Acabamos de concluir el Mes de la Solidaridad, donde tuve la oportunidad de visitar la tumba de San Alberto Hurtado, fundador de USEC, lugar de profundo recogimiento y paz que recomiendo visitar a quienes aún no conocen. La campaña de este año, en memoria de los 70 años del fallecimiento del Padre Hurtado, giraba en torno a esta pregunta, simple y profunda: ¿podemos estar tranquilos?

Hoy somos llamados a ejercer nuestro deber cívico para decidir si aprobar o rechazar el texto propuesto por la Convención Constitucional, y te pregunto, cuando ya conozcas el resultado, ¿podrás estar tranquilo?, ¿podrás estar tranquila?

Durante este tiempo desde que conocimos el texto, en USEC hemos buscado contribuir al debate público con información y formación respecto de diversas aristas de la propuesta constitucional desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, con miras a que cada uno decida en conciencia, luego de un proceso personal de estudio y reflexión. Me parece que cada cual, al escuchar la voz de su conciencia, tendrá razones para responderse a sí mismo y ubicarse entre posiciones de poca tranquilidad hasta bastante tranquilidad, pero la pregunta no se refiere al resultado del plebiscito, sino a una búsqueda de una tranquilidad trascendente y duradera, y por eso no es simple responderla.

Esta tranquilidad no tiene que ver con evitar mis propios miedos, tiene que ver con mis acciones cotidianas y cómo ellas contribuyen o no a mejorar la vida de los demás en sociedad. Explica el Papa Emérito Benedicto XVI que “el diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad” (Caritas in Veritate, 57).

Más allá del resultado que tengamos en la votación de hoy, estoy convencido de que no podemos estar tranquilos. Eso sería conformismo y en cierta medida ceguera, para no reconocer que podemos hacer las cosas de mejor forma, si actuamos siempre propiciando el bien común y respetando la dignidad de la persona humana.

Desde USEC, renovamos hoy con más fuerza nuestro compromiso por promover la gestión de empresas centradas en la persona, representada por todos los públicos interesados en la propia empresa, partiendo por los colaboradores y sus familias, hasta la comunidad y toda la sociedad. Debemos trabajar para conseguir mejores productos y servicios, no solo en el momento de la venta, sino en todo su ciclo de vida. Es necesario fomentar la participación de todos los trabajadores, velando y promoviendo siempre su desarrollo humano integral. Tenemos que comprender y asumir el rol público de la empresa, independiente de su tamaño, como actores de la transformación social que somos y que Chile necesita.

Independientemente de la opción que elegimos, todos queremos un país más justo, próspero, solidario y humano. No podemos estar tranquilos, hasta que no existan, al menos en nuestro entorno accesible, compatriotas excluidos de este desarrollo humano integral. Necesitaremos ahora más que nunca, esa unidad de propósito para avanzar y siempre preguntarnos ¿Podemos estar tranquilos?

*Francisco Jiménez Ureta, presidente USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos

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