El miércoles pasado, el ministro de Hacienda dio a conocer un documento titulado “Un nuevo pacto fiscal de largo plazo”. Para explicar lo que es, cita a la Cepal, que lo define como un “acuerdo sociopolítico básico que legitima el papel del Estado y el ámbito y alcance de las responsabilidades gubernamentales en la esfera económica y social”.

Según lo expresado en el documento, nuestro pacto fiscal está deslegitimado y es percibido como injusto, que las personas demandan que el Estado reduzca los niveles de desigualdad y perciben que nuestro sistema tributario no contribuye a ello, exponiendo a continuación opiniones supuestamente ciudadanas, pero sin citar la fuente de los datos. Según éstos, “el 74% cree que el Estado debe reducir las diferencias entre ricos y pobres, un 63% que no hay justicia en la distribución de las cargas tributarias; un 84% que el sistema tributario beneficia a los más ricos y es injusto con las y los trabajadores comunes y corrientes y finalmente que un 78% opina que hay tantos vacíos en favor de los más ricos, que se justifica el no pago de impuestos por parte del resto”. Pero ¿quién define lo que es ser rico? ¿Con qué nivel de ingreso se comienza a ser rico y por lo tanto “injustamente beneficiado”?

Continúa el documento sosteniendo que “nuestra carga tributaria actual es insuficiente para responder a las demandas sociales, ambientales y económicas que han manifestado las y los ciudadanos”, que “no hemos logrado reducir la desigualdad a través del tiempo y, a diferencia de la mayoría de los países de la OCDE, no utilizamos el sistema tributario para reducir la desigualdad de mercado”. 

Para demostrar lo antedicho, compara el coeficiente GINI de nuestro país con el de los otros miembros de la OCDE, cita que le daría sustento a la necesidad de un nuevo pacto fiscal. Lo que no se dice es que la comparación es con los países más desarrollados del mundo, pero cuando nos comparamos con Latinoamérica, Ecuador, México, Nicaragua, Paraguay, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Colombia, Honduras y Brasil, este último en el top de la tabla, tienen coeficientes Gini superiores al nuestro. Pero esto no se informa.

El documento continúa comparándonos con la OCDE, afirmando que “la regresividad de nuestro sistema tributario está relacionada con la baja recaudación en impuestos personales, tanto a la renta (pero si solo el 25% paga este impuesto) como a la propiedad”. 

No reproduciré los 13 principios para un nuevo pacto fiscal que se exponen a continuación, porque creo que lo relevante es entender que lo que se pretende hacer es una reforma tributaria  en base a un diálogo social (durante mayo), cuyos objetivos son “incorporar los planteamientos de las organizaciones de la sociedad civil respecto a los principios que guiarán el nuevo pacto social; establecer un diálogo fructífero con organizaciones sociales, de trabajadores, pymes, grandes empresas, colegios profesionales y el mundo académico; ampliar la discusión a grupos que no han participado previamente en espacios de discusión tributaria y utilizar los resultados sistematizados de los encuentros para el diseño de la reforma tributaria”. 

Lo que se procura con este diálogo social -en una materia que ya para los expertos es compleja- no es otra cosa que repensar el rol del Estado en la economía y la sociedad, como se señala en el sitio www.reformatributaria.cl, donde se pueden inscribir quienes deseen participar. Si esto lo asociamos a lo que está ocurriendo en la Convención Constitucional, queda claro que existe una marcada intencionalidad de limitar lo más posible el rol de los privados e incrementar la influencia y el control del Estado en las más diversas actividades. Y para eso requieren más impuestos. 

Chile no es un país desarrollado, con una economía estancada, con alta inflación al alza, con un gobierno inexperto y con una gran incertidumbre jurídica porque no se sabe que pasará en el plebiscito de salida y las consecuencias de su resultado. Si los diálogos sociales serán los ingredientes para el diseño de la reforma tributaria, podríamos repetir la experiencia de la CC, donde los grupos políticamente más radicales la dominan, con los resultados que ya están a la vista.   

*Jaime Jankelevich es bioquímico, consultor.

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