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Publicado el 07 de marzo, 2015

¿Qué tiene Chile que aprender de Europa?

Economista Manuel Bengolea
Si queremos encontrar una analogía chilena en Europa, es probable que estemos más cerca de la España de Zapatero que de la Alemania de Schröder, y todos sabemos cuál ha sido el resultado de una y otra.
Manuel Bengolea Economista
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El asistencialismo se ha convertido en una excusa para el bienestar del Estado y se disfraza como coste social, mucho gasto político, administraciones duplicadas, etcétera. Los servicios esenciales se ponen en peligro a medida que la pirámide de población se estrecha, es decir, que el número de jubilados y personas a cargo de otros se acerca peligrosamente al de contribuyentes. Si centramos la política económica en reducir la renta disponible, y no en incrementar la riqueza, el sistema de beneficios sociales entra en peligro. Lo anterior lo sabía Gerhard Schröder en Alemania (primer ministro social demócrata) cuando lanzó el programa “Agenda 2010”, de profundas reformas del modelo económico asistencialista imperante en Europa. Hoy nadie duda de que el país germano, gracias a estos cambios, ha sobrevivido mejor a la crisis, y su sistema de protección social es adecuado, garantizando la sostenibilidad y no obstinándose en mantener el coste. Schröder fue quien dijo que “no existe conflicto entre el estado de bienestar y el libre mercado”.

Cuando Schröder lanzó el plan “Agenda 2010” en el 2003, muchos lo criticaron diciendo que lanzaba una bomba al estado de bienestar. Las medidas fueron muy duras, incluyendo sustanciales recortes a las subvenciones por desempleo, introducción del copago en los servicios de salud y reducción en las pensiones. Además bajó los impuestos personales a todos los tramos de rentas.

En retrospectiva, y tomando en cuenta el impacto económico que causó la crisis “subprime” en Europa, Alemania goza hoy de la tasa de desempleo más baja de la Eurozona, los mejores niveles de bienestar, las tasas de endeudamiento más bajas, y a pesar de que ha tenido que pagar parte importante de la irresponsabilidad política de países como Grecia, Portugal y otros, sus perspectivas económicas no dejan de sorprender. Por otra parte, Francia, cuyo estatus económico en el 2003, al momento de introducirse el plan Agenda 2010, era similar al de Alemania, hoy tiene una realidad absolutamente diferente. Esto es, según proyecciones del FMI para 2015, el ingreso per cápita de los alemanes superará al de los franceses en cerca de US$ 5.000. En lo referente al desempleo las cosas son diametralmente opuestas, pues para el mismo periodo dicha entidad pronostica que Alemania alcanzará un 5.3% mientras Francia andará cerca de 10%. Y todo esto logrado con un endeudamiento total de gobierno respecto de PGB, que en el caso de Alemania alcanza un 70% y en el de Francia un 100%.

Si la comparación la llevamos a cabo con países europeos menos avanzados que Francia, las diferencias son aún más llamativas. El problema se explica por la escasa voluntad política que han tenido algunos gobiernos para someterse a la disciplina dura e impopular del orden fiscal, al rigor que demanda tener claro que la voluntad asistencialista de los gobiernos socialistas dura hasta que se acaba el dinero, como tristemente lo ha demostrado Grecia en la actualidad, cuyo gobierno ganó el poder con un discurso anti unión, anti austeridad, anti disciplina, obviando que su permanencia en el Euro pasaba por conseguir nuevos fondos, esto es endeudándose, entre otros con Alemania, que lisa y llanamente dijo que no.

Difícil saber el desenlace de la Eurozona. Sin embargo se puede aventurar que países como Irlanda y España, que han debido reestructurar sus economías -más por necesidad que por convicción- comienzan a ver frutos positivos de ello. De hecho, hasta la porfiada Italia está comenzando a hacer la pega. El gran ausente en materia de reestructuración ha sido Francia, cuyo gobierno socialista ha insistido con políticas económicas derechamente equivocadas. Y lo que es peor, su ineficacia está teniendo consecuencias a nivel político, y comienzan a emerger como solución candidatos ultra nacionalistas cuyas recetas son de pavor.

¿Qué tiene que ver lo anterior con la realidad chilena? Mucho y poco. Ciertamente, que Francia se meta en un embrollo económico y político no tendrá un efecto significativo en la realidad chilena. Lo relevante es sacar conclusiones de cuáles son las recetas que han sido probadamente exitosas en países de la Eurozona, para emular los buenos ejemplos que permitan a Chile seguir descollando, ya no sólo en el ámbito latinoamericano, sino que a nivel de países emergentes.

Desde el retorno a la democracia, Chile ha tenido un desempeño a todas luces sobresaliente al compararlo con las economías más importantes de la región, esto es Argentina, Brasil y Venezuela. Chile ha tenido el mayor aumento en el ingreso per cápita, a paridad de poder de compra, entre estos países. Es más, nuestro país a principios de la década del 90 era el más pobre de los cuatro, y hoy es el más rico y por diferencias bastante importantes, salvo con Argentina. Y no solo en este frente somos superiores, sino que también en lo que respecta a inflación, bienestar de la población en la forma más amplia de medirla, y qué duda cabe que nuestro sistema político, a pesar de todos los avatares al que ha sido sometido últimamente, igual sigue  siendo mejor.

Pero como en todas las cosas, lo que importa hoy es la dirección que vamos tomando y hacia dónde podría llevarnos, pues el pasado no sirve como seguro del futuro, y en Latinoamérica abundan los ejemplos de países que otrora fueron prósperos. Este es el problema de Chile hoy: tiene un montón de políticos que encuentran fácil vender la idea de que el bienestar lo provee el Estado, y no el esfuerzo individual; políticos que creen y pregonan que Chile posee los recursos y no se han parado a pensar que parte importante del logro de los últimos años se debe al increíble aumento del precio del cobre, obra y arte de los políticos chinos, no de la planificación estratégica de los nuestros.

Si queremos encontrar una analogía chilena en Europa es mucho más probable que estemos más cerca de la España de Zapatero que de la Alemania de Schröder, y todos sabemos cuál ha sido el resultado de una y otra. Cuando los gobiernos creen ser capaces, o tienen la convicción, como si se tratara de una profecía autorreferente, de acelerar el crecimiento económico y el bienestar de la población a través de política fiscal y de incrementar la deuda del gobierno, los resultados son malos. Si de verdad queremos dar un salto en bienestar, más vale no olvidar lo que hizo Alemania con su Agenda 2010 ni lo que dijo Schröder respecto de éste y el libre mercado.

 

Manuel Bengolea, Economista Octogone.

 

 

FOTO: CHAD MILLER / FLICKR

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