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Publicado el 21 de octubre, 2019

Pilar Molina: Nunca visto

Periodista Pilar Molina

El día de ayer el Gobierno se vio acorralado, perplejo, sin respuesta a la peor crisis que hemos vivido desde 1990. El estado de emergencia y el toque de queda, desafiados. Los militares, insultados por diputados. Inédito. Ojalá la izquierda deje de pensar que podrá cosechar de la violencia y el caos que amenaza con convertirse en un hoyo negro que devora todo. De lo que se trata es ver cómo se restablece el orden.

Pilar Molina Periodista
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Lo que vimos esta semana, no lo vimos jamás antes. Los estudiantes del Instituto Nacional, no satisfechos con la destrucción de su emblemático liceo que se vacía de jóvenes que quieren ser reconocidos en su esfuerzo, encontraron por fin la mecha para llegar a la pólvora y gustosos se sumaron todos aquellos que creen que hay que destruir el actual modelo económico, al que culpan de las expectativas que no se condicen con la realidad del país.

De los institutanos surgió la idea de asaltar el Metro con la disculpa del alza en 30 pesos de la tarifa alta (aunque no para los jóvenes ni los adultos mayores, y acompañada la medida de una rebaja de la tarifa baja). Bautizaron la genial acción con el #evasiónmasiva que prendió como bencina. Se incorporaron otros jóvenes de colegios públicos, luego adultos y el jueves ya estaba buena parte de la oposición sumada.

Habían encontrado por fin el percutor para movilizar protestas masivas de descontento (razones sobran), lo que no lograron antes con la marcha contra las AFP ni con el tema feminista, y que confiaban lograrían con el problema del calentamiento global cuando se realice la COP 25 en Santiago.

Por supuesto, “nadie apoya la violencia”, pero la ultra izquierda, incluyendo al Partido Socialista, pastorearon el descontento y le quitaron la espoleta a la granada con frases como que no se trata de un problema de seguridad, “¿no ven la desesperación de una familia que gana el salario mínimo y que gasta $33.550 al mes para ir al trabajo?” (Beatriz Sánchez). O “la evasión masiva no se soluciona reprimiendo, sino enfrentando el problema de fondo, el alto costo de la vida, bajos salarios… y la desigualdad” (Gabriel Boric). O defendiendo las “acciones legítimas de desobediencia civil” (Partido Comunista).

Lo que vino después fue mucho peor que todo lo proyectado, con saqueos masivos, incendios y destrucción que no respetaron el estado de emergencia ni el toque de queda el sábado y estas medidas tuvieron que replicarse en las regiones, contagiadas comuna por comuna por la violencia rapaz.

Ayer, domingo, la izquierda seguía condicionando el diálogo a que el gobierno levante el estado de emergencia, mientras los ciudadanos clamaban por mayor protección frente a los asaltos de tiendas y supermercados. Hasta ferias libres fueron a robar grupos en camionetas y camiones. Y mientras nada parecía salvarse de la plaga de langostas, el Presidente da una conferencia en La Moneda con los otros dos poderes del Estado procurando demostrar unidad para enfrentar la entropía. Da explicaciones por aplicar la ley de seguridad interior del Estado, pero no explica por qué la policía y los uniformados no logran reimponer el Estado de Derecho y omite enunciar cómo logrará reimponer el orden en la calle.

Después el general a cargo de la plaza anunció un toque más temprano (también lo hicieron en regiones) y los ministros sectoriales dieron una conferencia donde anunciaron medidas para “normalizar” la vida ciudadana a partir de hoy lunes.  Afuera de La Moneda continuaba la violencia y el temor reinando en las ciudades, las calles y los hogares.  Pero los ministros hablaban de restablecer el transporte, continuar con las clases y flexibilizar el horario de trabajo. Sólo la intendenta hizo un llamado a deponer la violencia, asegurando que el gobierno había escuchado el mensaje.

Pareciera que el mensaje que escuchó el Presidente anuló su capacidad de reacción. Francamente, el día de ayer el Gobierno se vio acorralado, perplejo, sin respuesta a la peor crisis que hemos vivido desde 1990. Nunca visto, tampoco el desafío impune al estado de emergencia y al toque de queda por segundo día. Ver a diputados insultando a los militares y grupos pateando las tanquetas es inédito.

Ojalá la izquierda deje de pensar que podrá cosechar de la violencia y el caos que amenaza con convertirse en un hoyo negro que devora todo. De lo que se trata es ver cómo se restablece el orden. Eso antes que todo lo demás. Son los más vulnerables los que más requieren la protección de la ley porque son las primeras víctimas del vandalismo y eso significa restablecer el Estado de Derecho.

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