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Publicado el 24 de febrero, 2017

Resiliencia forzada

Los 188 mil nuevos trabajadores independientes desde el cambio de Gobierno, o los 112 mil que trabajn en la calle o desde su casa, son la encarnación viva de nuestra resiliencia.
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Según la Real Academia Española, resiliencia significa la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente un estado o situación adversos”. Si algo dejan en evidencia cada desastre natural y los eventos traumáticos que hemos enfrentado en nuestra historia, es que somos un país extraordinariamente resiliente. Sin ir más lejos, hace menos de un mes el sur del país sufrió los efectos devastadores de los incendios más grandes de los que tengamos recuerdo, arrasando con casas, bosques, campos, sueños, ilusiones y sacrificios, pero a pesar de eso, cada comunidad rápidamente se puso a trabajar para levantar nuevamente sus esperanzas desde las cenizas. O como cuando en menos de cuatro años, la reconstrucción del 27F estuvo prácticamente completada gracias al trabajo de todos los chilenos.

Desde hace ya tres años, cientos de compatriotas están atravesando por un terremoto silencioso que los ha puesto a prueba como nunca, un desastre muchas veces invisible para la mayoría, pero que carcome en forma lenta su calidad de vida y la de sus familias. Una situación que ha puesto a prueba como nunca su resiliencia: la cesantía y la precariedad laboral.

José maneja orgulloso su vehículo particular convertido en Uber hace un año y medio. Mal no le ha ido, ya que en parte alcanza a compensar el sueldo que ganaba como ingeniero en una empresa constructora que quebró. El problema es que si antes llegaba a las siete a su casa y alcanzaba a ver sus hijos y sacarlos un rato a la plaza, hoy llega cerca de las once. De otra forma no le alcanza. Y lo hace feliz, porque sabe que cualquier sacrificio vale la pena para que su familia esté bien. El 96% de los 81 mil nuevos puestos de trabajo que se han generado en el último año son trabajos independientes (cuenta propia) como el de José. Empleos altamente precarios, sin contrato ni prestaciones de seguridad social, pero empleos al fin y al cabo. Todo sea por alcanzar a llegar a fin de mes.

El explosivo crecimiento de los empleos independientes coincide con la llegada de la Nueva Mayoría al Gobierno, pasando desde un 19% en marzo de 2014 a casi 22% en la actualidad, las cifras más altas desde que se realiza la nueva medición de empleo en 2010. De los 274 mil nuevos puestos de trabajo generados durante el mandato de la Nueva Mayoría, 188 mil son independientes, el 69% del total. En los cuatro años previos esta cifra fue apenas de 23%.

Hasta hace dos años atrás, Rosario trabajaba como ejecutiva de atención a clientes en una isapre. Por necesidades de la empresa, ella y otras compañeras de trabajo fueron despedidas. En dos años aún no ha conseguido un trabajo con contrato, pero siendo madre soltera de dos pequeños, las cuentas que debe pagar a fin de mes son implacables. Es así que hace año y medio trabaja recorriendo oficinas del centro de Santiago, vendiendo carteras y ropa que consigue a bajo costo desde China. Eso junto a cremas, joyas y todo lo que pueda vender. Cada día sale temprano, sin saber cómo le irá en las ventas, pero lo que sí sabe es que nunca dejará que la cesantía le gane esta batalla. El 89% de los puestos de trabajos creados en el último año son como el de Rosario, trabajos en la calle o bien desde la casa o un taller anexo al domicilio. En lo que va del actual Gobierno, este tipo de empleos representa el 66% del total. Una situación  a todas luces dramática, sobre todo considerando que en el período previo los nuevos trabajadores en esta situación eran apenas el 7%.

Rosario, José y los 188 mil nuevos trabajadores independientes desde el cambio de Gobierno, o los 112 mil que trabajan en la calle o desde su casa, son la encarnación viva de esa resiliencia que caracteriza a nuestra gente, esa que no tira la toalla, sino que se levanta una y mil veces por amor a los suyos, por amor propio. Pero aunque un terremoto o un incendio son imposibles de anticipar, la debilidad de nuestro mercado laboral se conoce hace tres años, y a pesar de eso el país y especialmente nuestras autoridades no han estado a la altura.

Porque ya van tres años, y Rosario y José siguen siendo invisibles. Porque a nadie parecieran importarles, ya que son los propios afectados los que buscan alternativas para romper con la inestabilidad y la angustia a la que están sometidos. Porque finalmente los trabajadores están enfrentando una resiliencia forzada.

 

Carlos Ríos, director de Estudios de la Fundación Avanza Chile

 

 

FOTO: FRANCISCO LONGA/AGENCIAUNO

 

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