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Publicado el 30 de diciembre, 2019

Pilar Molina: Si no es la izquierda, nadie más

Periodista Pilar Molina

Nadie de este sector ha emergido como líder para cosechar la crisis y, por el contrario, sobresale una cabeza en el oficialismo que podría marginarlos del poder otra vez (Joaquín Lavín). Por eso la instrucción ahora, que ha explicitado sin tapujos el PC, es botar al Presidente, y cada vez se ven más entusiastas en el PS y los otros partidos opositores por sumarse a la tarea con total indiferencia al profundo significado antidemocrático que sería lograrlo.

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La lección está clara y día que transcurre, se graba más a fuego. O gobierna la izquierda o no hay gobernabilidad posible para Chile. O está ella en el poder, tomando las decisiones fundamentales, dirigiendo las políticas públicas, usufructuando de los cargos para los afines dedicados a la política y los parientes sin trabajo, o el país no tiene proyección.  Es la campaña que intentó hacer Alejandro Guillier cuando compitió por la banda presidencial en 2017. Era la misma amenaza: que ellos contenían los movimientos sociales, que ellos podían dar gobernabilidad y paz, que la derecha no la garantizaba, en cambio, que era una apuesta de desorden y caos. La ciudadanía no le creyó a la ex Nueva Mayoría y perdió Guillier y todos los otros candidatos de izquierda que pregonaban asamblea constituyente y una nueva Constitución.

La situación ahora es distinta a lo que ocurrió en la pasada administración de Sebastián Piñera, que fue la primera vez, tras 20 años en el poder, que la izquierda no triunfaba en las presidenciales. Hubo intentos claros de usar los movimientos sociales con estudiantes en 2011 y los regionales de Aysén y otros para amenazar al régimen, pero no hubo un afán de impedirle al Presidente terminar su periodo. Ahora sí, en cambio, porque hay una diferencia clara con su anterior mandato. Entonces, la oposición (más o menos la misma que la actual con otros nombres algunos), tenía una carta segura para recuperar el poder en la presidencial siguiente. Y tocarían esa tecla, tal como ocurrió, si no surgía ningún liderazgo alternativo al de Michelle Bachelet.

Hoy no hay una carta ganadora en la izquierda. Nadie de este grupo ha emergido como líder para cosechar la crisis y, por el contrario, sobresale una cabeza en el oficialismo que podría marginarlos del poder por ocho largos años (Joaquín Lavín). Por eso la instrucción ahora, que ha explicitado sin tapujos el PC, es botar al Presidente, y cada vez se ven más entusiastas en el PS y los otros partidos opositores por sumarse a la tarea con total indiferencia al profundo significado antidemocrático que sería lograrlo. No sólo se iría Piñera al despeñadero, sino que la largamente conquistada democracia, que de repente perdió toda valoración para los que no aceptan la alternancia en el poder.

Eso es lo que explica que la oposición ni siquiera disfrute su éxito e insista en una derrota total de su adversario en La Moneda. Por eso se niega a asistir a la ceremonia en que el Presidente le da el puntapié a la ley que marca el inicio del camino a una asamblea constituyente si el plebiscito arroja el deseo mayoritario de una nueva Carta Fundamental. Así se entiende que los acuerdos sean para sacarle el máximo de concesiones al actual gobernante, con alguna posibilidad de lucimiento propio, y que luego se vuelva atrás, a lo que se descartó para llegar a lo pactado, exigiéndolo de nuevo y más.

Así se comprenden también las palabras del presidente del PPD, Heraldo Muñoz: “Si se llegara a frustrar una nueva Constitución, evidente que la movilización que ha ocurrido se incrementaría y no tendríamos la paz social que todo el mundo anhela”. El ex Canciller acusó que bots “distorsionan” sus dichos “sobre eventualidad triunfe rechazo a nueva Constitución”, pero lo dijo clarito y no es el único que lo sostiene. Es cuestión de mirar 5 minutos las redes sociales y leer las amenazas de incendiar Chile de Arica a Punta Arenas si no gana el “sí” a una nueva carta fundamental.

Son muchos los que están advirtiendo que en marzo vuelven las hostilidades. Lo hace Francisco Vidal, si el gobierno no abre las compuertas de par en par a un gasto social sin financiamiento. También lo anuncian las feministas y el presidente del Colegio de Profesores guían a las calles y no a las aulas.

Y súmese también, para hacer más venenoso el caldo, que de regreso de vacaciones la situación estará empezando a ponerse al rojo por el deterioro económico que para las personas se traduce en menos empleos, sueldos que no suben, precios al alza por la inflación. En suma… angustia.

Los dedos opositores acusarán al gobierno de no meterse la mano al bolsillo (como si no lo hicieran todos los irresponsables que reinan en la región) y a los empresarios. Los tildarán de traidores y empuñarán como armas justicieras más impuestos para los súper ricos. Como saben que eso no mejora los resultados, vendrá un nuevo empujoncito al abismo con más movilizaciones, más funas a las autoridades, más acusaciones constitucionales.

Y más violencia que, por supuesto, nadie avala.

Así como van las cosas, la pesadilla recién comienza. Si este año fue malo, el próximo puede ser peor para todos y no es casualidad. El objetivo está claro.

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