación con lo actual.

Nada de eso. Soy de los que opinan que la Constitución se puede y se debe poner en discusión siempre. La sociedad es un cuerpo vivo, que va mutando constantemente. Y la Constitución, en tanto reflejo de la sociedad, debe ir cambiando a la par con ella. Pensar que algún día llegaremos a tener una Constitución perfecta y eterna, que no necesite cambios, es de un candor indefendible.

En ese sentido, el Rechazo no es una negativa a los cambios constitucionales, sino a “este” cambio en particular; uno que fue conseguido como contraprestación al fin de la violencia de octubre y que, definitivamente, fracasó (hoy la primera línea está en cuarentena, pero no hay que dudar que volverá a la acción apenas se presente la oportunidad). ¿Cómo sentarse a la mesa del cambio constitucional, si hay sectores del Apruebo que ni siquiera reconocen que aceptarán los resultados si pierden en las urnas?

El problema es que, en esta batalla, partimos con hándicap en contra. Primero, por la fecha: el plebiscito se llevará a cabo una semana después del aniversario del 18 de octubre. Una fecha elegida con pinzas, con la intención de revivir la algarabía de aquel estallido. Segundo, por las reglas del juego. Apuradamente, se zanjaron escaños que hoy han demostrado ser abiertamente desproporcionados e injustos, hechos a la medida de la izquierda. Y tercero, el nombre: hay pocas cosas más difíciles que defender un concepto como el “Rechazo”. Suena a inmovilidad, conservadurismo e intransigencia. ¿Dónde quedamos los que queremos cambios, pero no a cualquier precio?

El Plebiscito del ’88 fue un momento épico, y se convirtió en el ethos de toda una generación. De hecho, el título de esta columna es un juego de palabras con el libro “Sin miedo, sin odio, sin violencia. Una historia personal del NO”, de Eugenio Tironi. Y esto lo comento, no con ironía, sino con admiración. Quizás, tal como ellos, hoy podemos construir una nueva épica, la de la paz y la justicia social (contra el miedo, contra el odio, contra la violencia), demostrando con el Rechazo, que no nos dejamos llevar por las presiones de la calle. Difícil tarea, pero no imposible.

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