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Publicado el 09 de septiembre, 2018

Rafael Ruano: Humanos con ranking

Asesor de empresas Rafael Ruano

La ciencia ficción muchas veces termina siendo una precursora de la realidad. Lo que está pasando en China con el Sistema de Crédito Social da cierto temor.

Rafael Ruano Asesor de empresas
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Hemos hablado mucho de los efectos de la cuarta revolución industrial y la digitalización en las personas, en los trabajadores y en los ciudadanos de cualquier país. Pero nunca pensamos que esto podría generar divisiones  sociales, lo que en realidad sí está pasando.

 

La serie de ficción “Black Mirror” muestra una sociedad en la que todos se “puntúan” entre todos, lo que deriva en una serie de beneficios. Narra las aventuras de Lacie Pound, una mujer que, con una puntuación de 4.2, desea desesperadamente llegar al 4.5 para tener acceso a la compra de un apartamento de lujo. Para ello contrata consultores que la asesoran en su comportamiento social, pero el hecho de tener un hermano que no está interesado en los ránkings le genera una penalización, pues se estaría rodeando de gente peor que ella. Intentando acceder a la boda de una amiga que goza de un alto ránking, para aumentar su propia puntuación, le suceden una serie de desventuras que le comportan puntuación negativa de la comunidad, hasta el punto que es arrestada y llevada a prisión por mal comportamiento social.

 

Este sistema de puntuación ya lo hemos visto en otras series de ciencia ficción, y, como pasa muchas veces en este campo, termina siendo una precursora de la realidad. Y esto es lo que está pasando en China.

 

El “Sistema de Crédito Social” es un sistema nacional de reputación, generado como idea por el Gobierno Chino en 2014. Actualmente está en marcha blanca y estará en funcionamiento total en 2020. Los resultados dan cierto temor. Basado en un escaneo masivo de la población y el tratamiento de datos via big data, el sistema es un vigilante masivo de lo que hacen los ciudadanos chinos, acumulando puntuaciones para cada persona en relación a su comportamiento.

 

El sistema observa indicadores tales como por dónde navegan las personas cuando se conectan a internet, quiénes son sus amigos y qué ránking tienen, de quién se rodean, qué dicen en sus mensajes privados en las redes sociales, cuántas multas de tráfico han acumulado, qué solvencia tienen en sus pagos, qué expediente académico pueden acreditar, cuáles son sus compras, qué hacen en su tiempo libre, qué periódicos leen, cuántas veces se han casado o por dónde se desplazan, etc. Estos datos permitirán evaluar el puesto que cada persona tendrá en el ranking. Para medir el comportamiento correcto o no de las personas, los datos son recogidos de multiples fuentes: Ggobierno y administraciones públicas, empresas privadas, redes sociales, comportamiento en la calle, en base a cámaras, etc.

 

Es cierto que hay varios tipos de ranking en ciertos países para obtener ayudas estatales, para conseguir un crédito, etc., pero basarse en el comportamiento normal de una persona, en qué lees, en qué haces en tu tiempo libre, y que además le afecte a los tuyos, me parece irracional.

 

Las implicancias del sistema se empezaron a ver este 2018, aunque el sistema no esté totalmente implementado. Por un lado ha habido restricciones a pasajeros de avión, que vieron como se les denegaba el acceso al vuelo al comprobarse sus bajos indices sociales. A otros se les ha impedido el acceso de sus hijos a determinadas escuelas (las mejores). Se les reduce la velocidad de conexión a internet. Se les deniegan créditos bancarios, trámites burocráticos, acceso a hoteles. Y, por supuesto, la puntuación en el sistema de crédito social condiciona las posibilidades de acceder a un buen trabajo.

 

No hace falta profundizar en las implicaciones del sistema en la dinámica de relaciones sociales y en sus connotaciones éticas. Los mejores puntuados evitarán todo contacto con los peores, mientras que éstos intentarán desesperadamente relacionarse con alguien mejor. Una persona con un bajo ranking social será sistemáticamente evitada por los que la rodean. Incluso empresas de contactos matrimoniales comparan los ránkings sociales de sus usuarios para impedir que se formen parejas asimétricas. Claramente en esta nueva era digital y robotizada, serán los “malos” los que se queden sin trabajo.

 

Pero, ¿quién decidirá o definirá el comportamiento deseable que fija el óptimo de los patrones de medida? ¿Visitar webs de otros países o leer ensayos políticos de un determinado tipo es antisocial? ¿El pensamiento crítico no es deseable? Más allá de las brutales connotaciones de un tipo de sociedad tenebrosa y orwelliana dirigida top-down por discutibles ránkings digitales de comportamiento, cabe preguntarse: ¿cuál es el destino final de esa sociedad? ¿Llevaría ese mecanismo a la creación de una casta de parias excluidos? Y, entonces, ¿qué se debería hacer con ellos?

 

Es cierto que hay varios tipos de ranking en ciertos países para obtener ayudas estatales, para conseguir un crédito, etc., pero basarse en el comportamiento normal de una persona, en qué lees, en qué haces en tu tiempo libre, y que además le afecte a los tuyos, me parece irracional. Esperemos que en Chile no llegemos a eso.

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