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Publicado el 12 de febrero, 2017

Repensando la gestión de riesgos y desastres en Chile

Los desastres naturales ponen a prueba a instituciones privadas y públicas que dependen de recursos, pero también de planteamientos técnicos para desarrollar la recuperación.
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Las últimas semanas han puesto en evidencia a nivel nacional lo dantesco que es el poder desenfrenado de la naturaleza en los incendios forestales, causado por la falta cultural del chileno en el cuidado del medio ambiente, o por la acción intencional de algunos desadaptados. Sin lugar a dudas, esto nos sitúa en un momento crucial de nuestra historia para volver a pensar la gestión de riesgos y desastres en Chile.

No debemos olvidar que nuestro país ha sido afectado por diversos desastres naturales que nos han puesto a prueba: terremotos, tsunamis, incendios, aluviones y marejadas son fenómenos que han generado situaciones en donde la gestión del Estado ha tenido un rol importante, al igual que la acción de cientos de voluntarios que han entregado horas de descanso para socorrer a los más desprotegidos en estos complicados contextos.

Es clave recordar que una vez producido el desastre se ponen a prueba una serie de instituciones, tanto privadas como públicas, las cuales dependen evidentemente de recursos, pero también de planteamientos técnicos que son necesarios para desarrollar la recuperación. Ejemplo de esto son los diferentes cuerpos de bomberos de nuestro país, que han logrado desplegar en forma efectiva una importante cantidad de recursos que son financiados por autogestión y fondos estatales que nunca son suficientes. La Junta nacional de Cuerpos de Bomberos ha ayudado desde su fundación a focalizar y estandarizar la labor de este importante recurso humano que una vez más ha demostrado estar a la altura de las circunstancias.

Por otro lado, tenemos instituciones como el Ejército de Chile, la Armada, la Fuerza Aérea y Carabineros, que han actuado según sus planificaciones y generado acciones efectivas ante los desastres, y que también han producido un importante cuerpo de lecciones aprendidas que, como siempre, depende de la decisión del poder político darles operatividad en beneficio no de un Gobierno, no de los políticos de turno, sino de los habitantes de Chile.

De esta manera, el proceso de gestión de riesgos y desastres, que nuevamente comienza no tan solo en el sur sino en varias zonas de nuestro país -recordemos los aluviones en el norte y los incendios en Valparaíso-, debe tener en perspectiva que ocurrirán nuevos desastres por la acción de la naturaleza.

Este ciclo nos lleva a concluir que por cada dólar invertido se ahorran siete a la larga. El proceso de gestión de riesgos y desastres pasa necesariamente por la planificación estratégica de sus instituciones, no tan solo operativa. Es decir, podemos tener una flota de aviones, pero de muy poco sirven si sus mantenciones no se realizan a tiempo y no cuentan con las capacidades necesarias para su operatividad. Es necesario establecer una cultura del riesgo y desastre. Mucho de esto ya se encuentra incorporado en nuestro carácter nacional, por ejemplo, sabemos que ante un fuerte sismo y estando en zonas costeras debemos ir a la parte alta de nuestra ciudad.

Sin embargo, nos falta mucho por avanzar en generar formación en la malla curricular de escuelas, liceos y en las universidades, para generar conciencia no solo de que somos un país sísmico, sino también de aluviones, incendios y otros desastres, ya sean de origen natural o antrópicos. Es en este sentido en donde los gobiernos locales tienen mucho que nutrir con su experiencia al Gobierno central, con programas experimentales que hayan sido exitosos o no.

Desde otra perspectiva, es necesario revisar nuestra institucionalidad relacionada con el tema, no es posible que la Defensa Civil esté con un presupuesto tan miserable, al mismo tiempo que otras instituciones manejan cientos de millones de pesos que se “invierten” en burocracia. Es necesario tener una mirada estratégica, a largo plazo y ampliamente adaptable, que permita afrontar estas duras situaciones, no tan solo en temporada de incendios, sino también en forma prospectiva ante diferentes situaciones que podrían generarse en nuestro territorio.

Es claro que esto no se soluciona gestionando nuevas leyes, aunque muchas de ellas están en el Congreso “dormidas” a falta de voluntad política del actual oficialismo por no ser ellos los autores, como el nuevo sistema de protección civil, la CONAF pública y desincentivar la plantación de especias arbóreas altamente combustible alrededor de radios urbanos, entre otras. Es necesario generar una estructura que nos permita establecer en forma eficiente una operación estratégica de estos difíciles momentos, establecer medidas que sean directas, incluyendo protocolos que faciliten la ayuda internacional, sea privada o estatal, para que el uso de recursos sea el óptimo en beneficio de todos los habitantes de nuestro país.

¿Un desafío imposible? No hay nada imposible para la voluntad de quienes servimos a Chile. La discusión debe plantearse, pero aún más importante es generar herramientas concretas, que no dependan de la buena voluntad, sino de la iniciativa rápida y certera de quienes creemos que Chile no puede esperar a otro desastre para comenzar hablar de las multi-amenazas, Gestión de Riesgo de Desastres y reacción, como en una “película” que lamentablemente parece repetida.

Los mártires que han cobrado estos incendios merecen que en su memoria trabajemos en serio, con una mirada a futuro y en forma estratégica, para evitar que nuevamente nuestro pabellón se enlute por la falta de recursos y mala gestión. La sociedad civil, de nuevo, reacciona más eficaz y velozmente que el Estado en situaciones de crisis.

 

Francisco Chahuan Chahuan, senador RN

 

 

FOTO: MARIO DAVILA/AGENCIAUNO

 

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