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Publicado el 08 de octubre, 2015

¿Por qué la derecha no capitaliza en las encuestas?

La derecha se sigue pareciendo a la ingeniosa parodia que hace @elABC1 en twitter, donde los muestra como niños ricos, clasistas, conservadores y suponiendo que la verdad se termina en la misa de domingo o en la kermesse de colegio caro.
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La reciente encuesta CEP mostró un deterioro de la posición del gobierno. Hasta el último mes, en las encuestas Adimark y CADEM, el gobierno ha caído de manera sostenida. Los atributos que hacían poderosa a niveles míticos a la Presidenta Bachelet han mostrado un sostenido deterioro.

Como se ha dicho muchas veces, el gobierno ha perdido buena parte de sus electores desde la explosión del caso CAVAL. Pero lo que nunca ha quedado claro es hacia dónde se fueron.

Y la primera pregunta es por qué la derecha no ha logrado capitalizar los problemas políticos que tiene el gobierno y la tiene en un 10% de aprobación según la encuesta CEP y peor que la Nueva Mayoría. Las variables de entorno nunca fueron mejores en la historia para ese sector.

Tiene a su experiencia un gobierno democrático que fue de menos a más. Hay que recordar que la derecha no ganaba una elección desde hace más de 40 años y por el apoyo decidido a la dictadura, sus credenciales democráticas siempre eran puestas en duda. Con el gobierno de Piñera se terminaron muchos de esos fantasmas, de la misma manera que los socialistas desterraron el fantasma de gobiernos caóticos con Ricardo Lagos.

Por otro lado, Chile se ha convertido desde un país de pobres en los 80 a un país de clase media. Sectores que tienden a depender menos del Estado, y como muestran todas las encuestas recientes, tienden a mirar con mayor desconfianza a los políticos y a declararse fuera del eje clásico izquierda – derecha.

El gobierno y buena parte de la Nueva Mayoría sigue leyendo el panorama político bajo el lente de los teóricos del malestar provenientes del PNUD. Eso ha hecho leer de manera incorrecta el entorno, lo que le ocurre a las personas, y en particular leyeron erróneamente el movimiento estudiantil y la política de los años 90, que privilegiaba construir acuerdos por sobre el enfrentamiento. Eso le ha hecho perder mucho votante de centro, y en particular ha desperfilado enormemente a la Democracia Cristiana, que jugaba un rol importante como moderador de la antigua Concertación.

La derecha tiene candidatos como nunca, y si bien ha sufrido los golpes de los recientes escándalos políticos, el caso Penta palidece ante todo lo que se ha sabido después. Además la crisis de confianza de los políticos suele ser consistente con la derecha, que siempre se presenta como apolítica. Parece un buen tiempo para la vuelta del “cosismo” que puso de moda la UDI a finales de los 90.

La percepción económica se ha ido deteriorando, y las propias estimaciones de crecimiento van cada vez más a la baja. Peor aún, no se ve un punto en el tiempo en el cual pueda remontar el crecimiento y volver a las tasas que había en el gobierno de Piñera.

Entonces, si todo parece favorable, ¿por qué la derecha no tiene a ninguna figura con aprobación superior a 40% y, con la excepción de Ossandón y Piñera, todas sus figuras tienen mayor reprobación?

Hay varias razones al respecto, que van más allá de la clásica explicación histórica del canibalismo del conservadurismo chileno y su poca vocación de ser gobierno.

La primera es que la derecha, al igual que los teóricos del malestar que tienen acceso directo a la Presidenta, está leyendo mal la realidad. Piensa que la insatisfacción política de las personas con las autoridades actuales significa que están dispuestos a seguir ellos porque ejercen la incansable labor de criticar todo. Las personas siguen valorando que la política sea un espacio de acuerdo para mejoras sustantivas en el país.

Por otro lado, la derecha está enferma de “desalojismo”. De sus principales líderes solo se escuchan críticas destempladas y mucha hambre por volver a las oficinas cerca del metro Moneda. Pareciera que olvidaron que cuando Piñera ganó, fue porque se alejó de las tesis más duras de la derecha y eligió un camino de propuestas que parecieron más atractivas que la gastada Concertación.

Además de ello, la derecha no ha leído los cambios culturales de la sociedad chilena. Parecen todavía creer que lo que se habla en la misa del domingo es lo que quiere Chile. Las personas son más libres, pero en todo sentido. Prueba de ello es lo descuadrado de muchos líderes de los partidos de oposición en la discusión sobre el proyecto de despenalización del aborto, en tres causales extremas, o la alharaca que armaron cuando se distribuyó en los colegios un libro que explicaba la homoparentalidad. O peor aún, el doble discurso de crítica descarnada a los abusos de derechos humanos en Venezuela o en Cuba al mismo tiempo que el silencio o la relativización de la barbarie de la dictadura militar en Chile.

La derecha se sigue pareciendo a la ingeniosa parodia que hace @elABC1 en twitter, donde los muestra como niños ricos, clasistas, conservadores y suponiendo que la verdad se termina en la misa de domingo o en la kermesse de colegio caro.

 

Carlos Correa, Ingeniero Civil Industrial, MBA, consultor en comunicación estratégica y ex director(s) de la Secom.

 

 

FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

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