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Publicado el 14 de agosto, 2015

Presidenta: víctima de la incomprensión de la mayoría

En estos 17 meses, la Presidenta Bachelet ha elaborado una lista cada vez larga de culpables para explicar por qué los chilenos no estamos enamorados de sus reformas.

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La Presidenta Michelle Bachelet acusó el miércoles, desde Centroamérica, “bloqueos” a sus reformas. Además de la descortesía de ventilar desde otro país una conspiración de compatriotas en su contra, es extraño que la única Mandataria de Chile que ha contado con mayorías absolutas en ambas cámaras, se ampare en un bloqueo para justificar el fracaso de su gobierno y la aprobación más baja que se ha registrado en encuestas serias publicadas en nuestro país.

En estos 17 meses, la Presidenta Bachelet ha elaborado una lista cada vez larga de culpables para explicar por qué los chilenos no estamos enamorados de sus reformas. Si la entrevista que publicó La Tercera el domingo es un espejo de lo que realmente piensa, siente y planea para Chile en lo que resta de mandato, es muy difícil que asuma su responsabilidad. Primero, se niega a admitir que los cambios que está imponiendo al país están inspirados en ideas fracasadas hace rato en donde se aplicaron, que dejaron, además de pobreza, dolor y frustración en varias generaciones. Luego, no asume la responsabilidad por reformas diseñadas de manera improvisada, técnicamente mediocres y respecto de las cuales se cierra a admitir modificaciones (salvo que el Colegio de Profesores le haga un paro de 60 días). Tampoco reconoce que la forma de conducir esas reformas públicamente, a punta de eslóganes y caricaturas, ha generado no solo incertidumbre, sino también temor.

La Mandataria culpó primero a la incapacidad de su gobierno de comunicar las reformas: son buenas, pero la ciudadanía no las entiende. Luego responsabilizó a los propios chilenos por resistirse a los cambios “contraculturales”, ella comprendía el miedo natural, pero luego de un tiempo (dice que cuando termine su mandato), se habrán acostumbrado.

Este año, y cuando la economía ya estaba en el suelo (pasamos de crecer 5,3% en promedio durante cuatro años a crecer a 1,9%), se las arregló para que otros acusaran a los empresarios: están taimados y se niegan a invertir. La sola existencia de esa tesis prueba la completa ignorancia de un sector de la Nueva Mayoría de cómo se mueve la economía y que en ella participamos desde el más rico de los empresarios, hasta el más humilde de los consumidores.

En mayo el turno fue del comité político: la culpa del fracaso de las reformas, que ya entonces bordeaban apenas un tercio de apoyo, era de los ministros de La Moneda. Y procedió a reemplazarlos a todos, por primera vez desde el retorno a la democracia: Interior, Segegob, Segpres y Hacienda (cartera en la que, además, por primera vez se reemplazaba al titular durante un período).

Desde el miércoles, la Presidente de la República nos ha notificado, desde la capital de El Salvador, que es víctima de un bloqueo. Además de vaga, porque no precisa quién bloquea y con qué propósito, es una teoría que se cae por la propia experiencia del gobierno, que en el 2014 aprobó no una, sino varias reformas con las mayorías parlamentarias oficialistas.

Bachelet está convencida de que sus reformas son correctas. Se niega a admitir que son rechazadas por una creciente mayoría de chilenos, no desde hace un mes, sino desde hace un año; y no porque estén “bloqueadas” o porque no las entendamos, sino porque se oponen a la demanda mayoritaria de progreso con justicia social y porque contradicen la promesa que se les hizo en campaña: que sin dañar el crecimiento de la economía, las oportunidades de empleo y la calidad de vida de la clase media, se les garantizaría una batería de derechos sociales, gratis y de calidad.

Se prometió una reforma tributaria que pagaría el 1% más rico; pero se aprobó un alza de impuestos que está empujando la inflación, afectando a los emprendedores de todos los tamaños y a un amplio sector de la clase media y cuya recaudación no alcanzará ni siquiera para financiar la reforma educacional.

Se prometió una educación de calidad que no excluiría a nadie por falta de recursos. Y hasta ahora no se ha presentado una sola iniciativa que apunte a la calidad; se aprobó una ley que restringe de manera severa a los colegios subvencionados, que acogen a más de un millón de niños; y el beneficio de gratuidad en la educación superior dejará fuera al menos a 200 mil alumnos vulnerables de instituciones privadas y no exigirá calidad a las universidades estatales.

Se prometieron trabajos de calidad, pero hasta ahora los únicos empleos que aumentan son en el aparato público. Las jefas de hogar, aquellas que más se han inspirado en la Presidenta Bachelet, son las más perjudicadas: de 51 mil empleos creados en 15 meses, apenas 7 mil fueron para mujeres.

Uno podrá perdonar muchas cosas de la política, la rudeza de algunos para enfrentar al adversario, la ingenuidad de cierta izquierda para defender sus utopías, las caricaturas e incluso los eslóganes. Pero lo que parece imperdonable es que quien está conduciendo por segunda vez los destinos de Chile haya renunciado a asumir la responsabilidad por sus decisiones y prefiera pararse en el escenario como víctima de la incomprensión de quienes, desde su realidad, le están impidiendo cumplir con sus íntimos deseos.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.

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