Aunque todavía no cumple su segundo mes en el poder, el presidente Gabriel Boric padece del agotamiento típico de los gobiernos que ya están más cerca del final de sus periodos. Sin agenda legislativa y acosado por las difíciles circunstancias y los errores no forzados, Boric no ha logrado controlar el timón político del país. Como la convención constitucional tiene hoy más poder que el presidente, Boric debe hacer un esfuerzo por influir sobre el rumbo que está tomando el proceso constituyente. Ya que el éxito de su gobierno depende de que gane el Apruebo en el plebiscito de salida, La Moneda debiera hacer un esfuerzo más decidido para lograr que el contenido de la nueva constitución no sea tan malo como lo que hasta ahora ha sido aprobado por el pleno. Igual que el pasajero de un tren que va acelerando hacia al despeñadero, Boric debe hacer su mejor esfuerzo por lograr que el conductor de ese tren —la convención constitucional— jale el freno y evite seguir avanzando hacia el barranco.

Cuesta entender por qué Boric ha tenido tantos problemas para asumir el rol de liderazgo que debe tener la persona que fue electa presidente. Con su discurso a favor del diálogo a toda costa, idealizador de los movimientos sociales y la legitimidad de las demandas populares, parece seguir siendo un líder estudiantil más que un Presidente de la República. Como alumno en práctica en un trabajo que todavía no sabe hacer bien, Boric sigue empecinado en actuar como un estudiante y no como el político profesional que debe asumir responsabilidades de adulto.

Su discurso sigue siendo uno que combina momentos de madura lucidez con una retórica que corresponde más bien a la de un legislador que representa a un sector combativo y minoritario. Sus intentos por mostrar cercanía con la gente —intentando dialogar con personas en la calle, no siempre con buenos resultados— contrastan con su incapacidad para construir puentes con la oposición y con potenciales aliados en la centroizquierda. Es verdad que Boric ha tomado algunas posturas responsables en cuestiones esenciales, como su oposición al quinto retiro del fondo de pensiones. Pero su incapacidad para explicar por qué ahora se opone a lo que antes apoyó ha limitado su capacidad de convencer a los propios miembros de su coalición y, ciertamente, a la opinión pública que, mayoritariamente, sigue presionando por mantener esa insensata política cortoplacista.

Como el gobierno está contra las cuerdas cuando el partido recién está empezando, parece evidente que se precisa de un golpe de timón. Pero el problema no está solo en el disfuncional gabinete liderado por una ministra del Interior que ya tropezó demasiadas veces. El problema no se soluciona solo con traer gente más experimentada al gabinete. A menos que Boric asuma su rol de presidente a cabalidad—y deje de ser el alumno en práctica en La Moneda—el gobierno seguirá tropezando y dando vueltas en círculo sin avanzar en ninguna dirección.

Por eso, más que buscar nombres de ministros que puedan llegar a rescatar al gobierno o fórmulas de nuevos balances en el gabinete que den más peso a los partidos con más experiencia, la pregunta clave es qué se puede hacer para que Boric pase de ser el juvenil que debuta en la selección nacional a ser el líder del equipo. Como la gente lo escogió para ser presidente, Boric debe asumir el rol de liderazgo en un país que siempre —pese a lo que ilusamente cree la convención constitucional— ha tenido una cultura fuertemente presidencialista.

Hay buenas razones para creer que Boric se siente incómodo con la banda presidencial. Como casi todo alumno en práctica, parece añorar la libertad y bajos niveles de responsabilidad que implicaba ser estudiante universitario. Pero ha llegado el momento para dar el salto a la adultez y asumir la responsabilidad de ser el Presidente de la República. La única persona que puede salvar al gobierno de Boric es el propio Boric. El Presidente debe asumir su rol de tal y debe entender que, aunque a veces sienta que no debió hacerlo, ya está con la banda presidencial y debe asumir la responsabilidad que implica liderar el país. Figurativamente, debe aceptar que es hora de ponerse corbata y empezar a actuar como el presidente que el país espera que sea. Gobernar es desilusionar y decepcionar cuando responsablemente se toman decisiones que aterrizan los sueños en realidades y que logran avanzar gradual pero decididamente en construir un mejor país. Es hora de que el alumno en práctica entienda que su trabajo es hacer la pega bien y dejar atrás esos maravillosos años en que no existían tantas responsabilidades. Ahora que es Presidente, Boric debe actuar como tal. Solo Boric puede hoy salvar al gobierno de caer en la irrelevancia. Para salir del lodo en que ahora se encuentra, el gobierno debe tener en Boric a un líder que entiende que un gran poder implica una gran responsabilidad.

*Patricio Navia es sociólogo, cientista político y académico UDP.

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1 comentario

  1. No es tema de profesionalismo. El problema es que la política es la única experiencia profesional que tiene el presidente.

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