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Publicado el 9 marzo, 2021

Roberto Bravo: La urgente necesidad de ser coherentes

Rector Colegio Inglés, Talca. Autor del libro “Manual de Supervivencia” Roberto Bravo

Ya no basta con acompañar y monitorear las tareas de los hijos en alguna plataforma digital (tarea titánica, por cierto), sino que es necesario colaborar y transmitir la importancia del autocuidado y respeto por los demás. Porque esto no se puede hacer solo. El hecho de formar y educar es un acto compartido entre la familia y escuela.

 

Roberto Bravo Rector Colegio Inglés, Talca. Autor del libro “Manual de Supervivencia”
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Hace un año, la pandemia dejaba en evidencia la real capacidad de las escuelas y sus equipos directivos para adaptarse al cambio. Impensados escenarios que obligaron a repensar las lógicas que, hasta ese momento, nos hacían sentido como sistema educativo.

Hoy, el desafío es aún mayor. Habrá que demostrar si luego de casi un año fuimos capaces de prepararnos para enfrentar este nuevo periodo escolar, afectado todavía tanto por el Covid-19 como por las posturas dicotómicas de diversos actores, que persisten. En este contexto, las escuelas y colegios siguen transitando la complejidad de la pandemia. Desaprendiendo, para así lograr aprender nuevas formas de enseñanza en contextos digitales. Ingeniándoselas cuando las voluntades o condiciones (nuevamente) son inexistentes o mezquinas. Apretando los dientes cuando reina la incertidumbre o, tal como sucede por estos días, materializando esfuerzos enormes para regresar presencialmente en aquellos contextos donde, hasta ahora, ha sido posible.

El 1 de marzo marcó el inicio del retorno presencial a clases en muchos centros educativos de nuestro país. Profesores, asistentes de la educación, directivos y sostenedores han trabajado incansablemente por implementar y hacer cumplir los estrictos protocolos y rigurosas medidas de seguridad para recibir a niños, niñas y adolescentes. Esta labor debe acompañarse del compromiso del resto de los actores de dichas comunidades: todos debemos estar a la altura de las circunstancias. Donde ya no solo alcanza con acompañar y monitorear las tareas de los hijos en alguna plataforma digital (tarea titánica, por cierto), sino también colaborar y transmitir la importancia del autocuidado y respeto por los demás. Porque esto no se puede hacer solo. El hecho de formar y educar es un acto compartido entre la familia y escuela.

En estos días difíciles y extenuantes para los centros educativos que se encuentran abiertos, el apoyo y valoración de los esfuerzos que realizan sus docentes y directivos para que esto suceda, debiera ser irrestricto. Porque para los profesionales de la educación que han retornado significa, en la mayoría de los casos, gestionar y trabajar en 3 instituciones escolares a la vez: la jornada de la mañana, la de la tarde y el colegio digital.

Entonces, ¿cómo ayudamos desde la casa?

Básicamente, demostrándole a nuestros niños y niñas que cuidarse es responsabilidad de todos, mediante la entrega de mensajes coherentes, porque:

No sacamos nada con pedirle a nuestros estudiantes que usen su mascarilla y laven constantemente sus manos en las escuelas y colegios, si dejamos que asistan a cumpleaños y reuniones sociales sin la más mínima medida de seguridad.

No sacamos nada con enseñarles a nuestros estudiantes el valor de seguir las normas, si los autorizamos a no respetar la cuarentena.

No sacamos nada con trabajar el valor de la honestidad en las escuelas, si después les enseñamos a falsificar permisos en la Comisaría Virtual.

No sacamos nada con exigirle a las instituciones educativas que hagan cumplir el distanciamiento de mesas, sillas y normativas sanitarias, si nuestros hijos nos ven incumpliendo el aforo para reuniones en casa.

No sacamos nada con pedirle a los docentes que sean rigurosos hasta con la más mínima norma, si luego flexibilizamos todo en el hogar o en los espacios comunes.

No sacamos nada con diferir entradas y accesos para evitar aglomeraciones en nuestras escuelas, si después los niños se van todos juntos utilizando un mismo trasporte sin regulaciones sanitarias.

No sacamos nada con pedirle a nuestros estudiantes que cumplan con rigor los protocolos y medias sanitarias, si nosotros los adultos, no estamos dando un buen ejemplo.

No sacamos nada con hacer tremendos esfuerzos para que los centros educativos puedan permanecer funcionando de manera presencial, si actuamos como si la pandemia no existiera.

Si queremos mantener la presencialidad o -al menos- acercarnos gradualmente a ésta, tendremos que colaborar aún más. Porque las situaciones extraordinarias demandan esfuerzos extraordinarios. La coherencia y respaldo de parte de las familias a los mensajes de autocuidado emanados desde los colegios será clave. Los adultos, padres y apoderados tienen una gran responsabilidad en la lucha contra el contagio. Y es en este punto donde ser modelos de buena conducta se convierte en algo fundamental. Porque si olvidamos que la práctica formativa más exitosa con nuestros niños, niñas y adolescentes es un buen ejemplo, no sacamos nada. Absolutamente nada.

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