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Publicado el 08 de enero, 2020

Rafael Ruano: ¿Cómo será el trabajo en el futuro?

Asesor de empresas Rafael Ruano

Cada vez tenemos más información y más tecnología en nuestras manos, pero menor poder adquisitivo y mayor precariedad laboral.

Rafael Ruano Asesor de empresas

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La digitalización es una fuerza exponencial que, entre otras cosas, responde a la famosa Ley de Moore. Edgar E. Moore, cofundador de Intel, predijo en 1965 que cada dos años se duplicaría el número de transistores o dispositivos en un semiconductor o microprocesador. Posteriormente, el mismo Moore cambió su ley: de dos años, pasó a uno. Lo cierto es que esta ley se sigue cumpliendo, pero no solo por el número de transistores, sino por la rapidez de éstos, por lo que el efecto real es que cada 18 meses se duplica la capacidad de los microprocesadores. En términos prácticos, esto significa que la capacidad de procesar datos se multiplica por dos cada año y medio, aproximadamente.

Es así como, de forma creciente en progresión geométrica, cada vez tenemos más potencia en el tratamiento de información, lo que revierte en infinidad de aplicaciones en la economía, en la salud, en la administración, en las finanzas o en el ocio. En negocios, además, quien dispone de los algoritmos y de los datos tiene una ventaja competitiva realimentada: cuanta más capacidad de proceso, más precisión en las decisiones, más atractivo para los clientes, más datos de los mismos, mayor capacidad de refinar los algoritmos y, de nuevo, creciente capacidad de atraer nuevos clientes.

La resultante de todo esto es, como hemos visto en los últimos años, la emergencia de corporaciones exponenciales, como Amazon, Google, Microsoft, Samsung o Facebook, entre otras, y del mismo efecto a nivel país; básicamente Asia, con China a la cabeza, es cada vez más similar a una autocracia automatizada.

Si aplico teorías neoliberales, diría que los ganadores se lo llevan todo, y así parece. En medio, unas antiguas clases medias occidentales acomodadas ven cómo se convierten en las grandes perdedoras del juego del cambio tecnológico global. Cada vez tenemos más información y más tecnología en nuestras manos, pero menor poder adquisitivo y mayor precariedad laboral. Por las grietas del cambio sísmico fluye rápidamente el populismo, vendiendo soluciones mágicas a problemas extraordinariamente complejos, que no son más que las evidencias de una disrupción en el orden internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial, y una rápida evolución hacia un nuevo orden inquietante y todavía desconocido.

En este escenario, o introducimos innovaciones sociales radicales, o la revolución está servida. La Renta Básica Universal parece la solución a la que apuntan muchos expertos.

Dos cosas parecen claras: por primera vez, la humanidad dispone de las herramientas y el conocimiento para generar riqueza y prosperidad a gran escala. Pero, por otro lado, estas mismas herramientas (la tecnología) amenazan con un futuro precario, sin trabajo y con graves tensiones sociales y políticas.

¿Estamos preparados para un futuro en el que, según algunos estudios, hacia el 2060 toda tarea humana podrá ser desarrollada por un algoritmo digital o un robot? Es evidente que, en este escenario, o introducimos innovaciones sociales radicales, o la revolución está servida. La Renta Básica Universal parece la solución a la que apuntan muchos expertos. Si toda tarea humana puede ser hecha por un sistema electrónico o mecatrónico, ¿podría ser que los humanos nos liberáramos de la obligación de trabajar? ¿Puede la condena, o la bendición bíblica, de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” que marcó la expulsión del Paraíso ser cuestionada gracias a la ley de Moore?

Yo creo que parcialmente, como entendemos hoy ganarse el pan, si se puede cuestionar pero a mejor. Este cambio vendrá de la mano de que gran parte del trabajo, como hoy lo entendemos, será automátizado, robotizado y digitalizado. Ya no habrá trabajadores en muchos trabajos actuales, y el objetivo es que estos trabajadores harán otras labores mas creativas, usando el trabajo de las máquinas como parte de su generación de ideas para lo que el mercado necesitará. Debemos imaginar una sociedad futura, a 50 años vista, donde las fuerzas de la tecnología han seguido operando en profundidad y transformando los procesos, productos, servicios y modelos de negocio. Una sociedad extremadamente culta, dotada de un fuerte pensamiento crítico e inmersa en una hiperproductiva economía del conocimiento. Una sociedad globalizada, que convergerá hacia un estándar económico común. Una sociedad de hombres y mujeres libres que, por el simple hecho de ser ciudadanos, tienen derecho a una renta básica, que les impide caer bajo los umbrales de la pobreza, y que es universal. Este instrumento sustituiría a gran parte de los ineficientes y burocratizados estados de bienestar actuales.

Podría ser que, al verse liberados del riesgo de la pobreza, muchos atrevieran a emprender proyectos personales. Quizás la RBU es una nueva forma de política de emprendimiento, una especie de venture capital for people.

No hablo de una especie de neocomunismo: la RBU significaría un suelo social mínimo, a partir del cual, por supuesto, seguiría operando la libertad económica y la iniciativa personal. ¿Por qué no un mercado de trabajo mucho más voluntario y dinámico, donde compatibilizar el trabajo en varios proyectos simultáneos, sin miedo a caer en la pobreza, en el marco de una economía intensamente digitalizada, productiva y flexible?

Numerosos focos de la investigación económica actual están puestos sobre esta idea. ¿Como se comportaría una población en estas condiciones? Se han hecho numerosos proyectos piloto en todo el mundo,pero ninguno tiene la escala y las condiciones que lo hacen concluyente. Algunos, como uno reciente de Finlandia, han sido muestras acotadas donde la renta se concede a poblaciones en riesgo de exclusión, con lo que sólo se observa una parte del fenómeno. ¿Qué pasa cuando otorgas una renta similar a población que ya trabaja? Podría ser que, al verse liberados del riesgo de la pobreza, muchos atrevieran a emprender proyectos personales. Quizás la RBU es una nueva forma de política de emprendimiento, una especie de venture capital for people.

El debate está abierto. Hace un año aproximadamente hablábamos de por qué los robots no deberían pagar impuestos. Andrew Yang, candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos y creador de Venture for América, es un defensor de esta idea. Él propone un dividendo de la libertad de 1.000 dólares mensuales para cada estadounidense. Dice que ha visto cómo Amazon no ha pagado nada en impuestos federales, a pesar de tener récord de ingresos.Si los grandes ganadores de la era tecnológica no pagan impuestos, no tendremos dinero para nada. Pero si somos capaces de beneficiarnos de estas innovaciones, podremos pagar $1.000 por mes a cada americano.

El sistema crea riqueza, pero no la distribuye. Hace un año escribía cómo las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial, penetrarían en todos los aspectos de nuestra vida. Ya estamos asistiendo a este efecto: autos, diagnósticos médicos, marketing… incluso lo hemos visto recientemente en Europa, en análisis contraterroristas.

El primer paso es construir economías avanzadas, intensivas en I+D, que permitan plantearnos reediciones del estado de bienestar.

El mercado de trabajo, queramos o no, sufrirá cambios significativos. Caerán viejos paradigmas, quizás pronto será más fácil sustituir un médico que una enfermera, o un director general de hotel que un limpiador de habitaciones: los sistemas de decisión algorítmica avanzan más rápidamente que los dispositivos mecánicos. No sé si la solución será la Renta Básica Universal. En cualquier caso, el primer paso es construir economías avanzadas, intensivas en I+D, que permitan plantearnos reediciones del estado de bienestar como las apuntadas, o quizás otras nuevas.

¿Y todo esto, cómo afecta a Chile? Hace algunos meses hablabamos de I+D+i y de cómo, si queríamos salir del estado en el que estamos, debíamos empezar a acometer la Estrategia Nacional de Innovación, pero no desde el prisma del Estado, sino desde la colaboración activa por clusteres, de empresas, Universidades y Estado al unísono. Invertir dinero para emprendimientos de universidades o de particulares sin la noción aplicada de clusteres (grupos de empresas e instituciones interconectadas en un campo particular de investigación y desarrollo de competencias) donde se comparta la tecnología, la financiación, los inventos y otros, no funciona y es, sinceramente, tirar el dinero. Pero como yo  no soy un sabio, solo les refiero a lo que se hace en países que ya llevan años aplicando este desarrollo innovativo, Corea del Sur, India, Japón, Estados Unidos, Alemania, países escandinavos y por supuesto el gran ganador, China.

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