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Publicado el 06 de abril, 2020

Pilar Molina: Y no es broma

Periodista Pilar Molina

Yo me tomo en serio el enclaustramiento porque creo que es lo mejor que puedo hacer por mi país en este momento. Es harto poco, pero confío en las autoridades. Ojalá los que están considerando la pandemia una oportunidad no se ensañen exageradamente con un gustito del Presidente de tomarse una foto en la Plaza Italia, quien hasta días atrás miraba impotente cómo ese espacio público se lo habían adueñado los ultristas. Difícilmente esa foto determinará su modo de gestionar la crisis sanitaria y económica que enfrentamos. Y lo demás es hojarasca, como decía el ex presidente Ricardo Lagos.

Pilar Molina Periodista

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Estoy dentro de los casi 3 millones de chilenos que estamos en cuarentena. Aunque algunos creen que es un privilegio, para mí es un encierro. Hace menos de un mes teníamos serios problemas de orden público porque se habían levantado unos jóvenes (y no tan jóvenes) anarco-violentistas que destruían propiedad pública y privada a su antojo en diversos lugares críticos y se habían tomado lugares emblemáticos, como la Plaza Baquedano. Hoy, en esa comuna y otras 13, sus vecinos tienen que pedir permiso en la Comisaría Virtual para salir a comprar, autorización que rebajó la autoridad a solo dos veces por semana.

Parece broma, pero no lo es y pasamos de la agresión interna con la consigna “Renuncia Piñera” a la amenaza externa. De seres encapuchados desaforados destruyendo el país por dentro, a un virus extranjero que nos obliga a ponernos máscaras para protegernos. No mata más que la influenza, pero tiene al mundo patas para arriba porque es altamente contagioso y no existe, todavía, una vacuna.

Al plantear incertidumbre, el virus siembra el miedo. Y eso ha obligado a cuarentenas en todo el mundo, como la que también nos afecta a nosotros y a cientos de empresas en el país, que van paralizando gradualmente la economía. Un tercio, tal vez, ya está detenida y el gobierno está usando toda su capacidad para contener la pandemia, por un lado, y evitar, por el otro, que se pierdan los empleos, quiebren las empresas y cierren masivamente.

Nos estamos preparando para lo peor. Aunque la situación actual de Chile es mejor que la de cualquier país de América Latina, lo peor está por venir, nos aseguran. El ministro de Salud no descarta llegar a un peak de cien mil contagiados (hoy son menos de 4 mil). Yo entiendo poco, pero ¿cómo vamos a tener más que los 81 mil que ha reconocido China o los que suman los países europeos que tienen hasta 4 veces más muertos que esa nación asiática? En Italia los fallecidos superan los 15 mil.

Claro que hay incertidumbre, la que se ha añadido a la que sentíamos antes porque íbamos perdiendo el rumbo que nos había convertido en el modelo de desarrollo humano y económico de nuestro continente. Queríamos ensayar otras vías inciertas y sin resultados exitosos en ningún lugar del planeta, cuando un tonto virus, que muchos científicos ni siquiera consideran materia viviente, nos remató.

Y ahí estamos, encerrados, acatando, esperando, trabajando por internet los que podemos para poder generar ingresos y pagar a fines de mes a quienes ya no pueden trabajar para nosotros y tienen que mantener a sus familias y cumplir con los créditos hipotecarios y todas sus obligaciones. Por eso me extraña cuando veo a políticos hablando con toda soltura de lo que no entienden y sentenciando, como la diputada comunista Karol Cariola, “que otros países ya han superado” la pandemia. Mencionó a China, España e Italia, cuando están todos más aterrados que nosotros. China ignora si podrá recuperar la normalidad o la espera un segundo brote; Italia está con una letalidad del 12,3% y España encabeza el ranking del número de contagiados esta semana.

No es broma, nunca habíamos vivido algo peor que nuestra infección interna y ahora, el Covid 19 externo. No puedo ni salir a ver a mis padres, a mis hijos ni a mis nietos. Menos, a hacer deporte.

Confinada en mi espacio me imagino a todos los que están encerrados en lugares más pequeños, más incómodos y con menos holgura que el mío en una de las 14 comunas con cuarentena. Pienso en el terror que sienten de no poder salir a la calle a trabajar y no ganarse la vida en forma independiente, como lo hace casi el 30% de los que trabajan sin contrato en Chile. Y me compadezco de las largas filas en las sucursales de la Administradora de Fondos de Cesantía de aquellos con contrato que fueron suspendidos o perdieron sus trabajos estos días. Por eso me golpea como una cachetada la creatividad de los políticos en el Congreso y las alcaldías para cortarle los ingresos al fisco y al mismo tiempo, multiplicarle los gastos. Las dos demandas a la vez son incompatibles, pero aún así se las dan de expertos.

Nadie sabe qué va a pasar a nivel global. Sólo vemos una parte del cuadro y estamos obligados a confiar en nuestras autoridades sanitarias. Por eso veo con pena cómo esta pandemia se ha convertido en una nueva arma para los que quisieron derrocar al gobierno de la mano de la “protesta social” llamando a paros nacionales indefinidos. Izkia Siches, presidenta del Colegio Médico, por ejemplo, oscila entre aprovechar la oportunidad y la de pensar en Chile. Esta ex PC y actual simpatizante del Frente Amplio llamó a participar en la marcha masiva feminista del 8 de marzo, cuando ya habían contagiados con el Covid 19 y  solo 3 días antes que la OMS declarara la pandemia mundial. Apenas doce días después, sin embargo, la dirigente gremial estaba acusando al gobierno de fracasar en la estrategia para enfrentar la crisis y de falta de transparencia con los datos. Minando la autoridad sanitaria, urgió a declarar la “cuarentena nacional”, aunque eso sepulte los trabajos y siembre el hambre. Se sentó finalmente en la “mesa social Covid 19”, pero a poco andar volvió a la embestida y acusó que era una instancia “cosmética”.

Yo me tomo en serio el enclaustramiento porque creo que es lo mejor que puedo hacer por mi país en este momento. Es harto poco, pero confío en las autoridades. Ojalá los que están considerando la pandemia una oportunidad no se ensañen exageradamente con un gustito del Presidente de tomarse una foto en la Plaza Italia, quien hasta días atrás miraba impotente cómo ese espacio público se lo habían adueñado los ultristas. Difícilmente esa foto determinará su modo de gestionar la crisis sanitaria y económica que enfrentamos. Y lo demás es hojarasca, como decía el ex presidente Ricardo Lagos.

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