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Publicado el 19 de diciembre, 2015

Primavera Árabe: Cinco años después

Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, U. Finis Terrae, Master en Ciencia Política Alberto Rojas
En marzo del próximo año Siria cumplirá cinco años de una guerra civil que ya suma más de 250 mil muertos y casi cuatro millones de refugiados en los países vecinos, además de los miles que intentan llegar a Europa.
Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, U. Finis Terrae, Master en Ciencia Política
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En su momento, fue casi un hecho policial. Sin embargo, el episodio inició el mayor cambio político que el mundo árabe ha experimentado en décadas. Y el responsable de eso fue el joven Mohamed Buazizi.

Tunecino, vendedor ambulante y con apenas 26 años, marcó un giro en la historia cuando el 17 de diciembre de 2010 se prendió fuego frente a un edificio de la administración pública. ¿La razón? La policía le había confiscado el carrito en el que vendía su mercadería, supuestamente, por no tener los permisos correspondientes.

Buazizi falleció el 4 de enero de 2011 producto de las graves heridas. Pero incluso antes de su muerte, la indignación de los tunecinos con las autoridades ya se hacía sentir en las calles. Y diez días después, el Presidente Zine el Abidine Ben Ali —quien había gobernado Túnez durante 24 años— abandonó el país y se exilió en Arabia Saudita. La Primavera Árabe había comenzado.

El “efecto dominó” siguió su curso en Egipto, donde las protestas contra el Presidente Hosni Mubarak se multiplicaron por el país. Ante la violenta represión contra los manifestantes, Estados Unidos —su principal aliado— le quitó todo respaldo. De esta forma, en febrero de 2011, Mubarak renunció a su cargo tras 30 años en el poder y tuvo que enfrentar a la justicia por la muerte de manifestantes y acusaciones de enriquecimiento ilícito.

Por su parte, el Presidente yemení Ali Abdullá Saleh intentó neutralizar las protestas en su país asegurando que renunciaría al poder en 2013. Una promesa difícil de aceptar por los manifestantes, considerando que él había gobernado Yemen del Norte entre 1978 y 1990, para luego convertirse en el Mandatario del Yemen unificado. Finalmente renunció a su cargo en noviembre de 2011 y al año siguiente se exilió en EE.UU. tras una inmunidad otorgada por el Parlamento.

Libia fue la siguiente ficha en caer. Sin embargo, en este caso las protestas dieron paso a revueltas a gran escala que condujeron a una guerra civil, la cual —gracias al apoyo aéreo de países como Estados Unidos y Francia a los rebeldes— concluyó con el derrocamiento y muerte de Muammar Gaddafi; el hombre que había gobernado Libia desde 1969.

Para entonces, Siria ya se había contagiado y los sirios también salieron a la calles exigiendo cambios, libertad y democracia. Después de todo, habían sido gobernados por Hafez al Assad desde que diera un golpe de Estado en 1970 hasta su muerte en 2000. Y luego por su hijo Bashar, en una clara sucesión dinástica.

Las protestas contra Al Assad dieron paso a revueltas que fueron respondidas con violencia por parte del gobierno de Damasco. Y de ahí hubo sólo un paso para que se desencadenara la guerra civil que hoy tiene a este país convertido en el principal foco de inestabilidad de Medio Oriente. La última ficha del “efecto dominó” quedó a medio camino.

Cinco años después de iniciada la Primavera Árabe, el balance está lleno de luces y sombras. Tras la caída de Mubarak, Egipto atravesó por un breve gobierno de los Hermanos Musulmanes que desembocó en una intervención militar que hoy tiene al ex general Abdelfatah al Sisi a la cabeza del gobierno. Y que ha convertido el nuevo Canal de Suez en su obra más emblemática.

Yemen arrastra una guerra civil por casi 10 meses que, a su vez, se ha convertido en el nuevo campo de batalla entre Irán y Arabia Saudita, ya que Teherán respalda a los rebeldes chiitas hutíes, mientras Riyad apoya a las fuerzas gubernamentales.

En el caso de Libia, el reciente acuerdo para formar un gobierno de unidad —sellado entre el oficialismo en Tobruk (reconocido internacionalmente) y los rebeldes que controlan Trípoli— ofrece esperanzas de poner freno al caos imperante desde la desaparición de Gaddafi, y que había convertido al país en un territorio propicio incluso para grupos radicales como el Estado Islámico (EI).

A su vez, en marzo del próximo año Siria cumplirá cinco años de una guerra civil que ya suma más de 250 mil muertos y casi cuatro millones de refugiados en los países vecinos, además de los miles que intentan llegar a Europa. Y con la perspectiva de que la intervención de Rusia —en principio para combatir al EI— sólo servirá para respaldar al régimen de Bashar al Assad.

En este contexto, Túnez parece ser el único país que ha logrado una transición política exitosa tras concretar elecciones democráticas en 2011, aprobar una nueva Constitución en 2014 y celebrar comicios legislativos a fines de este año. A lo que se suma que el Cuarteto para el Diálogo Nacional tunecino recibió el Nobel de la Paz 2015. Una excepción en medio de la inestabilidad y la violencia que aún presagian un largo camino hacia la paz y la democracia en la región.

 

Alberto Rojas M., Director del Observatorio de Asuntos Internacionales Facultad de Comunicaciones y Humanidades Universidad Finis Terrae.

 

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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