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Publicado el 20 diciembre, 2020

Roberto Bravo: Regreso Presencial: Estamos contra el tiempo

Rector Colegio Inglés, Talca Roberto Bravo

A pocos días de finalizar este año 2020, cada centro educativo debe preguntarse cuáles son las piezas y movimientos que tendrá que ejecutar en un tablero que – para la mayoría de las escuelas de nuestro país – es absolutamente desconocido, puesto que no contaron con ninguna experiencia presencial durante estos meses.

Roberto Bravo Rector Colegio Inglés, Talca
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Judit Polgár, ajedrecista húngara retirada, es considerada la mejor jugadora de la historia. Obtuvo el título de Gran Maestro en 1991 a los 15 años, convirtiéndose en su momento en la persona más joven en obtenerlo. Sus padres, pedagogos de profesión, decidieron demostrar con sus hijas que los genios no nacen, sino que se hacen con la educación, razón por la cual nunca la enviaron a la escuela, encargándose ellos mismos de educarla.

A diferencia de Polgár, 3,5 millones de estudiantes en nuestro país se preparan para regresar en marzo del próximo año a sus escuelas, las cuales trabajan a contra reloj, moviendo de manera presurosa todas las piezas a su alrededor, intentando prepararse de la mejor manera posible para este tremendo desafío.

El jueves 19 de noviembre, Raúl Figueroa, ministro de Educación de nuestro país, anunciaba que el año escolar 2021 se iniciaría el 1 de marzo. La presencialidad sería la regla, y no la voluntariedad como había sido hasta este año. También sugirió contemplar jornadas dobles, alternadas e híbridas. Ahora bien, cuando quedan menos de 2 semanas para que termine el año escolar, ¿están preparados nuestros liceos, escuelas y colegios para organizar este tremendo reto?

Parte de la rutina del entrenamiento de Judit Polgár en su niñez consistía en acelerar el tiempo de juego, es decir, apresurar el proceso de reflexión entre jugadas, mediante la utilización de repertorios y piezas ya conocidas, haciéndolo cada vez más rápido. Pero, ¿qué se hace cuando no se conocen los movimientos, ni las piezas, ni tampoco el tablero donde se deberá jugar? A pocos días de finalizar este año 2020, cada centro educativo debe preguntarse cuáles son las piezas y movimientos que tendrá que ejecutar en un tablero que – para la mayoría de las escuelas de nuestro país – es absolutamente desconocido, puesto que no contaron con ninguna experiencia presencial durante estos meses.

¿Serán jornadas dobles o alternancia por días? ¿Cuántos niños podemos considerar en cada sala según el metraje de éstas? ¿Qué pasa con el aforo de los baños? ¿Cómo se distribuye de mejor manera el horario de los profesores para no aumentar la carga laboral? ¿Haremos transmisiones en vivo? Si lo hacemos: ¿con qué sistema? ¿Alcanzaremos a comprar y probar cámaras? ¿Qué tal el internet de nuestra escuela? ¿Vendrán todos los niños? ¿Y qué hay del cumplimiento de normas? ¿Qué pasa si los estudiantes no respetan las reglas? ¿Alcanzamos a modificar y socializar el Reglamento Interno de Convivencia Escolar? Y como si todas estas interrogantes no fuesen suficientes, los nuevos datos que están dando a conocer los organismos sanitarios de nuestro país nos obligan a preguntarnos: ¿qué pasará si en marzo nuevamente debemos cerrar completamente las escuelas debido a un nuevo rebrote? Es decir: ¿usaremos las mismas plataformas y mecanismos?, ¿qué prácticas modificaremos?, ¿tenemos un plan B?

Muchas de las preguntas anteriormente presentadas responden a estructuras básicas y condiciones elementales que se deben tener para afrontar el desafío de reabrir un centro educativo. Movimientos de piezas que van desde cuántos metros de cinta se necesitan para demarcar la sala, hasta cuestiones mucho más sustanciales que enfrentaremos, como lo son, por ejemplo, la implementación de metodologías activas, tales como: clases invertidas y aprendizaje basado en proyectos, que tanto se han mencionado como estrategias para el 2021. Pero, en estas últimas semanas que nos quedan: ¿hemos considerado perfeccionar a nuestros docentes en aquello?, ¿se ha modificado el calendario anual para incluir este tipo de espacios para reflexionar sobre lo aprendido y lo que debemos aprender para el próximo año?

Esta partida será complicada y no hay mucho tiempo. No hay duda de ello. Los liceos, colegios y escuelas que ya tienen algún tipo de experiencia de regreso presencial, sin duda que están un poco mejor preparadas. Es por esto que es fundamental ir en ayuda de todos los centros que están un poco más atrás. Sin embargo, hay algunos aspectos en los que no son suficientes las ganas o la voluntad. También, es necesario generar las condiciones necesarias desde los organismos responsables para facilitar estos procesos. Ya sea otorgando ejemplos prácticos que ayuden a visualizar distintas maneras de llevar a cabo el desafío que se nos presenta, como también ofrecer la ayuda e insumos para poder concretar los procesos, sean estos híbridos, de teledistancia o cualquier otro que pueda funcionar en el contexto apropiado.

Por más de 9 meses la pandemia expuso y dejó en evidencia las tremendas brechas existentes en nuestro sistema educativo. Fuimos testigos de cómo muchas comunidades no fueron capaces de llevar a cabo sus formatos de trabajo producto de la deficiente conectividad de su sector, o escasez de computadores para seguir las clases sincrónicas. Entonces, cabe preguntarse: si ya sabemos todo eso ¿estamos preparados para marzo 2021?, ¿estamos haciendo algo distinto para evitar que esto vuelva a ocurrir?

Cuando el reloj avanza y hay más preguntas que respuestas, sólo nos queda mirar las piezas que aún tenemos y avanzar con ellas. Quizás la solución ante la premura sea reagruparse, para así transformar nuestra escuela en una verdadera comunidad de aprendizaje. Una que tenga la capacidad real de mantener, promover y fortalecer el aprendizaje de todos sus profesores. Es tiempo de intercambiar y reflexionar sobre las prácticas que se consideran exitosas, aprender del colega cuyas actividades resultaron, saber cómo lo hicieron aquellos que nunca perdieron contacto con sus estudiantes.

Tal vez, es momento de patear el tablero, sacar y cambiar aquellas inútiles reuniones interminables e informativas, por espacios planificados para preguntarnos y reflexionar: ¿qué haremos?, ¿cómo lo haremos?, ¿qué nos funcionó?, ¿qué errores no podemos volver a cometer?, ¿cómo aprenden de mejor manera nuestros estudiantes? Nadie conoce mejor una escuela que sus propios docentes. De lo contrario, es muy probable que se nos agote el tiempo y, antes de comenzar marzo, ya estemos -lamentablemente- jaque mate.

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