Chile se estremece y no puedo evitar preguntarme: ¿qué pensará en este momento Gabriel Boric? De los múltiples frentes de nuestra crisis, ¿qué será lo que más le preocupa, lo que le quita el sueño, lo que no habla más que consigo mismo? ¿Cómo leerá la situación actual, la posibilidad de una salida digna para Chile y su propio papel en este cuadro? ¿Será consciente de su responsabilidad histórica, la de conducir a un país fracturado que convulsiona en la cornisa de la democracia? 

Pienso en su edad ⎯somos de la misma generación⎯ y en que hace solo un año y medio no sospechaba el peso que le caería encima, y solo puedo solidarizar con él por la inmensa tarea que enfrenta. ¿Cuáles serán sus temores? ¿Cuáles, sus puntos de referencia? ¿Tendrá con quién aconsejarse, a quién acudir? 

No es fácil adivinar, a la distancia, sus pensamientos. Es posible que lo que muchos han descrito como las dos almas de Boric se encuentren en una intensa pugna en estos momentos. Quizás la disyuntiva se le plantea como una cuestión de lealtades: ¿a quién se debe realmente? ¿A su tribu, que lo hizo candidato, o al país, que le dio el triunfo y, con él, su voto de confianza? ¿A ciertas causas emblemáticas, que parecían justificar todos los medios, o al Chile real ⎯el de sus padres, el de sus abuelos⎯ y a las personas también reales que lo componen? ¿Son compatibles ambas lealtades, tal como las ha entendido hasta ahora? 

Gabriel Boric no es frívolo y dudo que haya evitado dejarse rozar por estas preguntas. Si de algún modo lo han alcanzado, tal vez la cuestión que ahora lo atormente es qué hacer. ¿Cómo forjar una identidad presidencial que no desconozca su origen político y que a la vez asuma a fondo la responsabilidad inédita que la historia le pone por delante? ¿Qué se necesita para que esta síntesis sea posible? ¿Hasta qué punto debe desoír el llamado de su tribu? ¿Cuáles son los núcleos irrenunciables de su pensamiento y qué aspectos de su discurso tienen que quedar definitivamente atrás? ¿Qué palabras, qué gestos, qué decisiones, qué equipos se requieren para hacer frente a este momento decisivo?

No querría estar en sus zapatos. Son preguntas duras, difíciles. Responderlas supone asumir riesgos y emprender un rumbo quizás irreversible en su trayectoria. Pero también hay riesgo en la inmovilidad, en la indeterminación, en la ambigüedad de lealtades. Chile llora desde hace años por orientación política, por alguien que conduzca el largo proceso de sanar las heridas históricas de cara a un nuevo consenso social. Y si Boric no intenta liderar este complejo momento pensando en todo Chile ⎯con la posibilidad siempre abierta de fracasar⎯, se transformará en un dato marginal de un período convulso, arrasado por otras fuerzas que llevarían al país al despeñadero. Solo abandonando el nicho podrá estar a la altura de su misión. 

Si tuviera la posibilidad de conversar con él le preguntaría honestamente: Gabriel, ¿piensas en todo esto? ¿Cuánto más vas a esperar a tomar decisiones que, aunque inquiete admitirlo, serán sin vuelta atrás?

*Francisca Echeverría es investigadora de Signos, Universidad de los Andes.

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