Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 03 de junio, 2015

Problemas de fondo y escenarios de salida

Académico UDP, ex ministro José Joaquín Brunner
José Joaquín Brunner analiza los escenarios para sortear la actual situación tal como se discuten en diferentes círculos bien informados.
José Joaquín Brunner Académico UDP, ex ministro
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Tomamos distancia esta semana del microanálisis de las dinámicas mutuamente reforzantes y progresivamente más destructivas entre crisis de conducción gubernamental, escándalos en la zona limítrofe entre negocios y política y el entrampamiento de la élite política sumida en un estado de perplejidad y confusión.

En cambio, hoy nos interesa explorar cuáles son los escenarios de salida de la actual situación tal como se discuten en diferentes círculos bien informados sobre los riesgos asociados a diversas trayectorias de solución.

Escenario de salida 1. Según sostienen algunos, estaríamos frente a uno de aquellos problemas que por no tener solución terminan resolviéndose solos, parafraseando a don Ramón Barros Luco. Por ahora, lo único que cabría es soportar las inclemencias de la coyuntura, resistir los embates de la opinión pública, sortear los obstáculos con la menor cantidad de errores posibles y esperar que aparezca un rayo de luz al final del túnel. ¿La Copa América quizá? ¿O la próxima encuesta CEP? ¿O esperar que el tiempo se vuelva circular, como en los hermosos versos de Elliot?: “El tiempo presente y el tiempo pasado/ Están tal vez ambos presentes en el tiempo futuro,/ Y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado”.

A ratos, el gobierno parece tan confundido y falto de conducción efectiva -se comenta- que su comportamiento parecería estar guiado por la regla de don Ramón.

Mas no basta con el deseo y la buena intención. Se necesita algo más. Primero, no incurrir en errores no forzados. Sin embargo, el gobierno cae en sus propias trampas comunicacionales casi diariamente, siendo la supuesta inexistencia de una pre-campaña la más reciente y riesgosa de todas. Segundo, no encontrarse uno acosado por fuerzas que lo obligan a moverse y resolver, con el consiguiente incremento de las probabilidades de errar, como le ocurre precisamente al gobierno. Si bien en este aspecto el gobierno continúa con la ventaja de no tener una oposición competitiva al frente, sin embargo se halla permanentemente empujado a la acción, a tomar decisiones y a abandonar su aparente letargo “barros-lucano”, incluso por sus propias fuerzas de apoyo. Parte de su problema está ubicado en su patio interior.

Escenario de salida 2. Efectivamente, el bloque rupturista -aquel identificado con la interpretación dogmática y maximalista del Programa y con una aspiración refundacional- insiste en que la mejor defensa es apurar las reformas, profundizar los cambios estructurales y usar para eso a la Nueva Mayoría (NM) en el Parlamento. Bajo el contundente símbolo de la retroexcavadora, este bloque siente contar con el aval de la votación obtenida por Bachelet y ve frente a sí un país alienado, enojado, al borde de la explosión, frustrado, desconfiado, cansado de promesas incumplidas.

Su misión -sostienen quienes se identifican con el rupturismo- sería restaurar la legitimidad del orden de la República para lo cual hay un claro en la oscuridad: AC, la asamblea constituyente. Convocarla ya, ahora mismo si fuese posible, permitiría resolver el nudo gordiano: sepultar a las élites que defienden el status quo, restaurar al soberano su verdadero poder, instituir una nueva Carta fundamental, adoptar “otro modelo” de desarrollo y, así, refundar la Nación.

Este escenario, sin embargo, ha ido progresivamente perdiendo viabilidad y fuerza. El bloque rupturista ha mermado su cohesión interna; la solidez de su vínculo con la Presidenta se halla resentida; el control de la caja fiscal salió de su esfera de influencia y la composición del Ministerio Burgos augura una orientación menos profética. De hecho, el bloque rupturista ha visto disminuir su poder desde antes del cambio de gabinete y del discurso del 21 de mayo.

Escenario de salida 3. El Bloque reformista ofrece a la Presidenta una tercera alternativa: reencontrarse con un proyecto de cambios mejor perfilado, organizado e implementado, al precio de abandonar la interpretación dogmática del Programa y recalibrar sus metas, medios y costos. Por ejemplo, en vez de una gratuidad incompleta y discriminatoria, reducir su aplicación inmediata al 40% de estudiantes de mayor vulnerabilidad inscrito en cualquiera institución acreditada, y luego al 50% hasta llegar al 70% más vulnerable, según lo permita el presupuesto de la nación. Esto significa abandonar el sueño ultramontano de la gratuidad universal por lo menos hasta el momento en que las oportunidades de estudio para los niños y jóvenes chilenos sin excepción, desde el jardín infantil al término de la educación media, se hallen generosamente financiadas y garanticen una buena calidad.

Una salida en esa dirección -menos voluntarista y epopéyica que la rupturista, pero probablemente más realista y efectiva- requeriría sin embargo un auténtico replanteamiento de la política gubernamental, que por ahora no parece contar con suficiente apoyo en la NM ni con la energía necesaria de la Presidenta para liderarla.

Escenario de salida 4. Entre quienes no ven posible ninguna de las anteriores salidas comienza a hablarse de una salida usual en gobiernos parlamentarios o semiparlamentarios, pero menos frecuente en regímenes presidenciales. Cual es, la formación de un gabinete de unidad o concertación nacional.

Esto, conjeturan, posibilitaría reunir las suficientes energías para dar un salto mas allá del abismo abierto por el ciclo de escándalos, dando lugar a una agenda centrada en: (i) la probidad de la política y en la empresa, (ii) la productividad de la economía, (iii) la calidad de la educación, y (iv) la reforma constitucional.

Supondría un acto supremo de generosidad y responsabilidad colectiva de la élite política, cosa sin duda difícil de lograr en este momento. No sería imposible, sin embargo, si acaso la NM se reordena, deja atrás las pretensiones refundacionales y reconoce hallarse, al igual que la oposición, en un atolladero. Por ahora no percibo señales de que nuestra élite política estuviese en condiciones, con sus actuales mandos, de arribar a una decisión de esta magnitud y complejidad. ¿Quizá más adelante?

Escenario de salida 5. Por último se conversa también, en sordina y casi suspendiendo la respiración, sobre la posibilidad de que la Presidenta pudiera finalmente dimitir. Tal afectación no es necesaria. La propia Presidenta se refirió a esta eventualidad cuando -en conversación con los corresponsales extranjeros a comienzos de abril pasado—afirmó tajantemente: “No he pensado en renunciar ni pienso hacerlo”, desvirtuando de esta manera el rumor que circuló por la pantalla y las páginas de algunos medios. Y ayer mismo volvió a reiterar: “Si una es Presidenta, no es para llorar”.

Con todo, el mero hecho de que la Presidenta sienta la necesidad de rechazar el sordo ruido que acompaña a este rumor, lleva a considerar esta alternativa siquiera sea como una remota, suspendida, posibilidad, que esperamos se mantenga en el reino de lo improbable.

De cualquier forma, llama la atención que ella haya entrado en el imaginario de segmentos ilustrados de la opinión pública (sea como temor, como deseo o como riesgo). Muestra la hondura, si se quiere, de las dudas e incertidumbres que circulan o bien la exasperación provocada por el actual estado de cosas: el ciclo cotidiano de revelaciones y filtraciones; las maniobras político-comunicacional-legales en torno a las denuncias, acusaciones e imputaciones; los apenas ocultos estratagemas por atribuir (o eludir) responsabilidades; el fingimiento y los inventos contrarios al sentido común.

En suma, delante nuestro hay cuatro escenarios: esperar que las cosas terminen por resolverse solas; romper el status quo mediante un corte drástico con la institucionalidad en crisis, refundando mediante una AC el ordenamiento político de la República; al contrario, rediseñar el Programa Bachelet sin dogmatismos a favor de una agenda reformista ajustada a las nuevas circunstancias; formar un gobierno de concertación nacional con un programa concordado que permita remontar la crisis de conducción con una amplia distribución de los costos a pagar. Existe un quinto escenario, el de la dimisión de la Presidenta, que por ahora sirve como un medidor de la gravedad de la situación y anticipa lo que sería una verdadera bancarrota de la élite gubernamental.

 

José Joaquín Brunner, Foro Líbero.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: