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Publicado el 09 de septiembre, 2019

Pilar Molina: Xu Bu, el espejo de la China Imperial

Periodista Pilar Molina

La rudeza del diplomático asiático, instando al diputado UDI a “trabajar más por el pueblo de su distrito”, no es más que una muestra de su poder dentro de una nación que le disputa el protagonismo mundial en los negocios, las comunicaciones y el transporte a Estados Unidos.

Pilar Molina Periodista
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Sigue sorprendiendo el embajador de China Xu Bu en nuestro país. Ya no sólo interviene en los negocios del litio o la licitación de hospitales. Su activismo ha ido en ascenso. De su mano en las negociaciones por la venta del 24% de SQM a la minera china Tianqi, en 2018, pasamos a los insultos al  Canciller de Estados Unidos, Mike Pompeo, cuando, de visita en Santiago, advirtió contra el predominio chino, a través de Huawei, en las comunicaciones y las nuevas redes G5.

En mayo, Xu Bu expresó directamente al diputado Matías Walker su molestia por el proyecto de acuerdo que presentó la DC condenando la violación de los derechos humanos en China. El embajador defendió el modelo propio de la República Popular para llevar su país al desarrollo con una población con 1,4 mil millones de habitantes y consideró que las críticas eran “interferir en los asuntos internos de mi país”.

Pero el protagonismo del diplomático ha continuado escalando y acusó duramente al diputado UDI Jame Bellolio por haberse reunido con el joven de 22 años, Joshua Wong, que lidera las protestas de Hong Kong contra China. La movilización partió hace 13 semanas para atajar un proyecto de ley que permitiría extraditar a los isleños al continente para ser juzgados y ahora suma otras cuatro demandas que claman salir de la asfixia política en que Beijing tiene a este territorio desde que el Reino Unido negoció en 1997 su devolución. Entonces se aseguraron condiciones democráticas en la isla que debieran permanecer hasta 2047.

El tema es tan complejo que eso explica que un Gabriel Boric del Frente Amplio apoyara al diputado UDI, tildando las declaraciones del diplomático de “injerencistas”.

La rudeza del diplomático asiático, instando al diputado UDI a “trabajar más por el pueblo de su distrito”, no es más que una muestra de su poder dentro de una nación que le disputa el protagonismo mundial en los negocios, las comunicaciones y el transporte a Estados Unidos. Acompañó al Presidente Piñera a su reciente gira por China y el mandatario confía en que Xi Jinping vendrá a mediados de noviembre al plenario de la Apec en Santiago. El embajador tiene contacto con todos los ex presidentes de Chile y levantando el teléfono puede mover su influencia a cualquier ámbito.

China es la principal fuente de importaciones de Chile y el destino prioritario de nuestros embarques.

Cómo no, si el país asiático se ha convertido en nuestro principal socio, que el año pasado se expresó en un intercambio de 42,8 mil millones de dólares. Es la principal fuente de importaciones de Chile y el destino prioritario de nuestros embarques. Y hay una ofensiva de inversiones en obras públicas, comercio, educación, ciencia y tecnología que dificultan a La Moneda criticar al diplomático, obligando al Canciller Teodoro Ribera a matizar. O a equilibrar el derecho a la libertad de expresión del parlamentario UDI con el del embajador y garantizando que ni el diputado ni Chile están poniendo en duda la unidad territorial de la República Popular sobre Hong Kong y Taiwán. El representante de Beijing había acusado a Bellolio de estar minando esa integridad al reunirse y describir a Joshua Won como a un “luchador democrático” -que el diplomático calificó de  “matón social” y  luego de “radical violento” en respuestas sucesivas de cartas a El Mercurio-.

El intercambio epistolar deja en evidencia que los Estados tienen principalmente intereses en política exterior. Mal que mal, cumplimos 50 años de relaciones diplomáticas, que van más allá de los principios que juramos abrazar. China reconoció el régimen de Augusto Pinochet sin remilgos, aunque era intrínsicamente anticomunista, y los dos mandatarios socialistas chilenos (Lagos y Bachelet) no hicieron tampoco cuestión con los derechos humanos en esa nación asiática. Sebastián Piñera, en cambio, fue cuestionado en abril por la postura del gobierno frente las violaciones a los derechos humanos de Beijing y su frase, “cada uno tiene el sistema político que quiera”, sólo corroboró la continuidad de esa política cínica de intereses mutuos que hace vista gorda de lo que no quiere ver. El tema es tan complejo que eso explica que un Gabriel Boric del Frente Amplio apoyara al diputado UDI, tildando las declaraciones del diplomático de “injerencistas”. Y, en contraste, que no hubiera respaldo ni de la derecha en la comisión de RR.EE. de la Cámara para una nota de protesta que condenara la actitud del embajador.

En lo que sí coincidirían probablemente todos los parlamentarios del arco ideológico es en no cambiar el sistema chileno por el de Beijing, con esa mezcla de autoritarismo político con partido único y capitalismo dirigido, en lo económico. Ni aunque, como dijo Xu Bu, “bajo el liderazgo del gobierno de China, 800 millones de personas salieron de la pobreza para disfrutar de una vida rica, con democracia y libertad». Es que parece que la de acá, además de diferente, es más libre.

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