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Publicado el 27 de mayo, 2019

Pilar Molina: Urgente retomar el rumbo

Periodista Pilar Molina

La Moneda parece haber caído en el juego de la oposición. Se metió en su arena a responder y a dar golpes, y sólo puede perder (…) El Presidente sabe cuáles son las prioridades de la gente y tiene responsabilidad en hacer aprobar sus reformas. No lo exime de su deber culpar a la mala onda de la oposición.

Pilar Molina Periodista
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La Moneda parece haber caído en el juego de la oposición. Se metió en su arena a responder y a dar golpes, y sólo puede perder, porque la izquierda no está en el gobierno, no tiene que dar cuenta de sus realizaciones, pero Sebastián Piñera sí, y le queda menos de un año antes de enfrentar una secuencia de elecciones.

La ex Concertación o ex Nueva Mayoría podrá ser mal evaluada por la opinión pública y perder las próximas presidenciales, pero dejará a esta administración complicada si logra su objetivo: no aprobarle ninguna reforma estructural (o aguárselas) y mantener al Ejecutivo en el cuadrilátero de la denuncia, el chismorreo, la cachetada y la patada.

Esta semana pareció revivir la oposición, además, con el elixir del escuálido crecimiento de la economía del primer trimestre (en el rango de lo que fue la expansión durante el mandato de Bachelet) y con el fuerte deterioro del frente externo por la guerra comercial de Estados Unidos contra China. Personeros de izquierda se apuraron a “empatar” con el comportamiento de la economía en el segundo período de Bachelet, símil del todo injusto porque no hubo entonces ninguna crisis internacional comparable con la actual guerra  entre los dos principales socios comerciales de Chile.

Claro que duele cuando los políticos acusan a los hijos. Todavía retumba la advertencia de Michelle Bachelet: “dejen a mis hijas tranquilas”, a propósito de las acusaciones en la compra de terrenos cercanos a la mina Dominga, proyecto que ella misma se encargó después de impedir que obtuviera  el permiso ambiental.

Sebastián Piñera habló de “maldad”, esta semana, para referirse a la injusticia de la acusación a sus hijos por no haber pagado el pasaje en el avión de la Fach a China y haber tenido un privilegio reuniéndose con empresarios chinos.

El problema es que los golpes que van y vienen tienen al Presidente y a los ministros dando explicaciones y recordando que todos los mandatarios anteriores viajaron con sus hijos financiados por el Estado en sus estadías. Francisco Vidal, como vocero, incluso perdió la paciencia con la prensa por estar cuestionando que la mandataria socialista fuera en visita oficial a China acompañada de su hija Francisca.

Es cierto que los tiempos estaban cambiando. El diputado José Antonio Kast cuestionó el carácter oficial del viaje de 24 horas de Bachelet a ver la Selección en las eliminatorias del Mundial en Sao Paulo en octubre de 2017.

A pesar del alto costo del avión de la Fach por hora (4 millones entonces) y de los hoteles de la comitiva, la Contraloría ratificó que no se trató de un viaje turístico gracias a un par de entrevistas que sostuvo Bachelet y mencionó ese dictamen para ahora descartar faltas a las probidad en la incorporación de los hijos de Piñera al periplo oficial a China y Corea. Añadió que sólo ahora existe un protocolo para familiares y comitiva en las giras internacionales, el que dictó este gobierno.

Lo que tiene que entender el Ejecutivo es que en esta guerra de cuestionamientos y réplicas sólo tiene que perder. Porque aunque la oposición pueda tener razón al objetar el privilegio que tuvieron los Piñera Morel, los argumentos se extreman, y terminamos viendo a la vocera diferenciando esa situación de la de Sebastián Dávalos, que enfrentó un cuestionamiento penal, no ético.

En lo que hay que reconocerle éxito a la oposición es que logra descalibrar al Presidente, que busca amainar los malos vientos con vendavales de medidas. Esta semana fue el anuncio del Plan Clase Media Protegida, pero además adelantó una serie de reformas institucionales complejas (el cambio del período presidencial o la reducción del número de parlamentarios, entre otras), mientras las reformas indispensables y que le darán alguna trascendencia están a la espera en el Congreso.

Ojalá que el 1º de junio no caiga con otra batería de anuncios, porque más que una medida que oscurece las anteriores, la tormenta perfecta sería que la economía crezca tan pobremente como durante el gobierno anterior (inferior al 2% promedio anual) y La Moneda no apruebe ninguna de las reformas que buscan corregir  las que hizo Bachelet en materia tributaria y laboral o que son indispensables de abordar (la de pensiones y salud).

El Presidente sabe cuáles son las prioridades de la gente y también tiene responsabilidad en hacer aprobar sus reformas. No lo exime de su deber culpar a la mala onda de la oposición.

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