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Publicado el 03 de septiembre, 2018

[Reseña de Libros] Chile y sus años revolucionarios

Académico Facultad de Comunicaciones Universidad de los Andes Francisco Tagle

Los tumultuosos años del gobierno de Eduardo Frei Montalva son presentados en los tomos 3 y 4 de la monumental Historia de Chile 1960-2010. Un período de creciente radicalismo, enormes expectativas y transformaciones estructurales que pavimentó el camino para la llegada de la Unidad Popular en 1970.

Francisco Tagle Académico Facultad de Comunicaciones Universidad de los Andes
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Historia de Chile 1960-2010. Tomo 3 y 4 Alejandro San Francisco (Dirección General), Milton Cortés, Myriam Duchens, José Manuel Castro, Gonzalo Larios, Ángel Soto. Editorial CEUSS. Tomo 3, 585 páginas. Tomo 4, 602 páginas.

 

La Historia de Chile 1960-2010 es una obra ambiciosa que, en varios sentidos, puede ser comparada con los trabajos monumentales de, entre otros, Diego Barros Arana, Francisco Encina o Gonzalo Vial. En tiempos en que las librerías están abarrotadas de títulos que narran episodios de la historia oculta o freak de algunos sucesos de nuestra trayectoria nacional, el trabajo liderado por Alejandro San Francisco (donde también participan Milton Cortés, Myriam Duchens, José Manuel Castro, Gonzalo Larios y Ángel Soto) apuesta justamente a lo contrario, lo cual se agradece.

 

El proyecto –que acaba de publicar su tercer y cuarto tomos— realza el trabajo del historiador mediante explicaciones multicausales de los hechos y procesos, para lo cual recurre a un uso amplio de fuentes primarias, que incluyen desde documentos, revistas y periódicos de la época hasta entrevistas a algunos de sus protagonistas, todo esto acompañado por una rica y diversa bibliografía.

 

La tarea de estos nuevos dos tomos no es nada fácil. Si los tomos 1 y 2 abordaron el período de gobierno de Jorge Alessandri (1958-1964), en esta nueva entrega la atención está puesta en la administración de la Democracia Cristiana (1964-1970) y las condiciones que permitieron el ascenso al poder de la Unidad Popular. La historiografía sobre estos años aún hoy permanece cubierta por las pasiones ideológicas que con tanta fuerza remecieron al país por entonces. Por eso esta Historia de Chile 1960-2010 no se pierde y comienza por advertir que “entre 1964 y 1973 Chile vivió una era de revoluciones”, acudiendo a la opinión de diversos historiadores para argumentar sobre este periodo convulsionado.

 

Mario Góngora postula su famosa tesis sobre las planificaciones globales, según la cual tanto Eduardo Frei, influenciado por la CEPAL, como Salvador Allende, por el marxismo internacional, apelaban a una profunda revolución estructural de la sociedad. Mientras, Gabriel Salazar considera que en esos años existió un “extraño engendro”, una suerte de “Estado liberal-revolucionario”, que tenía la certeza de la “lucha contra la dependencia y a favor del desarrollo”. Ambos coinciden en que en esa época, como diría Arturo Fontaine Aldunate, “todos querían la revolución”.

 

La DC al poder 

El Tomo 3 se desarrolla a través de un hilo conductor que comienza con los antecedentes del triunfo de la Democracia Cristiana en 1964. Existía un deterioro de la confianza en la democracia como sistema capaz de solucionar precariedades sociales que se arrastran por décadas. Sobre todo, por un sistema económico cuyo bajo crecimiento lo hacía parecer incapaz de hacer frente a los desafíos y demandas de la población.

 

Ante este panorama, la Revolución Cubana enamoró a la izquierda chilena. Así, mientras Pablo Neruda le cantaba poemas al dictador de uniforme verde olivo en su Canción de Gesta, Allende “fue otro de los que rápidamente manifestaron su solidaridad con el régimen cubano, a través de sucesivas visitas”.  Tampoco se quedó atrás el mundo democratacristiano, que ya anunciaba, a través de la Declaración de Millahue, formulada tres años antes de su arribo al poder, la necesidad de la “creación de un orden nuevo en nuestra patria, en oposición a las estructuras capitalistas de la economía”.

 

La lectura del capítulo Eduardo Frei Montalva y la Falange Nacional –para el que los historiadores tuvieron acceso al archivo de la casa museo dedicada a la figura del expresidente- deja la sensación de un mundo político de ideales y de mayor peso intelectual que el presente. Pero no sólo esto, sino también de una juventud comprometida con la política y de una Iglesia Católica que aspiraba a la justicia social mediante sus encíclicas.

 

¿En qué creía Frei? Seguidor de las ideas del filósofo católico francés Jacques Maritain, Frei apuntaba a un nuevo orden social cristiano, que rechazase tanto el materialismo liberal como el socialista. Desde sus años de estudiante de Derecho en la Pontificia Universidad Católica y en los numerosos artículos de prensa y libros que escribió, hay tres conceptos que constantemente se repiten en su discurso: democracia, libertad y revolución.

 

Tal como hoy, la política sigue siendo una activad impredecible. Tras el Naranjazo de 1964, la derecha dio su apoyo sin condiciones a Frei, quien lo agradeció con su histórica frase “yo no cambio ni una coma de mi programa ni por un millón de votos”. Así, dejaba de manifiesto que no habría concesión posible para evitar que su programa de la “Patria Joven” y de “Revolución en Libertad” se cumpliese al pie de la letra. Fue el comienzo del fin de los consensos y la primavera de los partidos ideológicos -definición de Bernardino Bravo Lira– y su política del avanzar sin transar.

 

Reformas estructurales

Con Frei ya en La Moneda, el Tomo 3 se aboca a explicar los porqués de los cambios estructurales que se llevaron a cabo. Comienza por la Reforma Agraria, que fue radicalizada por Frei luego de un comienzo tibio con Alessandri. El primero la consideraba como “el más revolucionario de los cambios que Chile necesita”. El programa democratacristiano buscaba redistribuir la propiedad de la tierra y tomar el control de las aguas de regadío, lo que permitiría cambiar para siempre la estructura de poder en el sector agrícola. Si bien todos los sectores –incluida la Iglesia- concordaban con la necesidad de hacer mejoras en el campo chileno debido a su falta de modernidad, con la legislación promovida por Frei se abrió paso a la erosión del derecho a la propiedad, que llegaría a su clímax durante la gestión de la Unidad Popular.

 

Los autores son críticos con el movimiento desencadenado en la administración DC: “La reforma agraria con Eduardo Frei Montalva intensificó el proceso expropiatorio, trajo incertidumbre, frenó el desarrollo económico y no creó nuevos propietarios. Por el contrario, fue la mecha que encendió la pólvora, estallando la violencia en el campo chileno, un anticipo del clima de violencia que más tarde se extendería a lo largo de Chile (…) Los campesinos, a instancias de los agitadores creyendo que hacían valer sus derechos, se enfrentaron físicamente a los propietarios de fundos, quienes se organizaron para defender lo que era propio”.

 

Otro proceso puesto en marcha en esos años fue la “chilenización” del cobre. El término fue introducido por Frei para distinguirlo de la nacionalización de las empresas cupríferas extranjeras en su gobierno. El objetivo era menos ambicioso: una mayor presencia del Estado en su propiedad para asegurar un mejor reparto de las utilidades de la “viga maestra” de la economía nacional. Para Frei era importante no enemistarse con Estados Unidos, no sólo por sus convicciones políticas, sino que, como señalan los autores, por el apoyo financiero que había tenido desde Washington para su triunfo en las elecciones de 1964. “Para Estados Unidos, esta intervención demostraría ser sólo el principio, en ningún caso el final, de sus esfuerzos para combatir a Salvador Allende, a quien consideraba no solo como una amenaza para sus intereses, sino además para el mantenimiento de la democracia y las libertades en Chile”.

 

Junto con hacer un análisis del pensamiento internacional del gobierno de Frei y de la actividad económica durante su periodo, en la que destaca su intento por dar una solución definitiva al problema habitacional, el Tomo 3 también realiza un panorama de la situación de los partidos políticos. Por ejemplo, de la fusión de los decimonónicos partidos Conservador y Liberal en el Partido Nacional y su ideario en pos de la libertad política y económica, contrario a cualquier forma de colectivismo y de lucha de clases, o de la casi desaparición del Partido Radical debido al éxito electoral de la Democracia Cristiana, que lo vino a reemplazar como referente de la clase media.

 

Especial atención recibe la radicalización e intransigencia crecientes de la izquierda, reflejada en el surgimiento del MIR y la adscripción del Partido Socialista a la vía armada como una de las maneras para conquistar el poder y transformar el orden vigente. “En noviembre de 1967 –sostienen los autores— el Partido Socialista realizó su famoso Congreso de Chillán. En esa ocasión la colectividad histórica, fundada en 1933 y que era parte del sistema democrático chileno, proclamó que ‘la violencia revolucionaria es inevitable y legítima’ para llegar al poder, concluyendo que ‘sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista´. Lo interesante es que se trataba de un partido con representación parlamentaria –y no un movimiento pequeño o marginal-, e incluso el presidente del Senado (Allende) durante ese año pertenecía a sus filas”.

 

Sociedad y cultura en los 60

Si el Tomo 3 aborda la realidad política del Chile de Frei, el Tomo 4 se centra en la sociedad y la cultura de aquellos años, para finalizar en la explicación sobre las condiciones que permitieron el triunfo de Allende en 1970.

 

En el capítulo titulado La cultura en los rebeldes sesentas, los autores explican los efectos de la Guerra Fría en la cultura. Son los tiempos del Boom Literario Latinoamericano, del encaminamiento de Neruda al Nobel (1971), de Violeta Parra y la Nueva Canción Chilena, del muralismo y el florecimiento del cine, y también de la influencia de la Revolución Cubana en la cultura chilena. La mayoría de los “artistas e intelectuales jugaron un activo rol en la difusión de las ideas radicales de cambio y buscaron, a través de sus propuestas estéticas, influir y movilizar hacia la crítica primero y la revolución después”. No todo, sin embargo, se analiza con el prisma político: también se tratan los cambios en la manera de veranear de los chilenos o la influencia del Festival de Viña del Mar, los boleros y la música cebolla.

 

También se aborda el rol de Iglesia. Una institución que, según los autores, “en la práctica, aunque no de manera oficial, asumió como propia la candidatura de Eduardo Frei”.  A partir del Concilio Vaticano II, algunos sectores eclesiásticos planteaban la necesidad de no sólo conformarse con reformas espirituales, sino que demandaban asimismo cambios políticos, económicos y sociales, lo que dio pábulo a un fuerte clericalismo. La oposición de la Democracia Cristiana al marxismo y su deseo de hacer cambios sociales parecían concordar con las enseñanzas sociales del magisterio. Serían años turbulentos y de división en la Iglesia, manifiesta en temas como el rechazo al control artificial de la natalidad expresado en la encíclica Humanae Vitae o el surgimiento de la teología de la liberación y su diálogo con el marxismo.

 

Los autores subrayan también las reformas educacionales impulsadas por la administración Frei. Parten relatando el estado de la educación en 1960: “La incapacidad del sistema para hacer realidad la obligatoriedad de la enseñanza primaria; los altos niveles de deserción y ausentismo escolar, que se acentuaban especialmente en la educación secundaria y en las zonas rurales; el analfabetismo presente en un porcentaje importante de la población; la escasa instrucción técnica y la desconexión general de los estudios con el desarrollo económico y social, eran parte de un cuadro de manifestaciones de pobreza y falta de oportunidades que afectaban especialmente a los sectores populares”.  Frei puso el foco en el plano cuantitativo y la cobertura del sistema, mediante la construcción de numerosas escuelas y la formación de cientos de profesores que ayudasen a paliar esta realidad deficitaria. Se crearon los niveles básico y medio de educación escolar, se insertaron los cursos de orientación con el propósito de que los estudiantes pudiesen darse cuenta de si su vocación era más humanista o científica, y “mediante el decreto N°7.512, el gobierno definió un uniforme escolar para los estudiantes de enseñanza media de todos los colegios y liceos de Chile (…) el uso del jumper se hizo obligatorio para las mujeres, mientras que los hombres debían usar un vestón sin solapas”.

 

Este tomo también aborda las reformas universitarias de esos años. Bajo el lema “nueva universidad para una nueva sociedad”, el mundo universitario entraba en sintonía con esta época de cambios profundos y revolucionarios. El debate sobre qué debía ser la universidad y cuál era su función social produjo disputas internas –incluidas tomas y protestas públicas- en las que se proponían cambios a través del control de las federaciones de estudiantes. Se apelaba a una universidad comprometida con el cambio social, que dejara atrás la exclusiva visión de la universidad como reproductora de profesionales que preservaba, según la crítica, las estructuras de poder que hasta entonces operaban en la sociedad.

 

Hacia el final, el Tomo 4 vuelve a la arena política. Concluye con el fin del gobierno de Frei y las divisiones al interior de la Democracia Cristiana que dieron origen al MAPU, ala más radical que deseaba profundizar en las reformas. Asimismo, deja presentados a los aspirantes a La Moneda para la elección de 1970.

 

Los autores se preguntan sobre la figura de Frei. Señalan que “tuvo logros y frustraciones” y se preguntan, como hicieron desde la derecha tradicionalista en esa época, si fue “el Kerensky Chileno”: “Algunos de los proyectos más emblemáticos del gobierno de Frei se interpretaron no en clave de alternativa al marxismo, sino como preparación para un régimen socialista. En esta línea, la reforma agraria era un ataque a la propiedad que luego sería extrema, la Democracia Cristiana tendría un complejo anti derechista”.

 

La obra queda suspendida en camino hacia la decisiva elección de 1970 y sus consecuencias, cuando la revolución en libertad sería reemplazada por el experimento revolucionario con vino tinto y empanadas liderado por Salvador Allende hasta su trágico final. Habrá que esperar un tiempo para que el equipo de historiadores de la Universidad San Sebastián comience a narrar el gobierno de la Unidad Popular. El excelente trabajo desplegado hasta ahora hace que la espera valga la pena.

 

 

 

 

 

 

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